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¿Pero dónde está el punto G?

Cada cierto tiempo nos sorprende una noticia asegurando que el punto G no es real, ¿pero qué hay de cierto en eso?

El último estudio conocido sobre la tan traída y llevada existencia del punto G, esa zona ultrasensible que está a unos 4 o 5 centímetros de la entrada de la vagina, es reciente y lo firman Vincenzo y Julia Puppo, dos investigadores del departamento de Biología de la Universidad de Florencia, Italia. Ellos aseguran que no es real, que solo es una invención que interesa a mucha gente, ya que se ha convertido en el centro de un negocio millonario (no hay más que ver la cantidad de artilugios diseñados para estimularlo, o cómo algunos especialistas ofrecen entre sus servicios la posibilidad de encontrarlo y sacarle el máximo partido).

En el lado contrario está, por ejemplo, la periodista Nicola Jane, que no hace mucho publicó un artículo en el que denunciaba la creciente y sistemática negación del polémico punto tanto en prensa como en estudios científicos, y que vendría a decir, “Yo tengo bien claro que existe, porque lo he disfrutado muchas veces”, y que ve motivos ocultos -y machistas- en ese permanente cuestionamiento. En la misma línea, la sexóloga Rebbeca Chalker, de la Pace University de Nueva York, no solo afirma lo mismo, sino que fue una de las pioneras, con dos libros sobre el tema. ¿Quién de ellos tiene razón? "El problema es que la existencia del punto G (o punto Gräfenberg) no se puede demostrar tan fácilmente como la del clítoris, por ejemplo, no está tan clara anatómicamente”, dice la psicóloga y sexóloga Marián Ponte.
“Pero creo que sí hay pruebas de él. Hay muchas investigaciones que lo equiparan a la próstata femenina, y que confirman su vínculo con un tipo de eyaculación que a veces se da en las mujeres y que tiene su origen en ese lugar que está detrás del pubis y alrededor de la uretra”, por eso también a veces, cuando se está cerca de él, se siente un fuerte deseo de orinar".

"Pero lo básico no es saber si existe o no -continúa la sexóloga- lo importante es entender que “encontrarlo” es algo muy personal y que tiene mucho que ver con estar relajada, con concederse tiempo, con saber jugar y experimentar. Conozco a mujeres que han dado con él, pero casi siempre ha sido de casualidad, cuando no lo buscaban expresamente, aunque, eso sí, tenían mucha excitación -ese es el requisito previo para encontrarlo-”. El sexo, ya se sabe, se encuentra en el cerebro, y si hay algo que está reñido con el placer es obsesionarse con una cosa, ya sea encontrar el famoso “botón mágico” o  quejarse en lo que (supuestamente) disfrutan otras mujeres. 

Por último, la experta recuerda que nunca hay que compararse: "Lo importante no es si existe o no el punto G, sino que la gente tenga una sexualidad sana, que la disfrute. Y a algunas mujeres les hace daño oír hablar categóricamente del punto G si ellas no logran encontrarlo, se sienten mal. Por eso, es importante no entrar en agravios comparativos, asumir que cada persona tiene sus peculiaridades y que la mejor vida sexual es la que a nosotros nos funciona. Así de fácil".

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