Los beneficios de la vitamina K

Los beneficios de la vitamina K se obtienen de los tres tipos existentes de esta vitamina. Ellos son la vitamina K1, K2 y K3.

Los beneficios de la vitamina K se obtienen de los tres tipos existentes de esta vitamina. Ellos son la vitamina K1, K2 y K3.

 

La vitamina K es un tipo de vitamina liposoluble, es decir, que se acumula en tejido adiposo. Las de tipo K1 y K2 son producidas por el organismo en el tracto intestinal y la tercera, la K3, es una vitamina sintética que se utiliza en pacientes con ausencia de bilis, enzima encargada de absorber las vitaminas y, por lo tanto, no son capaces de metabolizarla.

 

Esta vitamina, nos comenta la experta María Cuevas, propietaria del herbolario Naturzen Madrid (calle Ayala, 88), es esencial para la formación de protrombina. Este es un compuesto que participa en la coagulación de la sangre. La vitamina K también es necesaria para almacenar carbohidratos, contribuye en el correcto funcionamiento del hígado y fomenta la vitalidad y longevidad. Por ello, es importante no tener falta de vitamina K. Asímismo, la vitamina K participa en el proceso corporal de la fosforilación, en el cual el fosfato cuando se combina con la glucosa es llevado a través de las membranas celulares y convertido en glicogeno.

Los alimentos que contienen vitamina K son la leche de vaca, yogur, tomates, vegetales y verduras de hojas verdes, yema de huevo, espinaca, coliflor, repollo, lechuga, espárragos, arvejas, aceite de hígado de pescado, repollo, brócoli, repollitos de Bruselas, melaza residual, alfalfa, apio, aceite de cártamo y otros aceites poliinsaturados.

 

La vitamina K es absorbida por la bilis o las sales de la misma en el tracto intestinal, de allí es llevada hasta el hígado, y a su vez se almacenan pequeñas dosis en el cuerpo.

 

Las causas que impiden la absorción de la vitamina K son una falla en el hígado que no le permite producir la bilis y el dicumarol, o que el conducto biliar se encuentre obstruido lo que limita la secreción de las sales. Otros factores externos como la exposición a la radiación y a los rayos X, la polución ambiental provocada por las industrias, las grasas rancias, las aspirinas y la ingesta continua de antibióticos provocan una eliminación de esta vitamina.

Lo más recomendable es consumir entre 300 y 500 microgramos de vitamina K por día, los recién nacidos necesitan de 1 a 5 miligramos diarios para evitar hemorragias. Generalmente antes y después de una cirugía se suministra vitamina K para disminuir las pérdidas de sangre, lo mismo sucede con las mujeres durante el parto para evitar hemorragias.

 

El exceso de esta vitamina provoca una deficiencia en los glóbulos rojos, en los niños puede provocar un daño en las moléculas de hemoglobina y en las mujeres embarazadas el exceso de la vitamina también es tóxico. Por el contrario, los perjuicios más importantes ante una escasa vitamina K serían la hipoprotrombinemia, que se caracteriza por aumento o prolongación indefinida del tiempo de coagulación, hemorragia en cualquier parte del organismo, incluyendo el cerebro, la espina dorsal y el tracto intestinal, abortos y espitaxis (hemorragias nasales) enfermedad celular y diarrea y enfermedad celiaca. Asimismo, los síntomas que presentan las personas intoxicadas con vitamina k son sudoración, sofocones y compresiones en el pecho; la vitamina que es natural y almacenada por el cuerpo no provoca intoxicaciones.

 

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