Por qué no debes lavar el pollo

A mucha gente le da repelús manipular la carne cruda de pollo, sobre todo porque a veces viene con restos de huesos, plumas o sangre. También porque tiene fama de estar sucia o contaminada con bacterias. Por eso muchas personas la lavan bajo el grifo. Podría parecer una buena idea, pero en realidad no lo es. En este artículo te contamos por qué.

Para evitar intoxicaciones alimentarias es fundamental mantener unos buenos hábitos higiénicos en la cocina. Esto es algo que sabe todo el mundo, pero no siempre se hace. O al menos no siempre se hace bien. Por una parte, hay quien no sigue las medidas más básicas, como lavarse las manos antes de comer o de cocinar. Y por otra parte hay quien lo lava absolutamente todo. Podríamos pensar que esto último es lo que hay que hacer, pero no siempre es recomendable.

El pollo y las bacterias

Por qué no lavar el pollo
Foto: Istock

Cuando compramos carne de pollo es habitual encontrar cosas que no son comestibles y que suelen darnos repelús, como restos de plumas, huesos o sangre. Por eso, lo primero que hacen muchas personas antes de cocinarla es ponerla bajo el grifo para lavarla con un potente chorro de agua. Sin embargo, eso que en principio parece una buena medida higiénica, en realidad es contraproducente.

Una buena parte del pollo que compramos está contaminada con una bacteria llamada Campylobacter. No es muy popular, sobre todo si la comparamos con Salmonella, que es la más famosa y que también se asocia con el pollo. Pero la primera es la responsable de la mayor parte de las intoxicaciones alimentarias registradas en Europa. Para que nos hagamos una idea, en el año 2020, casi 121.000 personas sufrieron campilobacteriosis, que es la enfermedad transmitida por esta bacteria, mientras que “solo” se registraron unos 53.000 casos de salmonelosis.

Tanto Campylobacter como Salmonella son bacterias que habitan usualmente en el tracto digestivo del pollo. Por eso es fácil que se contamine la carne, sobre todo durante la etapa posterior al sacrificio, cuando se retiran las vísceras. Así pues, deberíamos asumir que la carne de pollo que compramos está contaminada con Campylobacter. Puede que en realidad no sea así, pero si actuamos como si lo fuera, reduciremos el riesgo de sufrir esas enfermedades.

Por eso debemos evitar lavar la carne de pollo bajo el grifo, ya que, si lo hacemos, conseguiremos dispersar la bacteria por toda la cocina a través de las salpicaduras que se producen, algunas de las cuales ni siquiera se aprecian a simple vista. Eso significa que podemos contaminar las superficies (por ejemplo, las mesetas), los utensilios y otros alimentos; es decir, se puede producir una contaminación cruzada, que es la principal causa de transmisión de enfermedades alimentarias. Por eso algunas entidades, como las autoridades sanitarias del Reino Unido, han realizado campañas específicas para recomendar que se evite esta práctica.

¿Cómo evitamos los posibles riesgos asociados al consumo de pollo?

Riesgos al lavar el pollo
Foto: Istock

Para evitar los posibles riesgos asociados al consumo de pollo algunas personas apuestan directamente por evitar su consumo, o incluso el de todos los alimentos de origen animal. Pero esto no es una solución porque los alimentos de origen vegetal también pueden estar contaminados con bacterias como estas (por ejemplo, por contacto con heces de animales silvestres, insectos, tierra, etc).

La solución que proponen otras personas consiste en sumergir el pollo en un cuenco con agua y vinagre, ya que como este es ácido, piensan que eso acabará con las bacterias. Sin embargo, el vinagre no es efectivo para este fin. Como tampoco lo son otros remedios caseros, como el jugo de limón, las especias o el aceite. Algunos de ellos pueden dificultar el desarrollo de las bacterias que ya están presentes, pero difícilmente acabarán con ellas.

¿Qué podemos hacer para limpiar el pollo?

Si el pollo trae restos de huesos, plumas o sangre, lo mejor que podemos hacer es retirarlos con papel de cocina desechable. Eso sí, de este modo no eliminaremos las bacterias. Para eliminarlas la solución no pasa por lavar el pollo, sino por cocinarlo adecuadamente, es decir, aplicando una temperatura suficiente durante un tiempo suficiente. Como no es plan de echar mano de termómetros ni cronómetros, es suficiente con cocinarlo hasta que esté bien hecho por dentro.

Por último, debemos tener en cuenta que, si la carne huele mal o está babosa, no lo vamos a arreglar lavándola. Al contrario. Solo conseguiremos agravar el problema y multiplicar el riesgo de contaminación. En estos casos, lo mejor es tirarla a la basura.

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Miguel Ángel Lurueña

Miguel Ángel Lurueña

Soy Doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos e Ingeniero Técnico Agrícola (Esp. Industrias Agrarias y Alimentarias) y me dedico a la divulgación científica en materia de alimentos desde hace más de 10 años. Soy autor de la web Gominolas de petróleo y del libro ‘Que no te líen con la comida’ (Ed. Destino, 2021). Colaboro habitualmente con diferentes medios de comunicación, como El País, Radio Nacional de España, Maldita.es o Consumer e imparto formación en diferentes organismos (p.ej. Universidad de Oviedo). Antes de todo eso, trabajé en la Universidad de Salamanca como profesor, donde realicé diferentes proyectos de investigación que me permitieron publicar varios artículos en revistas científicas. Después trabajé como autor de materiales docentes para diferentes organismos (p.ej. Ministerio de Educación) y como consultor independiente para industrias alimentarias.

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