Pautas para controlar tu ira

Cada día, hay cientos de estímulos que pueden irritarte. La clave para tu bienestar, y el de tu trato con los demás, es cómo actúas ante ellos. No dejes fluir tu rabia, ¡transfórmala!

¿Tienes broncas día sí y día también en el trabajo, en casa y con los amigos? Porque en ese caso... El denominador común, ¡pareces ser tú! Quizás debas aprender a controlar tu ira, tu enfado, tu 'carácter'... Como quieras llamarlo, antes de explotar y provocar un desastre natural.

 

Como explica el monje Thich Nhat Hanh en el libro La ira. El dominio del fuego interior (Oniro), debemos trabajar sobre uno mismo, pues “cuando estás enojado, si sigues discutiendo con la otra persona, si intentas castigarla, estás actuando exactamente como alguien que se pone a perseguir al pirómano cuando su casa está ardiendo”. Eso sí, cambiar el temperamento es mucho más difícil que dejarlo fluir. Por eso tienes que saber... ¿cuánto esfuerzo estás dispuesta a invertir en ello?

Identifica la ira

- Primero, reconoce las señales físicas que la acompañan para reconducirla a tiempo: te sube el pulso y la temperatura, la respiración es más fuerte, se te tensan los músculos... Nhat Hanh advierte: ¿Te has visto la cara cuando te enfadas? No eres guapa, das miedo. Fuérzate a sonreír, serena tu cuerpo.

 

- Descubre la emoción de la que proviene (¿dolor, culpa, decepción?) e intenta encauzarla hacia algo que tú puedas controlar. En vez de repetir: “Odio esta situación”, “estoy harta”, con lo que sólo señalas la causa externa de tu malestar, piensa: “¿Qué puedo hacer para cambiar eso que me produce malestar?”.

 

- “Atiende a lo que estás pensando y te está irritando, ¿es sensato?, ¿tienes datos fehacientes de ello?, ¿no estás exagerando?”, recomienda Jorge Barraca, presidente de la Sociedad Española de Psicología Clínica y de la Salud (SEPCyS).

 

Relájate

- “En vez de responder con la activación de tu cuerpo, opta por la atención plena a tu respiración”, aconseja Ana María Carrillo, psicóloga del Centro de Psicología Conductual de León. Respira, y si aparece en tu mente la razón de tu enfado, apártalo y concéntrate sólo en lo que siente tu cuerpo al respirar, desde la primera bocanada más profunda, hasta alcanzar el ritmo tranquilo y normalizado.

 

- La psicóloga también recomienda “poner distancia de por medio” en pleno ‘calentón’. “Al fin y al cabo, estando alterados no vamos a responder de manera razonable a nada, y la otra persona tampoco”, dice. Es una emoción muy contagiosa.

 

- El psicólogo Daniel Goleman en su libro Inteligencia Emocional (Kairós) y el monje budista, coinciden en que descargar la ira es la peor manera de aplacarla; de hecho, la refuerza. El cerebro se excita al expresarte con rabia (siguiendo el ejemplo de Nhat Hanh, imagínate aporreando una almohada): te sientes más cansado, pero cuando te recuperes, necesitarás más.

 

- No quieras encenderte más. Si te dices a ti misma que algo es “horrible”, lo será más que si dices “es malo, pero no es para tanto” o “es pasajero”. 

 

 

Contrarresta

- “Realiza actividades que contrarresten la ira (como el deporte, jugar) o actividades que sosieguen (conversar con alguien, leer, ver una película)", dice Barraca. Eso sí, si eliges la película, mejor que no sea Relatos Salvajes, porque tendrás unas ganas locas de expresar tu rabia... Mejor Inside Out, la última de Pixar, que te enseña que todas las emociones son positivas.

 

 - ”También te ayudará descansar bien (incluso en el trabajo: sal a tomar el aire de vez en cuando) o, sin ir más lejos, darte un baño de agua caliente. 

 

- Piensa... en las consecuencias. "Dejarte llevar ¿te acerca a tus objetivos o te aleja de ellos?”, reflexiona el psicólogo. 

 

- Y actúa con empatía. ¿Te has planteado las dificultades que influyen en la situación? ¿Las circunstancias u opiniones de las otras personas implicadas? 

 

Exprésate

- “Con asertividad”, dice Carrillo. “Eligiendo el momento adecuado y exponiendo las circunstancias que nos incomodan, cómo nos hacen sentir, proponiendo alguna solución y estando abiertos al cambio”, añade. 

 

- Escribe para ti misma. Lo que sientes durante el enfado y también después. ¿Te compensa? ¿Cómo te gustaría haber actuado? Tienes cientos de opciones. ¿Cuál elegirás la próxima vez? 

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