Los fraudes en la alimentación

El caso de la carne de caballo, el atún teñido para parecer fresco, el aceite de olivan virgen extra que no era extra ... ¿Por qué cada vez salen a la luz más casos de fraude alimentario?

En el año 1981, España sufrió una de las mayores crisis sanitarias que afectó a 20.000 personas: el caso del aceite de colza. El detonante fue el consumo de un aceite vendido en mercados y puestos ambulantes que había sido manipulada con un tóxico conocido como anilina. Todo ello con el fin de dar una mejor apariencia a un aceite no apto para el consumo humano. Este fue uno de los casos más sonados de fraude alimentario en nuestro país, pero no ha sido el único desde entonces.

Actualmente, cuando consumimos un alimento que hemos adquirido en el supermercado tendemos a confiar en que es totalmente seguro. No es para menos, ya que para que un producto llegue a las estanterías de los comercios, los controles sanitarios por los que tiene que pasar son numerosos. Si es así, ¿por qué hay casos de fraude alimentario? ¿Es más frecuente de lo que creemos?

Se entiende como fraude alimentario un acto de engaño en el que, aplicado al ámbito de la alimentación, se ofrece un producto cuyas características no son las descritas al consumidor. Este engaño voluntario se practica con el objetivo de obtener beneficios económicos, pero en la mayoría de los casos se desconoce la magnitud del impacto en la salud que puede ejercer sobre sus consumidores. Muchos episodios de fraude no tienen impacto mediático porque no dañan directamente a la salud (por ejemplo cuando se vende el aceite de oliva virgen extra como tal y en realidad no tiene la categoría de virgen extra), pero otros hacen que se tambalee la credibilidad que tienen los consumidores hacia los procesos que garantizan la seguridad alimentaria.

Los tipos de fraude

El fraude alimentario es un término muy amplio y se distinguen muchas clases de engaños, dependiendo de sus características. Algunos de los más reconocidos son la dilución, la sustitución, el mal etiquetado y el encubrimiento, aunque existen otras muchas clasificaciones.

  • La dilución: consiste en la mezcla de ingredientes líquidos de más valor con otros de menos valor, con el fin de ahorrar dinero.
  • La sustitución: como su propio nombre indica, consiste en reemplazar un ingrediente por otro de menos valor.
  • Mal etiquetado: en la actualidad, este fraude es uno de los más frecuentes. A pesar de que existen numerosos controles legales para que las etiquetas informen correctamente sobre los ingredientes, los fabricantes cuentan con muchas técnicas con las que engañan a los consumidores. En las estanterías de los supermercados hay cientos de productos que no informan correctamente de los ingredientes que contienen.
  • Encubrimiento: este tipo de fraude consiste en esconder el verdadero porcentaje de un ingrediente o un producto. Los ingredientes tienen que ser claros para los consumidores.

El mal etiquetado es una de las técnicas que más se llevan a cabo en la actualidad, llevando a que los consumidores se crean que están ingiriendo algo que en realidad no lo es. Acorde con la legislación, los alimentos tienen que incluir en su etiquetado todos los ingredientes enumerados en orden decreciente según su peso en el momento de preparación.

Uno de los casos más conocidos dentro de esta clasificación es el de la carne de caballo, en el año 2013. Las alarmas saltaron cuando se detectaron trazas de carne de caballo en hamburguesas en Reino Unido e Irlanda que, según el etiquetado, eran de carne de vacuno. Pero este caso no es el único, ya que el 20 % de la miel que podemos encontrar en los supermercados (y etiquetada como tal) está adulterada con azúcar de caña y maíz. Este elixir mágico, alabado por sus supuestas propiedades nutricionales, es el tercer producto más adulterado de todo el mundo.

En el año 2016 el atún fue el foco de fraude por parte de la Comisión Europea ya que se detectó que se estaba vendiendo atún como fresco, cuando no era así. Además, esta pieza de pescado tan cotizada, se adulteraba con colorante para que diera apariencia de más frescura. Aunque no todos los fraudes alcanzan la misma magnitud ni el mismo daño en la salud, todo ellos ponen en peligro el sistema de seguridad alimentaria y tienen una repercusión económica.

¿Qué alimentos tienen más riesgo?

Factores fraude alimentario
Fuente: www.pwc.com

Todos los alimentos y productos pueden formar parte de un fraude alimentario, pero hay algunos que tienen más riesgo que otros. Esto se determina por la naturaleza de su composición, las calidades, el proceso de producción y cadena de suministro, así como su país de origen y cantidad de ingredientes que contenga.

  • Los alimentos líquidos (como el aceite) tienen más riesgo de frade que los sólidos, porque por su estructura son más fáciles de manipular y trabajar.
  • Los productos que tienen más de un ingrediente son un foco de fraude. Es más sencillo, por ejemplo, manipular una hamburguesa envasada que un tomate.
  • Cuanto más largas sean las cadenas de producción mayor riesgo habrá. La razón de este punto es que el producto necesita pasar por más manos y más transacciones para su finalización y puesta en venta.

Por lo tanto, los tres factores que tienen que cumplirse para que haya un fraude son que el alimento reúna las características apropiadas, que haya una motivación de ejercer el fraude y que no haya las suficientes medidas de control del producto.

Los alimentos líquidos, como el aceite, tienen más riesgo que los alimentos sólidos de formar parte de un fraude.

Cómo detecta el engaño

Como consumidores no podemos hacer frente a muchos casos de fraude alimentario, ya que no se sigue de primera mano todo el proceso de recolección y producción. En cambio, si podemos prestar atención a varios factores más obvios, como son las propiedades organolépticas (una buena presencia del alimento y un sabor adecuado), que en el envase aparezca una garantía de controles nacionales o internacionales  y que exista una lista de ingredientes lo más detallada posible.

Ante la preocupación de los consumidos por los continuos casos de fraude, la Comunidad Europea has impulsado la aparición del Centro de Conocimiento sobre el Fraude Alimentario y la Calidad de los Alimentos. Además de las instituciones que velan por nuestra seguridad, estar constantemente informado como ciudadanos sobre los peligros alimentarios y los procesos de producción es una de las herramientas más potentes para proteger nuestra salud frente a posibles fraudes.

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