¿Qué es el asma?

El 70% de la población asmática en España no está controlada, y la polución y el invierno pueden agravar las crisis. Por eso, te acercamos esta enfermedad: aprende a identificarla y qué hacer.

El 70% de la población asmática en España no está controlada, y la polución y el invierno pueden agravar las crisis. Por eso, te acercamos esta enfermedad: aprende a identificarla y qué hacer.

 

“El asma es una enfermedad inflamatoria crónica de las vías respiratorias”, explica la doctora Eva Martínez Moragón, coordinadora del Área de Asma de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR).

 

Cursa con una obstrucción variable del flujo aéreo y “se caracteriza por episodios de dificultad respiratoria, tos, sibilancias (pitidos en el pecho) y opresión torácica. Estos episodios son generalmente reversibles, pero en ocasiones pueden ser muy graves e incluso fatales. Es una enfermedad crónica y persistente”.

Un problema que aumenta

Aunque se trata de una patología muy frecuente en el mundo, “varía según las zonas. Las estimaciones señalan que en nuestro país la prevalencia del asma infantil es del 10% y, entre los adultos, afecta aproximadamente a un 3% de la población. Además, la prevalencia del asma en los países occidentales, incluido España, está aumentando en los últimos años, probablemente en relación con el desarrollo industrial, y la previsión es que siga incrementándose”, indica Martínez.

 

En la importancia de esto coincide  Conxi Grau, presidenta de la Asociación de Asmáticos Madrileños (Asmamadrid):  “El asma se caracteriza por la estrechez de los bronquios al producirse su inflamación e irritación debido a la hiperrespuesta de estos a los agentes desencadenantes o a las partículas irritantes ambientales”.

¿Por qué aparece?

“La etiología exacta (es decir, las causas) se desconoce, pero existen diversos factores de riesgo para desarrollarlo”, dice la doctora.

 

Entre ellos destacan factores genéticos, perinatales (como la prematuridad o que la madre fume durante el embarazo), del propio individuo (ser atópico, tener obesidad, rinitis o menarquia precoz en las mujeres) y, por último, ambientales (como el tabaquismo, las infecciones respiratorias y los aeroalergenos del ambiente, especialmente del trabajo).

 

Pero, cuidado: como la doctora explica, “no debemos confundir los factores de riesgo para tener asma con los factores desencadenantes de sus síntomas. La importancia radica en que evitar estos últimos es parte del tratamiento de la enfermedad”.

 

¿Cuáles son? Martínez los enumera: “La polución atmosférica, las sustancias tóxicas (sobre todo las que se producen en ciertos ambientes laborales), los factores ambientales a los que una persona con asma puede ser alérgica (epitelio de gato, ácaros del polvo, polen, algunos alimentos, etc.) y diversos agentes infecciosos (virus, bacterias y hongos)”.

 

¿Cuáles son sus síntomas?

“Sobre todo, las sibilancias o pitos, seguidas de disnea (dificultad respiratoria), accesos de tos, opresión torácica”, dice Martínez.

 

¿Cuándo surgen? “Principalmente, por la noche y a primera hora de la mañana”, apunta la presidenta de Asmamadrid, que agrega: “La situación del enfermo se agrava ya que, al no disfrutar de un sueño reparador, el cansancio también interfiere en su actividad habitual”.

 

A pesar de esto y de que los síntomas son bastante típicos, no es suficiente para diagnosticar la enfermedad. Se necesitan pruebas diagnósticas objetivas (habitualmente, de función respiratoria). 

 

Ojo, se puede confundir con otros problemas

De ahí la importancia de realizar pruebas clínicas. “Por los síntomas puede confundirse con enfermedades de las cuerdas vocales, cardíacas o pulmonares (como las bronquiectasias o la EPOC), con inhalar un cuerpo extraño o con la ansiedad o hiperventilación”, dice la doctora.

 

¿Cómo influye el invierno?

La gripe o los resfriados pueden desencadenar episodios de asma en los pacientes sensibles. “El frío también. Por eso muchos asmáticos tienen más molestias en invierno que en verano. No obstante, las crisis pueden aparecer durante todo el año y dependen de la exposición alergénica individual y de los irritantes inespecíficos”, explica Martínez.

 

El tratamiento más eficaz

“Son los fármacos”, dice la presidenta de Asmamadrid. “El tratamiento farmacológico se establece según la gravedad del paciente y se ajusta de forma continua dependiendo de la misma”, dice la doctora.

 

Existen básicamente dos tipos de medicamentos: los de control o mantenimiento, “que deben administrarse a diario durante periodos prolongados”, y los de alivio, “que se usan a demanda para controlar los síntomas”, dice la doctora.

 

Los más importantes son los primeros, que incluyen corticoides inhalados, antagonistas de leucotrienos, tiotropos, anticuerpos monoclonales... “Además de esto, es muy importante no fumar y evitar inhalar cualquier desencadenante del asma”, agrega la doctora Martínez.

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