¿Qué Es el Índice Glucémico?

Seguro que lo has escuchado con frecuencia últimamente, pero ¿sabes qué es y qué mide?
Cuando tomamos cualquier alimento rico en hidratos de carbono (glúcidos), los niveles de la glucemia (así se llama la glucosa o azúcar en sangre) aumentan conforme se digieren y asimilan los diferentes almidones y azúcares que contiene dicho alimento. La velocidad a la que se digieren y asimilan los  alimentos está en función del tipo de nutrientes y de la cantidad de fibra que los componen y, a su vez, de la composición del resto de los alimentos presentes en el estómago e intestino durante la digestión (o del resto de los alimentos que tomamos con ellos). Estos son los aspectos que se valoran con el índice glucémico (IG). Y su interpretación es muy sencilla: los índices elevados significan que  los alimentos se absorben de forma muy rápida, y los índices bajos, una absorción paulatina o más lenta. Este índice es de gran importancia para los diabéticos, ya que deben evitar las subidas rápidas de glucosa en sangre.
¿Qué problemas puede ocasionar un índice glucémico elevado? Al aumentar rápidamente el nivel de glucosa en sangre se segrega insulina en grandes cantidades, pero como lel organismo no puede quemar toda esa glucosa, el metabolismo de las grasas se activa y se comienza a transformar ese exceso de glucosa en grasa. Esta grasa se almacena en las células del tejido adiposo. ¿Por qué ocurre esto? ¡Por superviviencia! Nuestro código genético está programado  para permitirnos sobrevivir mejor en periodos de escasez de alimentos. Pero en nuestra sociedad de superabundancia, en la que nunca llega el periodo de hambruna posterior al atracón de los primeros tiempos de nuestra historia, todas las reservas grasas se quedan sin utilizar o quemar y aumentamos de peso.
Un ciclo peligroso para la salud y el peso: tras la ingesta abusiva de hidratos, toda la insulina segregada consigue que el azúcar abandone la corriente sanguínea y, dos o tres horas después, el azúcar en sangre cae por debajo de lo normal, en picado, con lo que pasamos a un estado de hipoglucemia. Cuando esto sucede, el funcionamiento de nuestro cuerpo y el de nuestra mente no están sincronizados, y sentimos la necesidad de devorar más alimento (es una necesidad irreal). Si volvemos a comer más hidratos para calmar la sensación de hambre ocasionada por la rápida bajada de la glucosa, volvemos a segregar otra gran dosis de insulina, y así entramos en un círculo vicioso que se repetirá una y otra vez cada pocas horas. Este mismo proceso, a base de la suministración de dosis periódicas de insulina (a veces denominada 'hormona del hambre'),  es el que se aplica al ganado para conseguir que engorde de forma artificial y rápida a base de suministrarle dosis periódicas de insulina.
¿Cómo podemos escapar de este ciclo? Sobre todo evitando alimentos ricos en azúcares refinados y grasas artificiales (bollería industrial, refrescos, snacks...). No se trata de renunciar a ellos drásticamente, al no ser que seamos diabéticos, pero sí de reducirlos bastante y de combinarlos con otros que tengan un índice glucémico bajo para contrarrestar el suyo cuando los tomemos. Evita también tomarlos como merienda o a media mañana, ya que éstas son tentempiés en los que solemos comer sólo un alimento y, si resulta que es un bollo de azúcar, la insulina se dispara.
Para conocer el IG de los alimentos, descarga el pdf.

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