Pies Sanos

“Mujer de 55 a 65 años aquejada de durezas, sequedad o callos en los pies”, esa es la ‘radiografía’ del paciente más habitual en la consulta de los podólogos españoles. ¿Sabes cómo solucionar sus problemas más comunes? Te lo contamos. Lúcelos bonitos y sanos. 
Con la llegada del calor, y tras pasar meses embutidos en calzado cerrado, nuestros pies recuperan la libertad perdida en el invierno. Es el momento de lucirlos, pero también de protegerlos y cuidarlos más que nunca, ya que su aspecto exterior será un indicador de su estado de salud. El podólogo Sergio Sanz Villa nos explica qué hacer ante los problemas más comunes que suelen presentar.
GRIETAS EN LOS TALONES
El calor y la exposición del pie con calzado abierto facilitan la xerosis, término con el que se define la sequedad de la piel. Esta sequedad propicia la formación de grietas en los talones, que si bien no suelen ser más que un problema estético, pueden terminar haciéndose demasiado profundas y muy dolorosas.
Qué puedes hacer: para prevenirlas, debes usar cremas ricas en urea (queratolíticos), jabones que respeten el pH de tu piel y beber suficiente agua (de 1,5 a 2 litros diarios). Si ya han comenzado a aparecer, puedes deslaminarlas tú misma en casa: se trata de reducir el exceso de piel callosa, pero sin utilizar cuchillas de afeitar u otros objetos cortantes (puedes dañar las capas cutáneas profundas y provocar una infección). Son preferibles las limas de papel a la piedra pómez. Si las grietas son profundas o dolorosas, tienes que acudir a un especialista.
HONGOS
Podemos distinguir en los pies dos tipos de micosis o infecciones por hongos: el pie de atleta -que aparece entre los dedos de los pies- y la tiña ungueal u onicomicosis, en la que la infección afecta a una uña, habitualmente la del dedo gordo, y que puede llegar a desfigurarla e incluso a destruirla.
Qué puedes hacer: como medida de prevención a lo largo del año, es muy importante acostumbrarse a secar con cuidado el espacio entre los dedos (prueba el secador de pelo: es muy útil). Si usas calcetines, procura que sean de algodón para que el pie sude menos y transpire, y no utilices medias de licra. En el caso de que tengas hongos en las uñas, debes ir al podólogo. Este facultativo te prescribirá un tratamiento, que puede ser por vía oral o tópica. Existe también un láser para eliminarlos, pero recuerda que siempre debe ser usado bajo supervisión médica.
UÑA ENCARNADA
Se desarrolla cuando la uña no entra dentro del lecho ungueal, por lo que sus bordes tienden a clavarse en la piel causando dolor, hinchazón y enrojecimiento. Aunque pueden deberse a malformaciones hereditarias, habitualmente las origina un calzado inadecuado y un mal corte de las uñas.
Qué puedes hacer: elige un zapato de tu talla -ni muy corto ni muy largo- y que no sea excesivamente estrecho o acabado en punta. También debes cortarte las uñas rectas, intentando que sus bordes sobresalgan por encima de la piel. Si notas que una uña comienza a clavársete, deja el pie en remojo en agua tibia con sal durante unos 20 minutos y, luego, ponte algodón impregnado en alcohol para ayudar a que la uña vaya hacia arriba. Pero nunca metas el pico de la tijera para sacar la parte que se te clava: puedes empeorar el problema. Si éste va a más, acude al podólogo. Desencarnará la uña con alicates especiales o un bisturí y, posiblemente, te prescribirá un antibiótico.
PAPILOMAS
Son pequeñas lesiones benignas ocasionadas por el virus del papiloma humano. Suelen tener un anillo córneo blanquecino a su alrededor y se distinguen de los callos o durezas por su apariencia (son verrugas que no crecen hacia fuera porque se aplastan al caminar y pueden presentar pequeños puntos de color marrón provocados por mínimas hemorragias que se dan en la capa más superficial de la piel). Otra de sus características es que duelen más cuando se pellizcan que cuando se presionan.
Qué puedes hacer: dado que los papilomas son muy contagiosos, la medida básica es el empleo de chanclas en duchas y piscinas públicas. Si tienes un papiloma, es imprescindible la visita al especialista, quien te lo quemará con crioterapia, fármacos vesicantes o cirugía.
CALLOS
Así se denominan popularmente a los helomas, y consisten en un engrosamiento de la piel provocado por una acumulación de células muertas en zonas de roce y de fricción. A menudo su forma es cónica, con el pico hacia dentro, por lo que resultan dolorosos.
Qué puedes hacer: la primavera es crítica para su formación: si llevas un calzado de invierno en un día de calor, el pie se dilata y se inflama, aumenta la sudoración y se favorece la aparición de callos interdigitales (los ojos de gallo). Usa un calzado propio para la estación, procura que no sea puntiagudo ni muy ajustado y lleva calcetines de algodón. Las prótesis de silicona también pueden ser útiles tanto para prevenirlos como para amortiguar sus molestias.
AMPOLLAS
Son una de las pesadillas del verano, y detrás de ellas suelen estar los zapatos nuevos, las sandalias y la práctica de actividades deportivas, ya que generan calor, humedad y fricción en los pies.
Qué puedes hacer: para prevenirlas, utiliza zapatos que ni te aprieten ni te queden grandes, y ten especial cuidado con las sandalias (sus tiras a menudo ocasionan una fricción que daña el pie). Un buen consejo es comprártelas por la tarde, cuando el pie está más hinchado, y no llevarlas mucho durante los primeros días. Procura que el pie esté lo más seco posible. Si ya te ha salido una ampolla, mantenla limpia y seca y no retires jamás la piel que la cubre: sólo aumentarías el riesgo de que se infecte.
EL CONSEJO DEL EXPERTO:
El Dr. Sergio Sanz Villa, Podólogo (Clínica del pie), nos dice que: “Un pie bonito es un pie sano. Para ello, hay que protegerlo todo el año. Acostúmbrate a hidratarlos diariamente con cremas ricas en urea, pero sin aplicarlas entre los dedos, ya que maceran la piel. Usa un calzado cómodo, sin que te quede apretado ni holgado, y calcetines o medias de algodón. Es también muy importante secarse bien el espacio entre los dedos, especialmente las personas con diabetes. El corte de las uñas resulta esencial: es preferible que pequen de un poquito largas a dejarlas muy cortas, y las formas rectas a las redondeadas. Ten cuidado con los esmaltes de uñas: generan una película que favorece la aparición de hongos. Y con las sandalias, ya que su suela es muy fina, no sujetan bien el pie, con lo que el dolor metatarsial aumenta. Usa un calzado que te sujete el pie, que no permita que ‘baile”.
Por: María Cosrisco.

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