Por qué es falso que la fruta fermente en el estómago: esto es lo que dice la ciencia

Se suele decir que comer la fruta con el estómago vacío ayuda a evitar que "fermente" y que se "pudra" en el estómago. Aunque se trata de una creencia muy extendida, parece no ser del todo cierto...

Tal y como ocurre con muchos otros alimentos, las frutas no están exentas de ciertos mitos, muchos de los cuales son verdaderamente absurdos, a pesar de que aún existan personas que continúen difundiéndolos (y, por tanto, creyéndolos). Internet, de hecho, ha pasado a convertirse en un mal aliado en este sentido, de manera que muchos de estas creencias erróneas se han vuelto populares a través de determinados sitios Web y cadenas tanto de correos electrónicos como mensajes en redes sociales.

Uno de los más comunes es creer que la fruta fermenta en el estómago, especialmente cuando se consume conjuntamente con otros alimentos. Según esta teoría, tomarla junto con las comidas tiende a ralentizar la digestión, lo que origina gases, molestias y otros síntomas digestivos no relacionados. Es más, el mito -atrevido, cuanto menos- va un poco más allá, y asegura que no solo la fruta fermenta, sino que llega incluso a pudrirse.

De primeras, tal y como manifiestan muchos expertos, en realidad nada puede pudrirse en nuestro estómago. Tanto la fermentación como la podredumbre significa que se produce una acción bacteriana en los alimentos, dando como resultado su descomposición. Sin embargo, debido a la presencia de ácido clorhídrico, el estómago tiene en verdad muy pocas bacterias.

Así, en lugar donde en realidad la fruta (como cualquier otro alimento) produce gas es en el colon, no en el estómago. El colon está repleto de bacterias, y actúa de la misma manera que lo haría un sistema de alcantarillado. Si tenemos en cuenta que la comida tarda entre 6 a 10 horas en llegar al colon, esto explica por qué no importa tanto cuándo se consume la fruta.

La fruta contiene azúcar y vitaminas, que son absorbidas en el intestino delgado, así como fibras un poco más complejas, que pasan a través del tracto gastrointestinal sin ser digeridas demasiado. Cuando la fibra alcanza el colon, las bacterias presentes en este órgano se alimentan de la fibra, produciendo gas como subproducto, independientemente del momento -y con qué- se ingirió la fibra.

Si bien es cierto que la fibra presente en la fruta sí puede retrasar la liberación de alimentos del estómago, el resto de las afirmaciones son simplemente falsas. O, lo que es lo mismo: la fruta no fermenta ni se pudre en el estómago.

Esto no significa que la fruta no pueda hacer que el estómago se vacíe más lentamente. Por ejemplo, un estudio llevado a cabo en el año 2014 encontró que, en personas sanas, la fibra disminuyó el tiempo en el que el estómago tardó en vaciar la mitad de su contenido, en un promedio situado entre 72-86 minutos. Aunque se trata de un cambio en la velocidad significativo, de ninguna forma ralentiza la digestión lo suficiente.

Incluso aunque la fruta ocasione puntualmente que los alimentos permanezcan en el estómago por un período mayor de tiempo de lo considerado como normal, nuestro estómago está especialmente diseñado para prevenir el crecimiento de bacterias, tal y como te comentábamos anteriormente. Y este crecimiento bacteriano es el principal culpable de la fermentación y la podredumbre de los alimentos.

¿Cuál es el origen de esta creencia?

Según Snopes, este mito ha estado circulando por Internet desde el mes de agosto de 2001, a través de un artículo titulado “The Correct Way of Eating Fruits” (“La forma correcta de comer frutas”, en su traducción al castellano).

Al parecer, se trata de un artículo originalmente escrito en el año 1998 por Devagi Sanmugam, un chef y escritor culinario que vive en Singapur.

Según su autor, “¿Cuál es la forma correcta de comer frutas? ¡Significa no comer frutas después de las comidas! Las frutas deben comerse con el estómago vacío (...) Digamos que comes dos rebanas de pan y luego una porción de fruta. La rodaja de fruta está lista para pasar directamente del estómago a los intestinos, pero no puede hacerlo. Mientras tanto, toda la comida se pudre y fermenta, y se convierte en ácido. En el momento en que la fruta entra en contacto con la comida en el estómago y los jugos digestivos, toda esa comida comienza a echarse a perder”.

Sin embargo, tal y como hemos visto, esto es absolutamente falso. Y podemos resumirlo de la siguiente manera: come fruta siempre que te apetezca, por la mañana, por la noche, en la merienda, en la cena, con o sin comida. Pero, por favor, come fruta.

¿Qué ocurre en el estómago cuando comemos fruta?

Cuando comemos fruta, o en definitiva cualquier otro alimento, y llega al estómago, se mezcla con ácido estomacal, que tiene un pH muy bajo (de aproximadamente 1 o 2). Al final, el contenido del estómago se vuelve tan ácido que la mayoría de los microorganismos no son capaces de crecer en él.

Se trata de una parte de la digestión muy importante, puesto que ayuda a matar las bacterias que pudieran existir en los alimentos, previniendo con ello el peligroso crecimiento microbiano.

En lo que se refiere a la creencia de que la fruta con las comidas puede causar diarrea, hinchazón abdominal y otras molestias digestivas, se trata igualmente de otro mito sin respaldo científico.

¿Y qué ocurre con las frutas demasiado maduras?

Parece no ocurrir lo mismo con las frutas demasiado maduras. Se ha demostrado que, debido a que el contenido en azúcar de la fruta aumenta a medida que madura, las personas sensibles al azúcar de la fruta sí pueden experimentar algunos problemas digestivos, sobre todo cuando la consumen muy madura.

Las frutas contienen tres tipos de azúcares naturales: fructosa, glucosa y sacarosa. La cantidad de fructosa es más alta en comparación con la sacarosa o la glucosa, y se convierte en el tipo de azúcar que algunas personas sensibles pueden tener ciertos problemas para digerir con normalidad.

Es lo que ocurre, por ejemplo, ante la existencia de una intolerancia a la fructosa, la cual sucede cuando el cuerpo no es capaz de procesar y absorber la fructosa de forma adecuada. Al no digerirse completamente, ésta viaja a los intestinos, donde entra en contacto con bacterias naturalmente presentes. Esto origina síntomas de distrés gástrico, que incluyen diarrea, gases, hinchazón y dolor abdominal.

De esta manera, si se es susceptible o se tiene intolerancia a la fructosa, es necesario tener presente que, cuanto más madura esté la fruta, más probable será que se experimenten algunos síntomas relacionados. Además, de acuerdo a la Clínica Mayo, existen algunas frutas cuyo contenido en fructosa es naturalmente más elevado, como las sandías, uvas y manzanas.

Tanto la cantidad como el tipo de fruta que pueda consumir una persona con intolerancia a la fructosa, sin experimentar malestar digestivo, en realidad variará de persona en persona. Como manifiestan los expertos, la principal recomendación es evitar aquellas frutas con mayor contenido en fructosa, escogiendo otras opciones como melocotones, moras, melón cantalupo, cerezas, pomelo, limones, nectarinas, limas, naranjas, papaya, piña, maracuyá, frambuesas, ciruelas y albaricoques.

Christian Pérez

Christian Pérez

Editor de Gaia Media Magazines y creador de revistas como Natursan, Vegveggies o Saludablementebien. Creador de contenidos especializado en nutrición, lifestyle y salud. Y lo más importante: Papá de 2 niñas

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