¿Sabes Cuáles son los Antibióticos del Futuro?

Piel de rana, saliva de dragón de Komodo, virus ‘comebacterias’... Son los ingredientes que los investigadores buscan para elaborar los nuevos antibióticos. ¿La razón? Hemos abusado tanto de los actuales que las bacterias se han vuelto resistentes y eso los hace menos eficaces. Así que hay que recurrir a medicinas de ‘la farmacia natural’.

La automedicación, el abandono del tratamiento en cuanto los síntomas han desaparecido -sin darnos cuenta de que continúa habiendo bacterias que pueden crear resistencias- y el abuso en las prescripciones están detrás de la pérdida de eficacia de los antibióticos, un problema sanitario que ha llevado a Margaret Chan, la directora de la OMS, a hacer un llamamiento global: “A menos que se tome conciencia de la importancia de la resistencia a los medicamentos, nos dirigimos hacia un mundo sin antibióticos”.
Está claro que hay que hacer un uso racional de ellos, pero, dado que esto puede no ser suficiente, cada vez hay más científicos investigando formas más eficaces para luchar contra las infecciones bacterianas. “Si penicilinas y demás dejan de funcionar, habrá que encontrar otras opciones...”, explica Luis Rivas, del departamento de Microbiología Molecular del Centro de Investigaciones Biológicas del CSIC. Se trata de encontrar los que serán los ‘antibióticos del futuro’, y en este sentido se están llevando a cabo dos interesantes líneas de investigación.

ANTIMICROBIANOS de origen natural.
Luis Rivas y su equipo investigan sobre la capacidad que tienen los animales de defenderse de las invasiones por patógenos. Y nos cuenta: “Hay unas proteínas naturales llamadas péptidos antimicrobianos que son la primera barrera defensiva del organismo y, como tal, se suelen encontrar en la piel o en aquellos fluidos corporales que, como el sudor, las lágrimas o la saliva, establecen el primer contacto con los microorganismos causantes de las infecciones. Su gran ventaja es que, en general, tienen actividad sobre numerosos grupos de bacterias y que, además, a éstas les resulta muy complicado desarrollar resistencias frente a ellos”.
Desde el CSIC se está trabajando con dos péptidos, uno obtenido de la mariposa de la seda americana y otro del veneno de la abeja, para conseguir un preparado que combata al Acinetpbacter baumanii, un patógeno que suele estar presente en las UCIs y que puede ser muy dañino, puesto que desarrolla resistencias a todo tipo de antibióticos convencionales. Asimismo, el doctor Rivas también está trabajando con un péptido antimicrobiano que puede matar al parásito de la leishmaniosis y que se encuentra en la saliva humana. Porque lo que se ha visto es que “estos ‘nuevos antibióticos’ están presentes en todos los organismos pluricelulares y, por tanto, también en los humanos”.

VIRUS que 'comen' bacterias.
La segunda vía de investigación en la búsqueda de los antibióticos del futuro ha echado la vista atrás: a principios del siglo XX, y especialmente en los países del Este, se investigaba sobre unos organismos llamados ‘fagos’, a los que de forma sencilla podríamos describir como ‘virus que se comen a las bacterias’ (el nombre completo es ‘bacteriófagos’). Pero la investigación se abandonó en el momento en que la penicilina y demás antibióticos hicieron su aparición. “Y ahora, cuando se ha visto que estos medicamentos no son omnipotentes, se ha retomado el interés por ellos”, explica Ernesto García, también del Centro de Investigaciones Biológicas del CSIC.
¿De qué manera pueden curar estos virus? García señala que el fago “inyecta su material genético en la bacteria y se multiplica dentro de ella hasta que ésta se rompe y estalla, liberando todos los fagos que tenía en su interior, que pasan a infectar a otras bacterias”. Estos organismos tienen enormes posibilidades frente a los antibióticos tradicionales: por una parte, su elevadísimo número, ya que se calcula que puede haber hasta unos mil millones de fagos por mililitro de agua de mar; por otra, el proceso de purificación es mucho menos complicado que el de un antibiótico convencional. Pero, probablemente, la mayor ventaja es que, como explica García, “son muy específicos. Mientras la inmensa mayoría de los antibióticos mata de forma indiscriminada todos los microorganismos y tiene efectos secundarios que hay que tener en cuenta, los fagos actúan de forma selectiva y sólo atacan a la bacteria a la que se quiere matar. Esto, no obstante, es un arma de doble filo ya que, hasta que se puede hacer una identificación precisa de qué bacteria está infectando a ese individuo, pasa tiempo y hay que utilizar lo que se denomina ‘cóctel de fagos’. Porque no se sabe realmente con qué se va uno a encontrar”.

En busca de NUEVAS TERAPIAS.
Por el momento, las investigaciones se están centrando en animales, y el salto a humanos requiere de rigurosos ensayos clínicos previos. El doctor Rivas apunta que hay un problema principal, que es el coste. “La síntesis de péptido es hoy mucho más cara que la de cualquier antibiótico convencional. Ahora bien, si están dejando de funcionar los otros..., el coste puede ser un inconveniente secundario”.
En cuanto a los fagos, que están por todas partes, García no sabe “si las multinacionales estarían por la labor, ni tampoco las autoridades. Requiere dinero y una toma de conciencia por parte de los políticos para que financien e incentiven la investigación de nuevos antibióticos. Pero lo que está claro es que están empezando a fallar las reservas terapéuticas que tenemos y que cada vez es más frecuente encontrar bacterias que no tienen tratamiento”.

LOS ANIMALES a investigación.
-Moléculas milagrosas en cucarachas y dragones de Komodo. Una reciente investigación señala que los cerebros de las cucarachas y de las langostas tienen hasta nueve moléculas capaces de matar a más del 90% de las cepas más resistentes
del estafilococo o a la E. Coli sin dañar las células humanas.
Por su parte, la saliva del dragón de Komodo puede dar con las claves de la inmunidad ante numerosas infecciones.
-Proteínas contra infecciones en la piel de los hipopótamos. En las secreciones cutáneas de los hipopótamos hay unos péptidos gracias a los cuales –pese a vivir hacinados, removiendo las heces con la cola e hiriéndose con frecuencia– eluden las infecciones.

Por: María Corisco.

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