La OCU pide eliminar un aditivo alimentario muy común en golosinas y dulces

Considerado como no seguro, se trataría de un aditivo alimentario muy habitual en alimentos comúnmente consumidos por niños, como es el caso de dulces, chucherías y chicles.

E171
Foto: Istock

Un aditivo alimentario es una sustancia que se añade a un determinado alimento con la finalidad de modificar distintos aspectos o características del mismo, desde su color a su textura, pasando por su sabor o, simplemente, alargar y ampliar su vida útil (es decir, su período óptimo de consumo).

Los principales aditivos los encontramos en categorías típicas conocidas como espesantes, edulcorantes, tintes, conservantes, antioxidantes, emulsionantes, agentes gelificantes y potenciadores del sabor, sobre todo.

Y su uso responde principalmente a las necesidades de la industria alimentaria, ya que permiten conservar los alimentos durante un período de tiempo suficientemente largo, ayudan a que su textura y sabor sean mucho más agradables, pueden hacer que sean más atractivos (colorantes) o proporcionan un sabor dulce sin utilizar azúcar “calórico” (como por ejemplo es el caso de los edulcorantes).

Así, el reglamento europeo sobre el uso de aditivos proporciona algunos “principios básicos” con respecto a su uso. Por ejemplo, se permite el uso de un determinado aditivo alimentario cuando no plantee un problema para la salud del consumidor, sea suficientemente necesario y, además, su utilización no induzca a error al consumidor. Además, el uso de esos aditivos pueden ser de interés para el consumidor.

Actualmente, existen un total de 338 aditivos autorizados en alimentos en Europa. Mientras que los alimentos orgánicos están sujetos a una normativa más estricta, dado que únicamente se autorizan 47 aditivos.

Entre ellos nos encontramos con el E-171, también conocido como dióxido de titanio, un agente colorante blanco que, como ha alertado recientemente la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), representaría un peligro para la salud al no poderse asegurar que genere genotoxicidad.

¿Qué es el aditivo E-171 y para qué se utiliza en la industria alimentaria?

El dióxido de titanio, o E-171, consiste en un compuesto de oxígeno y titanio que encontramos de forma natural como mineral de ilmenita y en rutilo, un mineral que forma cristales de color rojo oscuro. Se obtiene industrialmente de forma pura mediante un proceso químico. De hecho, es muy apreciado por su color, un blanco intenso, motivo por el cual es comúnmente utilizado como blanqueante alimentario.

De acuerdo a la OCU, el E-171 sería un aditivo que representa un riesgo serio en su ingesta, una afirmación llevada a cabo después de comprobar los análisis realizados por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que lo ha catalogado finalmente como un aditivo alimentario “no seguro”.

E171 aditivo alimentario
Foto: Istock

De hecho, en el mes de enero de 2020, este aditivo fue prohibido en Francia, de manera que la organización pide a los consumidores no comer cualquier producto alimentario que lleve este aditivo entre sus ingredientes, mientras las autoridades españolas pertinentes no prohíban su uso e inclusión en los mismos.

Es muy común encontrarlo en chucherías y dulces, además de otros productos alimentarios, donde este aditivo es habitualmente utilizado para recubrir. Si tenemos en cuenta que la mayoría de alimentos y productos donde es utilizado se destina hacia el público más joven (principalmente niños y adolescentes), se trata de un público muchísimo más vulnerable a sus supuestos efectos.

Pero, además de encontrarlo en golosinas (principalmente en chicles), también es habitual que esté presente en otro tipo de preparaciones alimentarias, como comidas preparadas o salsas.

¿Por qué puede suponer un problema para la salud?

De acuerdo a los estudios que existen hasta el momento, cuando se consume dióxido de titanio o E-171, una pequeña parte es absorbida por el intestino, hasta llegar a acumularse en distintos órganos, pudiendo afectar y dañar negativamente al ADN, causando genotoxicidad.

También se ha encontrado una alteración de la respuesta inmune en los intestinos, así como el desarrollo de una inflamación leve en el colon, consistente en un conjunto de reacciones en respuesta a un ataque.

Otras investigaciones, esta vez llevadas a cabo por el Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas de Francia (INRA), existiría también un vínculo entre el E-171 y el desarrollo de anomalías precancerosas en ratas, debido a que las nanopartículas de titanio presentes en el polvo blanco pueden penetrar fácilmente en el cuerpo.

Según otro estudio, los niños menores de 6 años de edad tienden a consumir un promedio de 9 miligramos de E-171 por kilogramo por día, en comparación con la cantidad que consumiría un adulto, que apenas llega al miligramo. 

Y, como coinciden en señalar los expertos, los niños son los mayores consumidores de dulces y golosinas, donde, de hecho, este aditivo es muy utilizado. De ahí que sea fundamental revisar bien la etiqueta de ingredientes del alimento que se vaya a comprar o a consumir, y desechar todos aquellos que contengan este aditivo.

Christian Pérez

Christian Pérez

Editor de Gaia Media Magazines y creador de revistas como Natursan, Vegveggies o Saludablementebien. Creador de contenidos especializado en nutrición, lifestyle y salud. Y lo más importante: Papá de 2 niñas

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