Los superalimentos no existen

En los últimos años se habla mucho de los superalimentos, pero ¿qué son? ¿Existen realmente? ¿Aportan beneficios para nuestra salud o no sirven para nada? ¿Podrían incluso ser desaconsejables? En este artículo tratamos de responder todas esas preguntas.

Bayas de goji, semillas de chía, kale, kombutcha, kéfir, jengibre, cúrcuma… Son algunos de los alimentos que se han puesto de moda recientemente en nuestro entorno. No son los únicos, ni tampoco los últimos. Casi cada año se populariza algún nuevo alimento del que apenas habíamos oído hablar y sobre el que comienzan a contarse maravillas: que si refuerza el sistema inmunitario, que si tiene propiedades antioxidantes, que si tiene propiedades anticancerígenas… Es lo que se conoce habitualmente con el nombre de “superalimentos”.

¿Qué es un superalimento?

Superalimentos
Foto: Istock

No existe ninguna definición formal que describa lo que es un “superalimento”. De hecho, es un término que no se utiliza en el ámbito científico ni académico, sino que es más bien una palabra coloquial que se emplea sobre todo en el ámbito de la publicidad o la comunicación.

Normalmente se utiliza para referirse a alimentos que son ricos en nutrientes (por ejemplo, vitaminas, antioxidantes, compuestos fitoquímicos, etc.) y a los que se les atribuyen propiedades beneficiosas para la salud.

Además, es habitual que muchos de ellos provengan de tierras lejanas, ya que este concepto suele asociarse con alimentos exóticos. Aunque esto no siempre es así; por ejemplo, en ese grupo también se suelen incluir alimentos que conocemos bien en nuestro entorno, como la granada o los arándanos.

¿Qué tienen de malo los superalimentos?

Por lo general se trata de alimentos saludables que además aportan buenos nutrientes. Es decir, en principio, no tienen nada de malo. El problema no está en los alimentos en sí, sino en la promoción que se hace de ellos y el modo en que los percibimos y consumimos.

Los supuestos beneficios de los superalimentos

La mayoría de los efectos beneficiosos que se suelen atribuir a estos alimentos no tiene suficiente respaldo científico. Es cierto que una dieta basada en alimentos saludables, entre los que se pueden incluir muchos de estos, puede prevenir enfermedades, pero los alimentos no curan.

Es importante tenerlo presente porque en situaciones de desesperación (en caso de enfermedades graves) podemos llegar a caer en el error de abandonar tratamientos médicos pensando que una dieta a base de “superalimentos” va a resultar efectiva, cuando en realidad no es así.

Los superalimentos como talismanes

Como a menudo nos hacen pensar que estos alimentos tienen “superpoderes”, a veces los usamos como si fueran talismanes para tratar de compensar nuestros malos hábitos. Por ejemplo, si consideramos que nos hemos pasado bebiendo alcohol, al día siguiente nos hacemos un batido con superalimentos pensando que así nos depuraremos. Pero la cosa no funciona así. No hay alimentos que funcionen como “antídoto” o “talismán”.

Caer en el error de pensar que sí existen puede perpetuar esos malos hábitos o incluso agravarlos (por ejemplo, podemos pensar que no pasa nada por comer tres donuts porque a continuación lo vamos “a compensar” con unas bayas de goji).

¿Los superalimentos adelgazan?

Comiendo superalimentos
Foto: Istock

Muchos de estos alimentos suelen incluirse en dietas de adelgazamiento de dudosa o nula efectividad, especialmente en las que se conocen como “dietas milagro”. Sin embargo, ningún alimento por sí solo va a lograr que perdamos peso de forma milagrosa. Obviamente si nos alimentamos en exclusiva a base de kale o chía adelgazaremos, pero no porque esos alimentos tengan propiedades adelgazantes, sino por la estricta restricción calórica a la que nos sometemos. Ahora bien, eso no es saludable y tampoco es sostenible a lo largo del tiempo. Se trata de adquirir hábitos saludables que se adapten a nuestros gustos y nuestras necesidades para mantenerlos de forma continua.

Nutricionismo

El discurso que se suele hacer cuando se promocionan los superalimentos se apoya normalmente en lo que se conoce como nutricionismo: se centra la atención en los nutrientes de forma aislada en lugar de hacerlo sobre el conjunto del alimento o sobre el conjunto de la dieta. Es decir, en lugar de promocionar el consumo de brócoli diciendo sin más que se trata de un alimento saludable, se habla de las vitaminas y los minerales que tiene y de los presuntos beneficios que eso aporta para la salud.

El problema es que esto nos complica la vida porque en lugar de concebir nuestra dieta como un conjunto de alimentos, nos detenemos a pensar en vitaminas, minerales, proteínas, etc., las cantidades que nos faltan para cubrir nuestras necesidades, los beneficios que pueden aportar sobre nuestra salud, etc. Además, puede despistarnos porque si pensamos que lo importante de un alimento son esos nutrientes de forma aislada, podemos llegar a pensar que unas galletas enriquecidas con vitaminas y minerales también son saludables, cuando en realidad se trata de un alimento insano.

Los alimentos no hacen milagros

En definitiva, los superalimentos por lo general pueden considerarse saludables (salvo excepciones, como la miel y otros similares), pero no tienen superpoderes. No curan enfermedades y por sí solos tampoco aportan beneficios extraordinarios ni actúan como talismanes para compensar nuestros malos hábitos. Además, muchos de ellos vienen de países lejanos, con el coste económico y medioambiental que eso supone. En definitiva, lo fundamental es considerar el conjunto de nuestra dieta, procurando que esté compuesta por alimentos saludables, en lugar de pensar que existen alimentos pseudomilagrosos.

Miguel Ángel Lurueña

Miguel Ángel Lurueña

Soy Doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos e Ingeniero Técnico Agrícola (Esp. Industrias Agrarias y Alimentarias) y me dedico a la divulgación científica en materia de alimentos desde hace más de 10 años. Soy autor de la web Gominolas de petróleo y del libro ‘Que no te líen con la comida’ (Ed. Destino, 2021). Colaboro habitualmente con diferentes medios de comunicación, como El País, Radio Nacional de España, Maldita.es o Consumer e imparto formación en diferentes organismos (p.ej. Universidad de Oviedo). Antes de todo eso, trabajé en la Universidad de Salamanca como profesor, donde realicé diferentes proyectos de investigación que me permitieron publicar varios artículos en revistas científicas. Después trabajé como autor de materiales docentes para diferentes organismos (p.ej. Ministerio de Educación) y como consultor independiente para industrias alimentarias.

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