Sardinas. Nutrición en Lata

Son una auténtica mina de nutrientes esenciales para el organismo, con valores que superan muchas veces los de los productos frescos. Además, incluyen 'de fábrica' una serie de ventajas incuestionables: puedes tenerlas siempre a mano (porque no son perecederas) y están limpias y listas para comer. ¡Toma nota!
-Tienen mucho fósforo:  430 mg en 100 g (270 mg si son frescas), la mitad de la cantidad diaria recomendada. Este mineral es indispensable para la actividad nerviosa y muscular.
-¿Grasas? Sí, pero de las que protegen el corazón. Son un pescado azul, así que son ricas en ácidos grasos omega 3, que previenen las enfermedades cardiovasculares. Un efecto que aumenta si se conservan en aceite de oliva, que contiene ácido oléico, también cardiosaludable.
-Aportan mucho calcio, tanto que 100 g  proporcionan la misma cantidad que un vaso de leche. Además, el tratamiento térmico al que son sometidas las conservas hace que su espina se ablande y el mineral pase a la carne, alcanzando los 300 mg, un valor bastante superior a los 50 mg que te aportan 100 g de sardinas frescas.
-Vitamina D: es imprescindible para absorber bien el calcio de los alimentos, y también la contienen.
-Además, no tienen fecha de caducidad. Según el Centro de Información de la Conserva Enlatada, después de la fecha de ‘consumo preferente’ que aparece impresa en la lata, la conserva puede perder gusto, textura o apariencia, pero no entraña riesgo. De hecho, hay quien mantiene que las sardinas en aceite mejoran con el tiempo. Por otra parte, la lata es el envase más adecuado para proteger las vitaminas de los efectos negativos de la luz, por lo que mantienen mejor sus propiedades.

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