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Miedo a engordar en el embarazo

La obsesión por no ganar peso y no perder la silueta lleva a muchas mujeres a alimentarse de manera inadecuada durante la gestación...

La obsesión por no ganar peso y no perder la silueta lleva a muchas mujeres a alimentarse de manera inadecuada durante la gestación. Pero este comportamiento puede tener consecuencias devastadoras para ellas y sobre todo para el feto.

 

Pregorexia

Pregorexia es como se conoce extraoficialmente a este trastorno, por una combinación de las palabras pregnancy (embarazo en inglés) y anorexia. Pero en realidad fueron los medios de comunicación los que acuñaron el término para definir casos de mujeres obsesionadas por no ganar peso durante el embarazo, con lo que no se alimentan correctamente.

 

La patología en sí no está tipificada como tal en el Manual de Trastornos Mentales y tampoco hay estadísticas fiables sobre su prevalencia. Únicamente existe un estudio en el Reino Unido, que concluyó que un 7,6 % de las mujeres en estado que habían sido examinadas tenía síntomas de trastornos en su alimentación, ya fuera anorexia o bulimia.

Comportamiento


Una nutrición adecuada durante la gestación no supone, evidentemente, que haya que comer por dos, pero el comportamiento de estas mujeres va más allá: cuentan las calorías de todo lo que ingieren, restringen muchos grupos de alimentos, intentan comer a solas para que nadie las controle, tienen pánico a engordar, buscan excusas para saltarse las comidas, practican actividad física de forma obsesiva, están excesivamente fatigadas e incluso llegan a inducirse el vómito.


En los primeros meses de embarazo la situación puede quedar enmascarada de cara a los demás por las típicas náuseas y malestares que afectan a cerca del 80 % de las gestantes en el primer trimestre. Pero cuando continúa en el tiempo ya no hay justificación. Y ellas no reconocen el trastorno.

 

Consecuencias


Un déficit nutricional durante el embarazo no transcurre sin consecuencias. “Puede que en la madre se produzcan desequilibrios debido a la malnutrición: trastornos hormonales, anemia e incluso carencia de calcio. Posteriormente, también pueden producirse problemas en el inicio de la lactancia. A nivel psicológico, la mujer puede tener complicaciones para aceptar el embarazo y, por lo tanto, depresión durante y después de tener el bebé, dificultades de autoaceptación de su nuevo papel de madre y para establecer un vínculo adecuado con el recién nacido”, explica Diana Sánchez, psicóloga perinatal y fundadora de la Asociación Española de Psicología Perinatal.

 

Pero lo más grave puede ocurrirle al bebé. Hay riesgo de aborto espontáneo en el primer trimestre y la carencia de yodo o ácido fólico influyen en el desarrollo neuronal. “En el segundo y tercer trimestre puede haber un crecimiento intrauterino anómalo, riesgo de parto prematuro, problemas de deterioro cognitivo y muerte fetal”, dice Sánchez.

Tratamiento


De cara a la prevención, lo más habitual es que esta patología se dé en mujeres que ya habían padecido trastornos alimenticios, por lo que su entorno debe estar atento a las señales. Si es el caso, la ayuda (normalmente buscada por parte de familiares) debe conseguirse lo antes posible, para minimizar riesgos. El tratamiento es multidisciplinar, entre matrona, obstetra, psicólogo y en ocasiones psiquiatra. “La psicoterapia es lo primero indicado a nivel psicológico, con terapias combinadas cognitivo conductuales, EMDR (técnica para desensibilizar y reprocesar traumas) y mindfulness (poner el foco en el momento presente), que obtienen grandes resultados. A veces se necesita tratamiento farmacológico”, concluye Sánchez.

Lactancia


La psicóloga perinatal Diana Sánchez subraya la importancia de explicar a estas mujeres los beneficios de la lactancia materna, tanto para ellas como para sus bebés. Se sabe que es un agente protector de la depresión posparto y ayuda a establecer un buen vínculo madre-hijo. Pero siempre tiene que disponer de apoyo en casa para poder dedicarse a su niño y dejarse cuidar ella, bien por la pareja, amigos, familia, etc. El apoyo social y familiar es también un buen agente de protección que hay que estimular.

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