Nuevos anticoagulantes

La idea es que estos medicamentos vayan sustituyendo al tradicional y engorroso Sintrom poco a poco, pero ni valen para todo el mundo ni se pueden tomar a discreción.

La idea es que estos medicamentos vayan sustituyendo al tradicional y engorroso Sintrom poco a poco, pero ni valen para todo el mundo ni se pueden tomar a discreción.

 

Alrededor de 700.000 españoles utilizan a diario Warfarina o Sintrom para evitar problemas circulatorios. Estos medicamentos licúan la sangre; es decir, la hacen más líquida para que circule mejor, impidiendo la formación de trombos y disminuyendo por tanto el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular.

 

El problema es que dichos medicamentos, que tantas vidas han salvado y salvan, tienen inconvenientes, como sus numerosas interacciones con fármacos y alimentos, que obligan a realizar análisis frecuentes para ajustar la dosis y ahuyentar el riesgo de hemorragia grave.

 

Así las cosas, no es de extrañar que, ante la llegada de otros anticoagulantes, sean muchas las personas que quieran sumarse a estos nuevos y más perfeccionados tratamientos orales, que son sencillos de utilizar, no requieren tantos análisis de sangre y ofrecen más independencia al enfermo.

¿Pero puede beneficiarse todo el mundo de ellos? ¿Acabará por desaparecer el Sintrom? La Respuesta es NO, primero porque el Daibgratán y otros similares no están indicados en todos los casos (es el médico el único que puede evaluar la oportunidad de optar por unos u otros). Y, segundo, porque este es un terreno que todavía precisa de intensos controles y ensayos clínicos.

 

Tienen muchos beneficios, es cierto, pero hay quienes temen que, al necesitar menos control por parte de los médicos, el paciente acabe por relajarse y sea menos estricto en el tratamiento, con los consiguientes riesgos. Además, hay casos en los que una segunda patología asociada (una insuficiencia renal, por ejemplo) desaconsejarían su toma.

 

Por último, hay que recordar que, con los nuevos medicamentos, el coste por paciente es de unos 800 euros al año, mientras que actualmente está entre los 20-30 euros, aunque a la larga se ahorraría en análisis.

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