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Razones por las que has engorado este verano

Si las listas de consejos para adelgazar en septiembre han fracasado año tras año, quizá cambiando la estrategia podamos conseguir mejores resultados, y para ello nada mejor que analizar los errores cometidos.

Helados de verano
Helados de verano (Foto: depositphotos)

Los burpess, sentadillas, flexiones y abdominales del confinamiento, esos con lo que casi tiras el salón de tu casa abajo, sirvieron para perder unos kilos de cara al verano y para no perder la cabeza ante la que teníamos encima, pero llegó el verano y pasó lo de casi siempre, pandemia mediante o no, y la báscula ha vuelto a dictar sentencia llegado septiembre. Como listas de consejos para volver a bajar de peso ya habrás leído cien o doscientas y no te ha servido en años pasados, vamos a cambiar de estrategia repasando los errores cometidos. Quizá así puedas evitar tropezar en la misma piedra por enésima vez. Toma nota... siempre y cuando quieras ponerle remedio, claro. 

Abrir la boca de más

Si quieres no coger peso, la receta es clara: cerrar el pico y hacer ejercicio. Lo primero no quiere decir que no comas, algo que es a todas luces desaconsejable por supuesto, pero sí ajustar las cantidades de comida a las recomendadas por los expertos en alimentación. No puedes preparar macarrones para dar de comer a cuatro si en la mesa os sentáis dos o tres personas, por citar un ejemplo habitual.

El peligro de las entrehoras

Ya no es el aperitivo, que en verano es un pilar fundamental de la felicidad de muchas personas. Es lo que viene detrás del aperitivo y entre las comidas. Picoteo por allí, picoteo por allá, y casi nunca es un puñadito de frutos secos o unos crudités, ¿verdad?

La nevera llena de lo que no debes

Se puede llenar con fruta fresca y agua o con cerveza y bebidas azucaradas, a lo que suele acompañar otra bolsita de mano con sus patatas fritas de rigor. Un día así en la playa o la piscina mola, pero cuando se convierte en rutina ni todo el deporte del mundo puede parar el tsunami…

Las barbacoas

Mira que hemos moderado, en general, las reuniones masivas este verano, pero a poquito que hayas encendido la barbacoa de casa o hayas acudido al olor de la leña de la tu amigo o hermano, la cosa se ha complicado. Porque en este tipo de reuniones no vale con comprar un par de ramilletes de espárragos trigueros para disimular los cinco kilos de carne que tenéis calentando motores en la nevera. No se trata de no hacer barbacoas o reuniones alrededor de una buena mesa en verano, sería un sacrilegio, sino de equilibrar el menú y controlar los líquidos que se ingieren. 

Dejar de hacer ejercicio

Si la tendencia en verano es la de comer y beber más y movernos menos, la ecuación ya está resuelta y solo tiene un resultado posible: engordar. Podemos hacer muchos esfuerzos por comer mejor, y sin duda alguna te ayudarán a no coger peso, pero no te olvides el próximo de verano de la vida activa. Por lo menos de un paseíto diario a buen ritmo, que no cuesta tanto.

Los caprichos de vacaciones

También se puede meter en el mismo saco los de “si estamos en vacaciones”. El helado de después de comer pasa de ser una excepción a no poder vivir sin él, y a eso se le suman unos churros en el desayuno o unos croissants recién hechos y el aperitivo. Y todavía te queda toda la tarde y la noche por delante para seguir pasándote de largo con las calorías.

Los horarios descontrolados

No somos los españoles ejemplo de buenas rutinas en cuanto a los horarios de las comidas, pero lo de verano clama al cielo. Comer a las 4 de la tarde o cenar a las 11 de la noche se convierte casi en un placer para muchas familias. También hacerlo cada día a una hora distinta. Evidentemente, cada uno en sus vacaciones debe hacer lo que quiera, pero sí debe saber que este tipo de hábitos tienen relación directa con la mala alimentación y por ende con los kilos de más.

Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

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