Me gusta el bondage

Hay mucha gente a la que le gusta el bondage, pero no todas están seguras de si es una práctica ‘normal’ o de si debe tener límites...

Quizá no te lo haya dicho nunca directamente, pero a alguna de tus más íntimas amigas le encanta. A ti también, aunque tampoco lo vayas proclamando a los cuatro vientos, pero a veces te asalta la duda y te preguntas hasta qué punto es ‘normal’ o si te puede hacer daño. La primera es una cuestión equivocada, porque la sexualidad es, por definición, algo arbitrario y subjetivo, que depende mucho de las circunstancias de cada persona y hasta de la época o el país en que se vive. En cuanto a lo segundo, sí, puede entrañar algunos riesgos. Pero vayamos por partes.

“Bondage (del francés e inglés, esclavitud) es una práctica erótica que consiste en inmovilizar a una persona todo el cuerpo o solo una parte -explica Marián Ponte, psicóloga y sexóloga de Barcelona-, para lo cual se pueden emplear cintas, pañuelos, corbatas, cadenas o cuerdas. También puede incluir poner vendas en los ojos o mordazas”. A veces forma parte del BDSM (Bondage, Disciplina, Sumisión y Masoquismo), pero otras, la mayoría, es lo que muchos llaman ‘sexo vainilla’, por tomar del sadomasoquismo sus rasgos más suaves. En los últimos años se ha puesto de moda, merced a la famosa trilogía de Las sombras de Grey, y son muchas las parejas que han empezado a practicarlo.

“Si los dos están de acuerdo, es algo que enriquece la relación, que rompe la monotonía y puede ser muy positivo -continúa la experta-. Con él se estimula la libido de una manera distinta, se potencian los sentidos y se descubren nuevas sensaciones. Pero lo básico, lo que de verdad importa, es que eso sea lo que tú deseas, no solamente lo que le apetece a tu pareja”.


Tanto si te gusta en su modalidad suave como si está dentro de lo que se considera BDSM, lo primero que has de saber es que jamás debes practicarlo con alguien que acabas de conocer. Hay tres reglas básicas que ha de cumplir todo encuentro: que sea seguro, sano y consensuado. También, cuando es más arriesgado, es fundamental pactar una palabra clave de seguridad que marcará cuándo queremos parar. Todo ello implica saber dónde están los límites y tener gran confianza en el otro, hablar mucho antes y dejar claro lo que quieres y no quieres hacer. No tengas miedo de ser explícita. Está en juego tu salud.

Si aún así tienes dudas, los siguientes consejos te servirán de guía: aparte de practicarlo solo con alguien que conozcas a fondo, prepáralo con antelación y pacta acuerdos sobre hasta dónde quieres llegar; no consientas que te dejen sola si estás inmovilizada, aunque sea por un momento, ni permitas que te aten alrededor del cuello, pues esto incrementa el riesgo de heridas e incluso de asfixia; ten cuidado con la circulación: asegúrate de que nada te la está cortando. Y, por último, ojo con ciertas ligaduras que requieren muchas habilidades: cualquiera no sabe hacerlas.


La experta asegura que el bondage puede ser un simple juego sexual o una forma de vida: "Tampoco es lo mismo si para inmovilizar se utilizan materiales suaves como la seda o unos más duros, porque las sensaciones no son las mismas. Pero incluso cuando todo va bien hay que tener cuidado: a veces, estas prácticas tienen impacto psicológico, por eso es fundamental que la pareja disponga también de tiempo, antes y después, para el afecto y las caricias".


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