Lo que debes saber sobre las semillas comestibles

A algunas variedades se les han atribuido beneficios muy importantes, pero, como siempre, en el plano de la nutrición, es esencial tener todo los datos posibles antes de rendirse a las novedades 'saludables'.

Semillas comestibles
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  • Autora: Carmen López

Lácteos reforzados con chía y avena, panes con semillas de amapola, galletas de lino y sésamo. De pronto, los nombres de esas semillas aparecieron en los estantes de los supermercados y se hicieron conocidos más allá de las tiendas especializadas en productos naturales. 

Sus supuestos beneficios se predicaron por todas las vías de comunicación posibles -algo bastante beneficios para el mercado- y los gurús de la alimentación saludable las incluyeron dentro de su religión. Pero hay muchas cosas que saber sobre estos alimentos para ponderar su aportación a la salud en su justa medida.

¿Qué y cuáles son?

Para dar respuesta a las dudas sobre alimentación, es esencial hablar con un profesional. Cristina Colina Valdos, dietista nutricionista, nos recuerda que "las semillas son el grano contenido en el interior del fruto de una plata. Si se dan las condiciones adecuadas, germina y da origen a una nueva planta de la misma especie". El ser humano puede consumirlas antes de que se dé ese proceso. Se dividen en 3 tipos:

  • Leguminosas: se extraen de la vaina y se comen limpias y secas. Son, por ejemplo, los garbanzos, las lentejas, los guisantes o la soja. 
  • Frutos secos: son el fruto que está dentro de una cáscara y que debe consumirse seco, como indica su nombre, nunca verde. Es recomendable consumirlos a diario, en cantidades razonables y siempre en su versión natural: sin tostar, freír, endulzar o salar.
  • Oleaginosas: de ellas, se puede extraer aceite. Son las pipas de girasol o calabaza, el sésamo, el limo, la amapola, la chía, la canola, el maíz, el cártamo o el ajonjolí.

Según nos cuenta Cristina Colina, "es verdad que, en los últimos años , hemos notado un cierto interés en ciertas semillas que, para muchos, eran totalmente desconocidas. Pero no sirve de nada añadir de manera obsesiva semillas en nuestra alimentación, si esa misma sufre de un desequilibrio. En ese caso, no vamos a obtener ningún beneficio. Por lo cual, por mucho que tomemos semillas o complementos, no va a servir de nada, si nuestra nutrición sigue siendo desequilibrada y rica en alimentos que favorecen la hipertensión, el colesterol o la diabetes. 

pueden ser de más ayuda cuando nos resulta difícil consumir ciertos alimentos, sea por su sabor, costumbres, cultura u otro motivo. O en dietas específicas, como las hipocalóricas, vegetarianas o las de deportistas, ya que permiten enriquecer los platos en energía, proteínas, fibra, minerales, vitaminas y grasas saludables, como son las poliinsaturadas y monoinsaturadas".

¿Las puede consumir todo el mundo?

"Su consumo es adecuado para todo tipo de personas, siempre y cuando no tenga ninguna patología en la que su uso estaría contraindicado. Por ejemplo, el colon irritable, por el hecho de que ciertas semillas contienen fibras insolubles que son irritantes. Por lo demás, no presentan ningún riesgo, aunque debemos recordar que lo esencial es llevar una dieta equilibrada", dice la experta.

Nada nuevo bajo el sol

Aunque su popularidad en Occidente sea relativamente reciente, en otras partes del mundo, se consumen desde épocas inmemoriales. Colina expone que "en México, India o América Central, por ejemplo, existe una gran tradición agrícola de la que se deriva un gran conocimiento de plantas y semillas. Un ejemplo sería la chía, en la época precolombina.

Era uno de los cuatro alimentos básicos de las civilizaciones de América Central junto con el maíz, el amaranto y los porotos. Se usaban para elaborar medicinas y como base de su alimentación y la de los animales. Los mayas hacían ofrendas de estas semillas a los dioses en agradecimiento por las cosechas. Además, las semillas se han usado también como elemento decorativo y ha dado pie a leyendas y fábulas". 

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