Propiedades de la lechuga y falsos mitos acerca de ella

Compuesta fundamentalmente por agua, es un alimento que se puede comer tanto crudo como cocinado.

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La lechuga es uno de esos alimentos que muchas personas tienen en su mente pintados con una cruz encima. No gustan y no apetecen, y a ello se han ido sumando falsos mitos que han sido el lastre definitivo. Pero es un alimento saludable que además pueden tomar los peques antes del año de vida -no confundir con las verduras de hoja verde con alto contenido en nitratos, como la acelga, la espinaca o la borraja, que son las que se desaconseja introducir hasta pasado el primer año de vida-.

Cuenta el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) en su guía de alimentos que las lechugas, en plural, “forman el género Lactuca y pertenecen a la familia de las asteráceas (compuestas)”. Estas se caracterizan por “sus flores compuestas por la fusión de cientos e incluso miles de flores diminutas”, añade.

Dado que hay cierta confusión con la lechuga y sus tipos, y más desde la proliferación de tantas bases verdes distintas para las ensaladas, conviene aclarar que son cuatro las variedades hortícolas de este alimento: lechuga de cogollo, de hoja riza, la romana y la de tallo. “La de cogollo forma una cabeza parecida a la de la col; la de hoja rizada produce hojas separadas, que no forman cogollo; la romana forma un cogollo largo y erguido y la de tallo tiene un tallo grueso comestible y hojas de sabor desagradable”, indica el MAPA.

Propiedades nutricionales

En cuanto a su composición nutricional, la lechuga es un alimento compuesto fundamentalmente por agua, por lo que aporta pocos hidratos de carbono, proteínas y grasas. Esto ha hecho que extienda al mito de que es un alimento que retiene líquidos, algo que desmiente la asesora culinaria de Florette, Miren Aierbe. “A contrario de lo que algunas personas piensan, es un alimento que ayuda a prevenir la retención de líquidos y, por tanto, evita la hinchazón que esto provoca”, explica. “El alto porcentaje de agua, unido a la fibra que contiene, hace de la lechuga un alimento depurativo y diurético que ayuda a regular el tránsito”, añade al respecto. 

Además, tal y como indica el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, tiene “aportes poco significativos de vitaminas -las que más presencia tienen son la vitamina C, folatos y provitamina A (b-carotenos)-“, mientras que en lo que respecta a los minerales, su aporte “tampoco resulta especialmente significativo, aunque sí posee pequeñas cantidades de fósforo, potasio, hierro y calcio en las hojas de color verde intenso, que por lo general suelen ser las menos tiernas, son precisamente las más ricas en vitaminas y minerales”, explica la guía del Ministerio. 

Mitos sobre la lechuga que hay que desterrar

Por todos estos motivos, que básicamente se concentran en uno concreto, el alto contenido en agua, no es posible establecer una dieta saludable en base únicamente a la lechuga como alimento principal. Lo aclaramos por aquella afirmación que seguro habrás escuchado en alguna ocasión acerca de adelgazar a base de comer solo una “ensaladita”. Es muy desaconsejable es que estas sean tipo césar, excesivamente grasas, pero tampoco se puede convertir a la lechuga en alimento principal, sino que se trata de un muy buen complemento para una alimentación saludable que se puede ingerir en cualquiera de las comidas del día. De hecho, tal y como aclara Miren Aierbe, la digestión de la lechuga es ligera en contra de lo que se suele creer. 

La asesora culinaria de la empresa especializada en el cultivo, recolección y distribución de hortalizas como la lechuga recuerda además que los bebés sí pueden tomar este producto. Es uno de los falsos mitos creer que no pueden hacerlo, pero no hay mayor problema en que lo hagan de forma triturada. “Para ello, se puede mezclar la lechuga con patata o zanahoria y resultará una deliciosa y suave crema que encantará a los más pequeños”, recomienda Aierbe, que apunta a los 10 o 12 meses como la edad para introducir la lechuga en la dieta de un bebé -”siempre hay que seguir las indicaciones del pediatra”, advierte-. La Asociación Española de Pediatría, por su parte, ni siquiera especifica que sea necesario esperar a los 10 meses ya que solo especifica que se desaconseja introducir antes del año de vida las verduras de hoja verde como las acelgas y las borrajas, entre otras, no la lechuga. 

Sí es aconsejable esperar “más o menos los dos años”, según Miren Aierbe, para que los niños coman lechuga sin triturar y puedan explorar de esta forma no solo su sabor, sino también su textura, ya sea en ensaladas, en sándwiches, cremas, wraps y demás recetas en las que se puede incluir este vegetal. “Generalmente se piensa que la lechuga solo puede consumirse en crudo, pero lo cierto es que una forma muy sabrosa de consumir este alimento es cocinarlo en el horno”, concluye la experta en alimentación, que recomienda hornear hojas de lechuga iceberg con tomate frito y bechamel casera, y una capa de queso para gratinar. 

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