No es buena idea consumir bebidas energéticas

Las bebidas energéticas se han colado en nuestro día a día casi sin darnos cuenta. Triunfan especialmente entre los adolescentes, muchos de los cuales las consumen a diario, lo que puede poner en riesgo su salud.

La bebida energética más famosa, esa que se supone que “te da alas”, se vendió por primera vez en España en el año 1996. Con ella conocimos un nuevo concepto de bebida, lo que hoy llamamos “bebida energética”, que se caracteriza sobre todo por su elevado contenido de cafeína. El producto no era nuevo; había sido desarrollado diez años antes en Austria.  Y tampoco triunfó en España de forma inmediata.

Su consumo se fue incrementando poco a poco a lo largo del tiempo, hasta que llegó un momento, hace unos quince años aproximadamente, en que se disparó. Esto se debió en parte a que en un momento dado comenzó a haber mucha más oferta de marcas, formatos y sabores. Pero los motivos principales que explican su elevado consumo y su rápida expansión son, sin duda, las intensas y omnipresentes campañas publicitarias, dirigidas sobre todo a público joven y asociadas a determinadas actividades (por ejemplo, conciertos, videojuegos, deportes), su amplia distribución (se pueden encontrar en cualquier quiosco) y su bajo precio.

¿Cuántas bebidas energéticas se consumen en España?

No es buena idea consumir bebidas energéticas
Foto: Istock

Según un informe de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, se estima que en España seis de cada diez adolescentes (10-18 años) consume estas bebidas, el 10% de forma crónica. El dato resulta preocupante, pero lo es aún más si nos fijamos en el consumo entre los niños (3-10 años). Casi tres de cada diez niños consumen estas bebidas.

En cuanto a la cantidad que se consume, no existen datos actualizados para España. Las últimas cifras corresponden a un informe publicado por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria en el que se indicaba que la mayoría de los adolescentes europeos consumía dos litros al mes de estas bebidas, aunque un 12% de ellos superaba esa cantidad (las consumía 4-5 veces por semana o más). Ahora bien, este informe es del año 2013, es decir, han pasado nueve largos años en los que el consumo se ha incrementado mucho, así que es muy probable que esas cifras sean notablemente mayores en la actualidad.

Demasiada cafeína y demasiado azúcar

Muchas personas desconocen la composición de estas bebidas o los riesgos que puede suponer para la salud un consumo habitual o excesivo, especialmente para los más jóvenes. Por eso hay muchos padres que no ven con malos ojos que sus hijos las consuman. De hecho, muchas personas piensan que son equiparables a un refresco de cola o similar. Pero no es así.

Hay dos cosas destacables de estas bebidas que deberían encender nuestras alarmas. La primera de ellas es su contenido en cafeína, que suele ser de unos 32 miligramos por cada 100 mililitros. Quizá esta cifra no nos dice mucho, así que para hacernos una idea podemos fijarnos en la cantidad que contiene un café.

Hay que aclarar que la cantidad de cafeína que podemos encontrar en un café depende de muchos factores, como la variedad, la forma de preparación, etc. Pero en términos generales, una taza de unos 65 ml puede tener 100 mg de cafeína, es decir, unos 150 mg por cada 100 ml.

Visto así, no parece que las bebidas energéticas puedan ser preocupantes. Pero hay que tener en cuenta la forma de consumo. Imaginemos que una persona toma dos cafés al día. Eso supone un consumo de unos 200 mg de cafeína. Pero cuando se trata de bebidas energéticas, encontramos en muchos casos formatos de 500 ml, así que tomar dos latas al día supone un consumo diario de 320 mg de cafeína.

La cafeína es un compuesto que tiene sabor amargo, así que los fabricantes de bebidas energéticas añaden mucha cantidad de azúcar para tratar de enmascarar ese sabor. Por ejemplo, en algunas marcas podemos encontrar 72 gramos de azúcar en una sola lata de 500 ml. Para hacernos una idea, eso es equivalente a 16 cucharaditas de azúcar.

Los riesgos que suponen las bebidas energéticas

Cuáles son los efectos para la salud de las bebidas energéticas
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El consumo habitual o excesivo de azúcares libres, como los que se encuentran en estas bebidas se relaciona con el desarrollo de diferentes enfermedades, como caries, obesidad o diabetes.

Por su parte, el consumo excesivo de cafeína puede provocar diferentes trastornos, como alteración del sueño, alteración del comportamiento y trastornos cardiovasculares. Estos efectos de la cafeína son más notables cuanto menor sea el peso de la persona, lo que significa que los adolescentes y los niños son especialmente susceptibles. Además, la cafeína genera tolerancia y dependencia, así que la persona que consume estas bebidas necesita cada vez más cantidad para conseguir el efecto estimulante que busca en ellas.

Estas bebidas se consumen a veces mezcladas con bebidas alcohólicas, lo que supone un riesgo añadido, ya que el efecto estimulante de la cafeína puede enmascarar el efecto del alcohol, aumentando así el riesgo de intoxicación etílica grave. Por eso se recomienda no mezclarlas con alcohol.

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria advierte sobre los riesgos que suponen las bebidas energéticas, por todos los motivos que hemos mencionado. Estos riesgos son especialmente importantes para personas vulnerables, como niños, adolescentes, mujeres embarazadas y en periodo de lactancia, personas con problemas cardiovasculares y personas con alteración del sueño, a quienes recomienda evitar el consumo.

Miguel Ángel Lurueña

Miguel Ángel Lurueña

Soy Doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos e Ingeniero Técnico Agrícola (Esp. Industrias Agrarias y Alimentarias) y me dedico a la divulgación científica en materia de alimentos desde hace más de 10 años. Soy autor de la web Gominolas de petróleo y del libro ‘Que no te líen con la comida’ (Ed. Destino, 2021). Colaboro habitualmente con diferentes medios de comunicación, como El País, Radio Nacional de España, Maldita.es o Consumer e imparto formación en diferentes organismos (p.ej. Universidad de Oviedo). Antes de todo eso, trabajé en la Universidad de Salamanca como profesor, donde realicé diferentes proyectos de investigación que me permitieron publicar varios artículos en revistas científicas. Después trabajé como autor de materiales docentes para diferentes organismos (p.ej. Ministerio de Educación) y como consultor independiente para industrias alimentarias.

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