¿Personas difíciles? Protégete de ellas

Desde el graciosillo de turno a la amiga que nos hiere cada vez que abre la boca. El catálogo de personas dañinas es amplio. ¡Protégete!

Desde el graciosillo de turno a la amiga que nos hiere cada vez que abre la boca. El catálogo de personas dañinas es amplio, por eso el psicólogo Bernardo Stamateas nos da pautas para tratarlas.

 

Nos roban energía

Todos conocemos gente difícil. Son las personas que necesitan hacernos sentir mal para sentirse ellas bien. Vampiros emocionales que nos roban energía, expertos en infundir miedo y culpa en los demás. Los hay de muchas clases, pero a algunos nos los encontramos por todas partes.

 

Los envidiosos, por ejemplo, viven comparándose con los demás. A menudo piensan que les gustaría tener lo que tú pero, como no lo tienen, lo critican. El envidioso necesita destruir lo que envidia o a alguien a quien envidia.

 

Los burladores son los bromistas oficiales, esos que necesitan reírse de algún error que cometimos o exagerar alguno de nuestros rasgos. ¿La razón? Son mucho más inseguros de lo que parece.

 

Sin autoestima

Mención aparte merecen los chismosos. Van de un lado a otro con sus cuentos porque tienen tan baja autoestima que, para conseguir la atención de los demás, para ganarlos, se acercan con una información supuestamente novedosa o secreta. No les basta con ser ellos mismos.

 

Una persona difícil se convierte en tal porque trata como fue tratado; quien agrede nos está haciendo saber que una vez fue agredido. Cuando alguien tiene dañada la estima, está quebrado por dentro y cree que la manera de recomponerse es lastimar a otros; es entonces cuando se vuelve difícil. Estas personas al comienzo no vienen como enemigas; al contrario, se esfuerzan en ocupar lo que en psicología llamamos el círculo de intimidad afectiva, ese espacio del que solo forma parte la gente que amamos y que nos ama. Se involucran mucho con nosotros y luego, lentamente, comienzan con la envidia, con la burla, con la agresividad; son conscientes de lo que hacen, pero necesitan herir a los demás porque así recuperan el poder y se sienten fuertes.

Poner límites

¿Qué podemos hacer para tratarlos? Utilizar la inteligencia emocional. Establecer límites (tan sencillo como aprender a decir Sí y No) o sorprenderlos con un: "Mira, en estas condiciones no me interesa hablar".

 

Oídos sordos

A veces, ante ciertas situaciones, lo mejor es ignorar, dejar pasar esa ofensa o ese comentario malintencionado. Si haces como si no hubieras oído nada (o directamente no escuchas) también estás mandando un mensaje.

 

Se trata de tener confianza inteligente en los demás, de no ser desconfiados, pero tampoco crédulos; de no pensar que, si tratas bien a todo el mundo, lo mismo harán contigo. Con las personas difíciles esto no funciona así, pero eso no quiere decir que tengas que vivir siempre a la defensiva o viendo intenciones ocultas donde no las hay.

Mar

Mar Pastor

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