¿Sabemos escuchar?

Muchas veces tenemos problemas de comunicación. Debemos plantearnos si no somos capaces de solucionar esta barrera o quizás no queremos.

Muchas veces tenemos problemas de comunicación. Debemos plantearnos si no somos capaces de solucionar esta barrera o quizás no queremos.

 

¿Quién no se ha sentido alguna vez atacado por un simple comentario? ¿Cuántas parejas, amistades o relaciones de trabajo se han distanciado e, incluso, roto definitivamente porque alguna de las partes (o ambas) no han sabido escuchar o no se han sentido escuchados?

 

Es curioso que una de las mayores habilidades del ser humano, la comunicación, pueda convertirse en ciertas ocasiones en una barrera infranqueable a la hora de transmitir y recibir sentimientos y emociones.

Algo tan sencillo como escuchar puede resultar una ardua tarea cuando nuestro único afán es vomitar nuestras propias quejas ("huy, pues yo peor..." "Pues a mí ni te cuento...") y cuando estamos más pendientes de tener una respuesta en la recámara por sí en algún momento (que seguro que llega) nos sentimos atacados.

 

Una escucha activa y un pequeño esfuerzo por empatizar con nuestro interlocutor podría ahorrarnos muchos disgustos. Eso sí, siempre y cuando deseemos que esa relación se mantenga en buenos términos y el coste emocional al recibir ese torrente de emociones y sentimientos sea nulo.

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