Morderse las uñas, un problema físico y psicológico

Algunas manicuras tienen los mismos efectos nocivos.

El hábito de morderse las uñas es uno de los más antiestéticos, a la par que adictivos, en los que podemos caer casi sin darnos cuenta. Hay personas de todas las edades que se muerden las uñas y las causas pueden ser muy variadas, ya que se asocia el hábito con un alivio momentáneo de la situación que produce estrés, ansiedad o aburrimiento.
La onicofagia, o hábito de morderse las uñas, puede provocar considerables problemas de salud, ya que eliminamos las cutículas que protegen a las uñas de hongos y agentes externos, por lo que quedan expuestas a posibles infecciones.
Al eliminar la cutícula y el tejido periungueal, que rodea a la uña, se puede incluso dañar la matriz de la misma, por lo que las uñas crecerán de manera irregular, más gruesas y con estrías, un daño que además puede ser irreversible.

Estos mismos efectos pueden provocarse con el uso prolongado de manicuras de gel o similares, que favorecen que se acumule humedad entre las uñas y el gel, un entorno ideal para el crecimiento de hongos, y que dañan la cutícula por el uso de químicos muy agresivos para su eliminación.
Para deshacernos de este desagradable hábito, lo primero de todo es hacer un listado de los momentos en los que nos mordemos las uñas e identificar que emoción es la que lo provoca: miedo, ansiedad, estrés, aburrimiento o, incluso, excitación. Posteriormente hay que disociar el acto de morderse las uñas con el alivio de esas situaciones y crear mecanismos sustitutivos que eviten que sigamos mordiéndolas.

Continúa leyendo