Reproducción asistida, todo un reto psicológico

Siempre se habla del coste físico y económico de los tratamientos de infertilidad. Pero casi nadie menciona el coste anímico que suponen. Si aprendes a combatirlo, antes lo superarás.

Siempre se habla del coste físico y económico de los tratamientos de infertilidad. Pero casi nadie menciona el coste anímico que suponen. Si aprendes a combatirlo, antes lo superarás.

 

"Los niveles de ansiedad y depresión que sufren las mujeres con infertilidad son equiparables a los del paciente oncológico", afirma el estudio EFESO, dirigido por Isidoro Bruna, miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF).

 

¿Una exageración? En absoluto. Los datos de la investigación indican que más del 10 % de las mujeres sometidas a TRA (técnicas de reproducción asistida) sufre depresión, y el 22,2 %, ansiedad. Y es que acumulan distintos tipos de estrés: el social y cultural (por todas las ideas preconcebidas sobre lo que debe ser la maternidad); el originado por el trabajo; el que le crea físicamente el tratamiento de fecundidad y, por último, el que genera tener que desembolsar tanto dinero. Estas son las fases del calvario psicológico que vive una de cada seis parejas en España.

 

Cuando descubren que no pueden: resentimiento

“Aunque ni la misma familia de los implicados lo entienda, esto es un duelo, el duelo por tu propia genética. Esta angustia no se puede comprender hasta que se vive”, explica la psicóloga Pilar Dolz, del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI). A pesar de ello, sólo 100.000 parejas dan un paso adelante y se ponen en manos de especialistas. Cuando descubren que no pueden tener hijos de forma natural, lo primero que hacen las afectadas es negarlo. Luego vienen el enfado y la sensación de injusticia y, tras estos sentimientos, la aceptación y la petición de ayuda. “Si la mujer se queda en la rabia, no resolverá el problema”.

 

La solución: según los psicólogos expertos, hay que dejar pasar tiempo y ver cómo evolucionan las distintas fases anímicas, procurando no quedarse en ninguna. Ten en cuenta que, según un estudio del Instituto de la Familia norteamericano, la infertilidad de uno o de los dos miembros de la pareja es uno de los principales motivos que conducen al divorcio. Y aunque las mujeres solemos llevarnos la peor parte en la infertilidad, no hay que olvidar a los hombres. “También lo pasan mal”, continúa Dolz, “y, salvo que estén fatal, no suelen pedir ayuda”.

Durante el tratamiento: ansiedad y soledad

Aunque la pareja ya ha dado un paso adelante psicológicamente, ella pasa por un tratamiento hormonal que genera mucha ansiedad. “En esta etapa, la mujer que antes leía ya no lee; si le gustaba salir, deja de hacerlo. Se centra exclusivamente en el tratamiento. Por el contrario, ellos canalizan el dolor por la falta de paternidad haciendo más deporte, trabajando más...”; es decir, los hombres lo gestionan de forma más efectiva, quizás por eso sufren menos. ¿Es mejor decirlo u ocultarlo? “Depende del contexto; si tiene un ambiente libre y comprensivo, decirlo alivia; pero en una sociedad cerrada, a veces el secreto viene bien”, señala la experta.

Cosas que ayudan: “Elegir a una persona ajena para compartir el asunto sirve para sentirse mejor durante esta fase hormonal. También, ‘preparar el comportamiento’; es decir, anticiparse a lo malo y planear cómo reaccionar cuando vengan las dificultades del tratamiento”, dice Natalia Romera, responsable de psicología del Instituto Bernabeu de infertilidad. Ojo con la ‘betaespera’: es el periodo que va desde la transferencia embrionaria hasta la prueba de embarazo y, sin duda, el momento más duro de todo el proceso. Durante esos 15 días, en el IVI recomiendan “programar cosas placenteras para mantenerse ocupado”.

 

En la gestación: miedo

Las clínicas de fertilidad basan sus resultados en lo que llaman “niño en casa”; es decir, no se centran en la concepción, sino en que ésta acabe felizmente (según datos de la Sociedad Española de Fertilidad, hay un 20 % de embarazos por TRA que termina en aborto, una cifra similar a la de los que suceden de modo espontáneo). Y, en concreto, el embarazo fruto de una Fecundación in Vitro es más delicado que el natural y tiene más riesgo de problemas genéticos. Quienes recurren a estas técnicas lo saben y lo sufren. El objetivo de los psicólogos especializados es intentar que las parejas asuman el proceso como normal. Lo más efectivo en esta etapa para salvaguardar nuestra salud mental es, como dice la psicóloga del IVI, “pensar que cada día que pasa el feto es más fuerte y que estamos más cerca de la meta”

Razones emocionales por las que no lo consigues

Muchas infertilidades se deben a causas desconocidas (más del 20 %) o a una incompatibilidad entre la pareja (una de cada siete). Hay miles de parejas que, tras tener un primer hijo por inseminación, luego conciben naturalmente el resto de sus hijos. Las causas psicológicas (es decir, esterilidad psicogénica), a veces, están detrás de su infertilidad. Estas son las más frecuentes:

 

1.Miedo inconsciente a tener un hijo (bien por el parto, por no saber cuidarlo, por quedarse en segundo lugar en la relación o por tener que replantearse el trabajo). 2. No haberse recuperado totalmente de un trastorno de alimentación. 3. Situación de estrés o ansiedad generada por el trabajo, por conflictos familiares o de pareja. 4. Problemas a caballo entre lo físico y lo psicológico: tabaquismo, obesidad y consumo excesivo de alcohol dificultan, en gran medida, el embarazo.

También te puede interesar:

Continúa leyendo