¿Retienes líquidos? Qué lo produce y cómo evitarlo

Si tienes la sensación de estar hinchada, te cuesta quitarte los anillos o ves que los tobillos tienen dos veces su tamaño habitual, lo más seguro es que se trate de retención de líquidos.

  • Autor: Laura Revilla

Nuestro cuerpo está compuesto de agua en, aproximadamente, un 70 %. El organismo consigue que esta cantidad de agua esté equilibrada de forma natural. El problema aparece cuando este proceso no se realiza de forma correcta y produce una acumulación excesiva de fluido en el sistema circulatorio que provoca la retención.

Qué lo provoca

Sus causas son múltiples y pueden variar de una persona a otra. Los principales motivos son:

  • El calor, que hace que los vasos sanguíneos se dilaten y los deja más porosos, lo cual favorece la salida del agua de los vasos e impide que los tejidos puedan absorberla.
  • La inmovilidad prolongada favorece la aparición de retención de líquidos, ya sea porque se está mucho tiempo sentado o bien de pie.
  • Una alimentación en la que se abuse de la sal o azúcar, o muy pobre en proteínas.
  • Desequilibrios hormonales durante los días previos a la menstruación o llegada de la menopausia.
  • Medicamentos como corticoides, antihipertensivos, tratamientos neurolépticos y tratamientos hormonales.
  • Algunas enfermedades, como la insuficiencia renal, venosa o cardíaca alteran el sistema de regulación de fluidos y provocan edemas.

La importancia de la dieta

A diferencia de lo que muchas personas creen, hidratarse es uno de los mejores remedios para este mal. Cuanta más agua bebas, más líquidos conseguirás eliminar. Si te cuesta beber agua, puedes optar por consumir infusiones en ayunas.

Algunas de las que tienen más propiedades diuréticas son las de perejil, enebro, hojas de olivo, cola de caballo, caldos de puerro, espárragos y pepino. Además, se aconseja la ingesta diaria de unos 400 gramos de alimentos ricos en potasio, como el aguacate, el plátano, el perejil, la albahaca o las algas. También de alimentos bajos en sodio, como manzanas, cerezas, piña y peras. Es muy beneficioso incluir en tu dieta alimentos como el arroz, la avena, la patata y la soja.

No olvides hacer ejercicio 

Además de cuidar nuestra alimentación, es esencial mantener un estilo de vida activo. Cualquier actividad en la que haya que mover las piernas facilitará el trabajo de los riñones. Si trabajas sentada, debes levantarte, al menos, una vez cada hora y andar por tu espacio de trabajo.

Si no puedes hacerlo, intenta mover los dedos de los pies hacia arriba y hacia abajo, para que los músculos de las piernas ejerzan una acción de bombeo. También es recomendable evitar la ropa ajustada. Viste lo más cómoda posible y evita los calcetines elásticos que opriman el tobillo.

Recurre a los drenajes

Los drenajes linfáticos manuales son unos masajes con los que se presionan las zonas adecuadas dirigiendo la presión hacia la linfa (el líquido que se queda coagulado), con el objetivo de disminuir e, incluso, eliminar la retención de líquidos.

Existen otras técnicas, como la presoterapia, en la que se utiliza una especie de traje que cubre piernas, brazos, abdomen y que se hincha y deshincha ejerciendo presiones progresivamente. De esta manera, se consigue estimular la circulación.

Otro de los aliados para combatir este problema son los fármacos diuréticos. Sin embargo, antes de hacer uso de ellos, es necesario acudir a un médico, y que sea él quien los prescriba, a pesar de que pueden adquirirse en la farmacia sin receta.

Piernas...¡En alto!

Con la llegada del verano y las altas temperaturas, estas molestias se acrecientan. Por eso:

  • Evita el calor del sol, de las saunas o los baños muy calientes.
  • Acuéstate sobre el lado izquierdo para dormir, con las piernas en alto poniendo una pequeña almohada bajo los pies.
  • Toma, al menos, dos duchas diarias en las piernas, intercalando agua fría y templada. Esto estimulará la circulación mientras descansan.

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