Meditación para relajar cuerpo y mente

Practicar la meditación a diario es la mejor opción para relajar cuerpo y mente. ¿No encuentras el momento? Eso es más fácil de lo que parece.

Adiós al estrés

La meditación estimula una parte del cerebro, el córtex prefrontal izquierdo, que se asocia a las emociones agradables, y ayuda a regular la actividad del sistema nervioso y a reducir el estrés. Para obtener beneficios saludables basta con practicar entre 15 y 30 minutos diarios. No hace falta seguir un ritmo determinado, la regularidad es lo que importa. Es mejor un poco cada día que dos horas tres veces por semana.

Así se hace

El principio
Centrar la atención en algo concreto, como la respiración, procurando seguir el ritmo de inspiración y espiración. También se puede intentar escuchar los latidos del corazón o simplemente pensar en las sensaciones agradables que produce saborear una fruta.

La voluntad
Esfuerzo mental. Hay que mantener la mente bajo control, obligarla a pensar en lo que deseamos, sin dejar que se disperse. Para conseguirlo, se puede repetir mentalmente esta letanía: "Mis pensamientos fluyen solos, pero yo los llevo hacia donde quiero".

Cuándo practicar

Si tienes 5 minutos

Bajo la ducha. Hay que sentir las gotas de agua, si está fría o caliente, cómo es el contacto con la piel... Después, fijar la atención en la nuca y dirigir ahí el chorro. Te ayudará a empezar el día en equilibrio y con energía.

Antes de una reunión. Beber un vaso de agua muy despacio, trago a trago, pensando en el itinerario que sigue el líquido en ese viaje por el interior del cuerpo. ¿Para qué sirve? Para controlar la deglución y evitar los 'atragantamientos', físicos y psicológicos.

Si tienes 10 minutos

En el autobús. Tomamos conciencia del proceso de respirar, focalizando el pensamiento en el aire que entra y sale de los pulmones. Con la mano abierta sobre el abdomen, seguir el ritmo y sentir los movimientos que se producen en la caja torácica y el vientre. Así consigues eliminar las tensiones acumuladas.

En la cama, por la noche. Nos concentramos en los latidos del corazón y, mientras los contamos, pensamos: ¿son rápidos o lentos?, ¿fuertes o débiles?, ¿tan intensos que retumban dentro del pecho? Hay que tomar conciencia de todas las sensaciones que nos provoca. Lo que consigues: bajar la frecuencia cardiaca, elevada a causa del estrés, y favorecer el sueño.

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