Reduflación: Cómo suben los precios de la comida sin que lo notes

Los precios no dejan de subir y subir. Se nota claramente en la cesta de la compra, sobre todo en algunos productos como los aceites o la carne. Sin embargo, hay otros productos que parecen resistir a la subida de precios ¿o en realidad suben pero no nos damos cuenta? En este artículo hablamos de una estrategia que se ha puesto muy de moda últimamente: la reduflación.

La cesta de la compra ha subido una barbaridad en los últimos meses. Muchos productos han subido de precio a consecuencia de la crisis que vivimos. Y es que se han unido la guerra de Ucrania, el encarecimiento de la energía y la escasez y aumento de precio de las materias primas, aunque en realidad viene a estar todo muy relacionado.

Todo esto se nota sobre todo en productos como el aceite de girasol, que ha pasado de costar apenas un euro y medio a superar los tres euros. O en el aceite de oliva, que ha subido un euro por botella en muy poco tiempo. Sin embargo, parece que otros productos se resisten a la subida y cuestan lo mismo que hace meses. ¿Cómo es posible que los productores mantengan los precios cuando se han encarecido las materias primas y la energía necesarias para la fabricación de esos alimentos?

¿Qué es la reduflación?

Reduflación
Foto: Istock

En muchos casos encontramos la respuesta en una palabra que últimamente se ha puesto de moda: reduflación. Se trata de un palabro que viene de la unión entre “reducción” e “inflación”, así que esto ya nos da una pista de lo que significa. Viene a ser una estrategia seguida por algunos productores para subir los precios sin que los consumidores lo notemos.

Consiste concretamente en reducir el contenido que se vende en cada envase, mientras se mantienen los precios. Por ejemplo, si antes un paquete de espaguetis costaba un euro y contenía 500 gramos de producto, ahora sigue costando un euro, pero solamente contiene 450 gramos. Así la inflación responsable del aumento de los precios pasa desapercibida en estos productos.

Lo más preocupante es que es difícil que lo notemos porque en algunos casos ni siquiera se cambia el tamaño del envase. Por ejemplo, una marca de cacao en polvo que antes se vendía en un envase de 800 gramos, ahora contiene 760 gramos de producto, pero eso solo lo advertiremos si leemos la etiqueta, porque el envase es exactamente el mismo que antes.

También es complicado que nos demos cuenta porque normalmente no nos fijamos en la cantidad que contienen los envases, así que no nos acordamos si hace un año ese producto se vendía en formato de 800 gramos o de 760 gramos.

¿Qué podemos hacer para sortear la reduflación?

Precios y reduflación
Foto: Istock

Hay debate sobre si esta controvertida estrategia es ética. Pero lo que está claro es que es legal. Eso sí, siempre que se indiquen correctamente las cantidades en el envase. Es en esto precisamente en lo que tenemos que fijarnos a la hora de hacer la compra para saber lo que estamos comprando.

Es particularmente importante en algunos productos. Por ejemplo, muchas marcas de jamón loncheado destacan el precio en el envase para llamar nuestra atención (por ejemplo “1€”). Si solo nos fijamos en eso, podemos pensar que todas cuestan lo mismo, pero si leemos la cantidad, veremos que no es igual en todos los sobres (por ejemplo, los hay de 100 g, de 125 g, etc), así que en realidad unas son más caras que otras.

También es importante observar la cantidad en determinados productos que abultan más de lo que realmente contienen. El ejemplo más clásico son las bolsas de patatas fritas, que parecen contener más aire que patatas. Aunque en este caso hay un buen motivo para ello. Lo que ocurre es que estos productos se envasan en atmósfera protectora, es decir, se introducen gases inocuos (por ejemplo, nitrógeno) para protegerlos y que no se pongan rancios. Así de paso esa cámara de aire protege las patatas de los impactos, evitando que se rompan.

Por último, es fundamental que nos fijemos en el precio del producto por unidad de venta, una información que debe mostrar el comercio de forma obligatoria. Podemos verlo en las estanterías de los supermercados junto al precio por envase (dice, por ejemplo, “el kilo le sale a 3€”). Así podremos comparar los precios de diferentes marcas o productos sin perder la cabeza haciendo cuentas.

Miguel Ángel Lurueña

Miguel Ángel Lurueña

Soy Doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos e Ingeniero Técnico Agrícola (Esp. Industrias Agrarias y Alimentarias) y me dedico a la divulgación científica en materia de alimentos desde hace más de 10 años. Soy autor de la web Gominolas de petróleo y del libro ‘Que no te líen con la comida’ (Ed. Destino, 2021). Colaboro habitualmente con diferentes medios de comunicación, como El País, Radio Nacional de España, Maldita.es o Consumer e imparto formación en diferentes organismos (p.ej. Universidad de Oviedo). Antes de todo eso, trabajé en la Universidad de Salamanca como profesor, donde realicé diferentes proyectos de investigación que me permitieron publicar varios artículos en revistas científicas. Después trabajé como autor de materiales docentes para diferentes organismos (p.ej. Ministerio de Educación) y como consultor independiente para industrias alimentarias.

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