¿Qué Dice tu Piel de Ti?

Sí, la piel ‘habla’ y puede revelar mucho más sobre tu estado de salud de lo que imaginas. Palidez, picor o un color amarillento o amoratado pueden ser signos de diversos trastornos. "La piel no es sólo un adorno estético: es, también, el reflejo de nuestro estado de salud, de lo que está ocurriendo dentro de nuestro organismo”. Con estas palabras Aurora Guerra, Jefa de Dermatología del Hospital 12 de Octubre (Madrid), nos advierte de algo que muchas veces se nos escapa: que, ante un cambio en el aspecto o color de nuestra piel, conviene que consultemos al médico, “porque hay procesos, en apariencia banales, que pueden tener trascendencia. Hay cientos de enfermedades internas que se reflejan en nuestra piel y que pueden diagnosticarse a través de ella”, explica. Con ella, y con la doctora Elena Tévar, dermatóloga de la Clínica Rúber, de Madrid, repasamos las más frecuentes.

PÁLIDA: Anemia o hipotiroidismo.
Una piel pálida puede ser signo de anemia, es decir, una afección por la que la sangre no tiene suficientes glóbulos rojos. En estos casos, es bastante frecuente que estén blancas las mucosas, especialmente la conjuntiva. El mismo síntoma puede indicar también hipotiroidismo: en este caso, la piel está blanca, como cerúlea.

AMARILLENTA: Subida de bilirrubina.
Cuando tiene este color indica ictericia, enfermedad causada por una subida de la bilirrubina. Suele deberse a problemas del hígado (hepatitis), o a obstrucciones en las vías biliares. Como se trata de un signo muy llamativo, las personas a las que les ocurre no suelen pensar que se trate de un trastorno dermatológico y van directamente a urgencias o a un médico internista, que serán quienes confirmen el diagnóstico y prescriban un tratamiento.

AZULADA O AMORATADA: Poco oxígeno en sangre.
La piel azulada indica cianosis, que quiere decir que hay poco oxígeno en la sangre. La cianosis puede ser central o periférica: en la central, esa falta de ventilación en la sangre está causada  normalmente por un problema del corazón o de los pulmones. Pero una no se pone azul de la noche a la mañana; lo normal es que antes ya hubiera otros síntomas (fatiga, disnea...)  y que ya haya sido diagnosticada la enfermedad. Cuando la cianosis es periférica, es decir, cuando los dedos se ponen azulados o amoratados, algo que ocurre especialmente en invierno, podemos estar ante una patología circulatoria. Otro fenómeno que hay que descartar es el síndrome de Reynaud, en el que los dedos de la mano cogen una coloración primero muy pálida, a continuación azul y después roja. Ante un Reynaud, el médico deberá descartar si hay alguna otra patología asociada, normalmente reumatológica. Para ello, se hace una analítica y se comprueba si hay otros síntomas, en cuyo caso sería conveniente remitir a un especialista.

MARRÓN: Enfermedad de Addison.
Ante un tono excesivamente moreno, o bronceado (y que no se deba al sol), conviene descartar la enfermedad de Addison, una insuficiencia suprarrenal crónica. En las personas que la padecen, las líneas de la mano aparecen marrones, y también la mucosa de los labios y encías, así como el rostro, la zona alrededor de ojos y boca... Si se confirma addison por analítica, conviene ir al endocrino. Por otra parte, la hematocromatosis, que provoca un acúmulo excesivo de hierro, también da a la piel un tono bronceado.

CON RUBOR: Rosácea... y mucho más.
El rubor, ese enrojecimiento transitorio del rostro (y, a veces, también de cuello, orejas y parte superior del tórax), puede deberse simplemente a ansiedad, pero también ser un signo de una enfermedad de la piel llamada rosácea, o ser el rubor climatérico (menopausia), o estar provocado por algunos fármacos. En determinadas ocasiones, hay que descartar cuadros más complejos, como un feocromocitoma (tumor del tejido de la glándula suprarrenal) o una mastocitosis (aumento anormal de mastocitos, unas células de la médula ósea ), en los que el rubor puede ser el primer síntoma.

CON PICOR: Ojo a las causas internas.
Si una persona tiene picor más o menos constante, recurrente y generalizado, y el dermatólogo comprueba que no es debido a una enfermedad de la piel (dermatitis, por ejemplo), o a fármacos que esté tomando, hay que descartar, mediante una analítica muy completa, que haya una causa interna que lo desencadena. Así, la insuficiencia renal o hepática, algunos trastornos hematológicos como el déficit de hierro, las disfunciones tiroideas, la diabetes, determinados linfomas y algunas infecciones (como la hepatitis C o el VIH) pueden producirlo.

MUY SECA:  ¿Algo de tiroides?
Cuando no es una característica propia de la piel, la sequedad puede deberse al hipotiroidismo: este trastorno produce piel fría y muy seca, mientras que el hipertiroidismo, por el contrario, ocasiona piel sudorosa y caliente. La excesiva sequedad en ocasiones extremas también se puede deber a un linfoma o a una leucemia.

ABOTARGADA: Patología renal o cardiaca.
Si hay una retención de líquidos, la piel aparece abotargada, con edema. A menudo este síntoma se relaciona con una patología renal o cardiaca.

Como decíamos al principio, hay cientos de enfermedades internas que se reflejan en la piel: unas uñas blancas pueden indicar una alteración renal; tonos violetas en los párpados dan pistas de una dermatomiositis (enfermedad de los músculos y la piel); un rosado excesivo ser signo de poliglobulia (exceso de glóbulos rojos); las palmas de la mano muy rojas pueden deberse a una enfermedad hepática; un tono anaranjado indicar un exceso de carotenoides... El tratamiento de todas ellas, nos indica la doctora Tévar, “no es dermatológico, sino el adecuado para la enfermedad interna de base: si tienes hepatitis, tendrás que curártela; si tienes hipotiroidismo, tomarás tiroxina… Y la doctora Guerra concluye recordándonos que la piel “nos da muchas pistas de cómo estamos de salud; ante un signo que nos preocupe, debemos acudir primero al dermatólogo. Así, en muchos casos, podremos conseguir un diagnóstico precoz”.

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