Por qué no deberías saltarte el desayuno para adelgazar

¿Alguna vez te has planteado saltarte el desayuno para perder peso de forma rápida? Puede que no sea la decisión más correcta. Te enseñamos por qué no deberías saltarte el desayuno.

Todo el mundo ha escuchado alguna vez que el desayuno es la comida más importante del día. Lo que tomamos para romper el ayuno después de la noche puede determinar en gran medida nuestros niveles de energía durante el resto del día. 

Muchas veces caemos en el error de saltarnos esta comida cuando queremos perder peso. Creemos que al evitar el desayuno, evitaremos también una cantidad considerable de calorías. Pero si nuestro objetivo es adelgazar, quizá saltarte el desayuno no sea una solución tan efectiva. Cuando desayunamos, estamos supliendo una importante necesidad de nutrientes de nuestro cuerpo, que lleva sin ingerir nada desde la noche anterior. 

Nuestro organismo realiza un esfuerzo para aguantar tantas horas sin recibir ningún nutriente, y si decidimos prescindir de la primera comida del día, el esfuerzo realizado será aún mayor. También debemos saber que la forma en la que nuestro cuerpo absorbe nutrientes no se mantiene de manera lineal durante el día: dependiendo del periodo de la jornada en el que nos encontremos, nuestro cuerpo absorberá más o menos energía. Esto quiere decir que durante las primeras horas del día, nuestro organismo está más predispuesto a la absorción de nutrientes para recargarse de energía para el resto de la jornada. En cambio, a partir de las siete de la tarde, nuestro metabolismo se ralentiza y se prepara para el descanso: por eso no se recomienda cenar de manera demasiado abundante.

Y sí: puede que saltarse el desayuno suponga una reducción de las calorías ingeridas durante el día. Pero esto no quiere decir que necesariamente vayamos a perder peso, ya que, al saltarnos esta comida, nuestro cuerpo comienza a ralentizar el metabolismo para no quedarnos sin energía. Esto quiere decir que existe la posibilidad de que lleguemos con más hambre a la siguiente comida y de que, además, esta sea procesada por nuestro organismo de manera más lenta. 

Según recoge la revista especializada Psychology Today, no parece haber una diferencia demasiado significativa entre desayunar o no. Utilizando los resultados de siete estudios diferentes, se concluyó que muchos de los participantes que no desayunaban perdían en torno a medio kilo más de peso que los que sí lo hacían. Pero cuidado, no te quedes sólo con este dato: también se demostró un considerable aumento del colesterol de tipo LDL ("colesterol malo") en aquellas personas que prescindían del desayuno.

Comenzar a evitar el desayuno con el objetivo de adelgazar puede, en algunas personas, provocar algunos desequilibrios alimenticios: si acostumbramos a nuestro cuerpo a aguantar sin alimentos hasta la hora del almuerzo, hará que comience a utilizar más frecuentemente sus reservas de energía y se reducirá el almacenamiento de vitaminas y minerales en nuestro cuerpo.

Podríamos decir, en conclusión, que no hay diferencias demasiado significativas entre tomar o no el desayuno, todo depende de tus hábitos y de lo que estés acostumbrada a hacer. El error radica en dejar de hacerlo sólo para adelgazar, ya que saltarse comidas con este objetivo no es nada saludable. Lo más recomendable es que escuches a tu cuerpo: si eres de esas personas a las que les cuesta comer por las mañanas, no debería haber problema en no tomarlo. En cambio, si estás acostumbrada a tomar el desayuno...¡genial! Cargarás a tu cuerpo de energía desde el primer momento. Eso sí, si tomas el desayuno, asegúrate de que sea saludable: lo ideal es añadir líquidos, semillas integrales, proteína y alguna fruta. De esta forma, comenzarás tu día de la mejor manera posible.

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