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Por qué deberías cambiar el estropajo de la cocina cada dos semanas máximo

Por la misma razón que no deberías utilizar utensilios de madera ni alargar la vida de trapos y bayetas.

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Hace unos días, la química, investigadora y divulgadora científica Deborah García Bello alertó en su cuenta de Twitter sobre por qué deberíamos cambiar el estropajo de la cocina cada dos semanas máximo. Nos pareció tan interesante su argumentación que, teniendo en cuenta que casi nadie lleva a cabo este consejo en casa, creímos conveniente darle voz e ir un poquito más allá.

“El inodoro no es el principal reservorio de microbios del hogar. La realidad es que le gana por goleada el estropajo de la cocina, con más de 50.000 millones de microbios por centímetro cuadrado”, comenzaba su explicación la científica. Esta afirmación está fundamentada en estudios como el publicado por la revista Scientific Reports en el 2017, que concluía exactamente de esta manera. En ello profundizaron también un tipo de biólogos de la Universidad Furtwangen, en Alemania. De ambos se hace eco Silvia, rostro detrás del blog sobre limpieza y sostenibilidad higiaeco.es en un post divulgativo muy interesante con el que completamos la información aportada por Deborah García Bello.

Según la química, “Los estropajos y las bayetas están constantemente en ambientes húmedos y en contacto con materia orgánica que puede servir de alimento a los microbios”. Y si hay un espacio en casa con condiciones ideales de humedad para que la vida crezca en ellas, esos son los baños y las cocinas. “Tienen calorcito, humedad y hay alimentos y cosméticos cargados de nutrientes, y siempre hay personas manipulándolo todo. Las personas somos una fuente extraordinaria de microbios y los esparcimos por todas partes”, García Bello.

De nada servirá meterlos en agua hirviendo, microondas o lejía. Ninguna de estas opciones acaba con las bacterias y la razón, tal y como explica la experta, es que "se agrupan de forma estratégica para sobrevivir formando biofilm".

¿Y qué es el biofilm?

Suena a papel sostenible de envolver alimentos, ¿verdad? Pero nada tiene que ver ni con la sostenibilidad ni con el film de cocina. Vete a la cocina, para entenderlo mejor, y observa tus utensilios de cocina de madera y los trapos. A veces, estos tienen una capa de mucosidad que no se va con nada, como indica Deborah García Bello. Esa capa es el biofilm, “como un barrio con mucho arraigo construido con polisacáridos excretados por las propias bacterias”, concluye la química y divulgadora. Por supuesto, son bacterias, así que no deberías seguir utilizando estos utensilios. 

La solución, en su opinión, está muy clara: renovar los estropajos y bayetas cada una o dos semanas y, por otro lado, sustituir los trapos mucho antes de lo que lo hacemos y renunciar a la madera para las cucharas y demás utensilios de cocina. “Aunque hay maderas con ciertas propiedades bactericidas como el nogal, el olivo o el bambú, no son infalibles. Donde esté el metal, el teflón, el polipropileno o la silicona, que se quite la madera. Los plásticos y los metales son más duraderos e infinitamente más seguros”, apunta. 

¿Hay opciones más sostenibles que el estropajo de cocina?

A raíz del consejo dado por Deborah García Bello nos hemos preguntado si hay alguna forma más sostenible de fregar. Al fin y al cabo, como explica Silvia de higiaeco.es, “La mayoría de los estropajos de cocina están hechos de petróleo y no son reciclables. Al final de su vida útil, que hemos visto se sugiere sea una semana, van a parar en algún vertedero o quemados”. 

Para evitar utilizar 50 estropajos al año, la especialista en limpieza y sostenibilidad recomienda dos soluciones alternativas más sostenibles: “Los estropajos de celulosa biodegradables y las esponjas de luffa”.

Esta última es una planta que crece rápidamente y es totalmente biodegradable. El proceso de fabricación de estas esponjas es artesanal y el producto obtenido es zero waste porque pueden ser compostadas. Además, al ser natural, no solo es mas sostenible, sino que también es hipoalergénica, antiolores, antibacteriana y libre de tóxicos. ¿Tiene pega? Su precio, que es más caro que los estropajos. En Amazon, por ejemplo, se vende un pack de 6 por 9,99 euros. 

Por su parte, las esponjas de celulosa pura son también fáciles de encontrar hoy en día. Son más caras también pero es imprescindible para que sean sostenibles que sean 100% celulosa y sin relleno de poliéster, advierte Silvia de  higiaeco.es. Eso sí, no son tan sostenibles como las elaboradas con luffa en su opinión porque, pese a ser biodegradables, “pasan igual por un proceso de fabricación industrializado que deja residuos y huella de carbono y acaban en un vertedero”, concluye.

Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

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