Soy adicta al sexo

¿Todo en tu vida gira en torno a cómo hacerlo o conseguirlo? ¿Le das prioridad sobre cualquier otra área de tu vida? Quizá haya llegado la hora de pedir ayuda.

¿Todo en tu vida gira en torno a cómo hacerlo o conseguirlo? ¿Le das prioridad sobre cualquier otra área de tu vida? Quizá haya llegado la hora de pedir ayuda.

 

La adicción al sexo (también llamada hipersexualidad), se define, entre otras cosas, por la frecuencia urgente e irrefrenable de actividad sexual. Pero no solo por eso. “Para que una libido elevada pueda ser sinónimo de adicción”, explica la psicóloga y sexóloga Marián Ponte, “deben darse otras circunstancias, como que la persona pierda el control y que al terminar el acto sienta más vacío que satisfacción. También que esa persecución del placer esté minando toda su vida”.

 

Saber diferenciar

Dicho de otra forma: si gozas de una libido alta y la disfrutas, no tienes un problema de adicción. En cambio, si tu vida gira en torno al sexo y eso afecta a tu día a día; o si tienes una necesidad compulsiva de tener relaciones hasta un volumen incontrolable y eso te provoca malestar, sí, lo tienes. “Estamos hablando de gente que comienza a sentir culpa o vergüenza ante lo que le pasa, pero que a la vez no pueda evitar hacerlo una y otra vez, con lo cual entra en un círculo vicioso del que cada vez le cuesta más salir”, afirma Ponte.

 

Vacío emocional

“El mecanismo no es muy diferente de la adicción al alcohol, por ejemplo. Se obtiene una satisfacción momentánea, que da paso a un fuerte sentimiento de culpa, que a su vez solo se calma mediante un nuevo acto”. ¿Pero por qué ocurre esto? “Detrás siempre hay una carencia afectiva, un problema de fondo que puede tener diversos orígenes -abusos sexuales, disfunciones, sexualidad poco vinculada a lo emocional...-”.

Un problema en aumento

Lo que también hay es una vida que cada vez se complica más: aparecen problemas en el trabajo, en la relación de pareja (cuando la hay), económicos... “Antes, cuando muchos adictos recurrían a los teléfonos móviles para saciar sus impulsos, había gente que se endeudaba más de lo que podía y tenía verdaderos problemas”, dice la sexóloga. Ahora esto sucede menos, pero a cambio el problema ha aumentado. “Cada vez hay más gente adicta al sexo porque la Red lo ha puesto muy fácil: cualquiera puede acceder a todo tipo de contenidos o de contactos casi sin que le cueste nada”. Y en cuanto a las cifras, aunque no las hay oficiales, los especialistas estiman que rondan el 6 %, con una incidencia un poco más elevada en hombres que en mujeres.

 

Recuperar el control

“El objetivo de la terapia es lograr que la persona recupere poco a poco el control de todas las áreas de su vida (social, económica, laboral…)", explica Marián Ponte. Hay quien opina que, como en el caso de otras adicciones, debe prohibirse por completo el contacto con el sexo durante el tratamiento (esto es más frecuente en Estados Unidos). Otros especialistas creemos que no, porque lo que se consigue así es incrementar el deseo. De lo que se trata es de dar herramientas para poder admitir poco a poco lo que pasa, lo mucho que se está perdiendo...”. 

 

Por otra parte, los familiares de estas personas deben saber que esto es algo serio, que ellos sufren mucho, que no están todo el día pegados a webs porno o viendo páginas de sexo en el móvil porque les apetezca, sino porque no lo pueden evitar,” dice la especialista. Sin ayuda profesional, el adicto se va cargando de sentimientos negativos y de ahí pasa a conductas autodestructivas o de riesgo, como tener sexo con desconocidos o prácticas sin protección. Se va aislando cada vez más y cada vez siente más miedo: de que lo descubran, de perder el trabajo o los amigos. Además, llega un momento en que necesita dosis más fuertes no ya para sentir placer, sino para soportar la situación.

 

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