La fruta ¿con piel o sin piel?

Ya sabemos que comer fruta es saludable. Cualquiera y a cualquier hora. Pero ¿cómo deberíamos consumirla? ¿Con piel o sin piel? Por una parte, se dice que en la piel hay nutrientes interesantes, pero por otra parte también se dice que puede tener pesticidas, así que ¿cuál es la mejor opción?

La fruta está llena de ventajas. No necesita envase, podemos llevarla a cualquier parte, tiene un precio asequible, está muy rica, hay una enorme variedad para elegir y, por si fuera poco, es saludable. A pesar de todo ello, todavía nos encontramos con algunas reticencias a la hora de comerla. Por ejemplo, se suele decir que no es bueno consumirla después de las comidas o a partir de cierta hora, pero son rumores que no tienen fundamento.

Comiendo fruta con piel
Foto: Istock

Otra de las cuestiones que suele plantear muchas dudas es la forma de consumo. Por un lado, se dice que deberíamos comer la fruta con piel, porque es ahí donde se encuentra la mayor parte de nutrientes. Pero por otro lado también se dice que deberíamos pelarla antes de comerla porque la piel está llena de pesticidas que pueden ser peligrosos para la salud. Así que, ¿qué se supone que deberíamos hacer?

¿La piel de la fruta está llena de pesticidas?

Es cierto que en la producción de frutas se utilizan pesticidas habitualmente. Estas sustancias, que en realidad se llaman fitosanitarios, se emplean sobre todo para evitar el desarrollo de organismos que pueden dañar las plantas y los frutos, e incluso acabar con las cosechas; por ejemplo, hongos, bacterias, insectos, virus, etc.

Ahora bien, en caso de utilizarse debe respetarse un tiempo de espera antes de la recolección para que no estén presentes en la fruta. Además, muchas de las frutas que comemos se someten a procesos después de la cosecha que, entre otras cosas, tienen como fin la eliminación de sustancias indeseables de la superficie; no solo posibles restos de productos fitosanitarios, sino también restos de tierra, heces de pájaros, etc. Para ello se cepillan y se sumergen en agua clorada.

Además, la legislación establece unos límites máximos de residuos para los productos fitosanitarios, de manera que, si estos se exceden, las frutas no se pueden comercializar. Para comprobar si esto se cumple, se realizan análisis de forma rutinaria, que son recopilados cada año en un informe elaborado por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.

En el último, publicado este año 2022, con datos correspondientes al año 2020, se indica que el 95% de las muestras analizadas en toda la Unión Europea cumple con esos límites, así que se consideran seguras.

Entonces, ¿podemos comer la fruta con piel?

Si nos gusta la fruta con piel, podemos comerla sin problema. Eso sí, debemos tener en cuenta algunas cosas.

La superficie de la fruta puede estar sucia (por ejemplo, puede tener bacterias patógenas), así que conviene lavarla antes de comerla. Para hacerlo es suficiente con frotar bien bajo el grifo (podemos utilizar un cepillo para facilitar la tarea).

Fruta con o sin piel
Foto: Istock

Esto es especialmente importante en personas que son especialmente susceptibles a los patógenos, como mujeres embarazadas o personas inmunodeprimidas. En estos casos se recomienda, además, desinfectar las frutas, en caso de que se vayan a comer con piel. Para ello se pueden utilizar productos específicos para ese fin (soluciones cloradas que se venden en muchas fruterías), o bien se puede emplear simplemente lejía apta para uso alimentario (siguiendo detenidamente las recomendaciones de la etiqueta).

En caso de que vayamos a pelar la fruta porque no la queremos comer con piel, también se recomienda lavarla, porque de lo contrario podríamos contaminar el interior con la suciedad de la superficie.

De todo esto que acabamos de comentar podemos deducir que no es buena idea comer una manzana directamente del árbol, porque es posible que se acaben de aplicar productos fitosanitarios y además puede haber patógenos en la superficie.

¿La piel de la fruta está llena de nutrientes?

Es cierto que en la piel de muchas frutas hay una alta concentración de nutrientes interesantes, en relación con el peso y el espacio que ocupa con respecto a la pulpa. Es decir, en 10 gramos de piel de uvas hay más antioxidantes que en 10 gramos de pulpa de uvas, aunque lógicamente la piel ocupa menos peso y menos espacio que la pulpa en cada uno de los frutos. Hablamos por ejemplo de fibra, antioxidantes, vitaminas, minerales, etc.

Desde este punto de vista, es buena idea comer la fruta con piel… siempre que esta sea comestible, claro. Si hablamos de sandías, melones, naranjas o plátanos, por ejemplo, no es buena idea comerse la piel. No solo porque resulta desagradable, sino porque además no está pensada para ese fin, así que puede contener suciedad o incluso productos cuyo consumo no es recomendable (por ejemplo, la superficie de los cítricos suele tratarse con sustancias para evitar que crezcan mohos).

¿Qué hacemos entonces?

En cualquier caso, no deberíamos complicarnos la vida pensando en nutrientes, ni tampoco sufrir pensando en pesticidas. La solución es simple: la fruta es saludable. Si nos gusta y queremos comerla podemos hacerlo con piel, si es lo que queremos, eso sí, primero hay que lavarla o desinfectarla. Y si no nos gusta con piel, podemos pelarla y ya está.

Miguel Ángel Lurueña

Miguel Ángel Lurueña

Soy Doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos e Ingeniero Técnico Agrícola (Esp. Industrias Agrarias y Alimentarias) y me dedico a la divulgación científica en materia de alimentos desde hace más de 10 años. Soy autor de la web Gominolas de petróleo y del libro ‘Que no te líen con la comida’ (Ed. Destino, 2021). Colaboro habitualmente con diferentes medios de comunicación, como El País, Radio Nacional de España, Maldita.es o Consumer e imparto formación en diferentes organismos (p.ej. Universidad de Oviedo). Antes de todo eso, trabajé en la Universidad de Salamanca como profesor, donde realicé diferentes proyectos de investigación que me permitieron publicar varios artículos en revistas científicas. Después trabajé como autor de materiales docentes para diferentes organismos (p.ej. Ministerio de Educación) y como consultor independiente para industrias alimentarias.

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