¿Te duelen las articulaciones? Quizá sea artritis reumatoide

Se trata de una enfermedad autoinmune que se caracteriza por la inflamación crónica de las articulaciones. Afecta entre dos y tres veces más a mujeres que a hombres.

Lunes. Son las 7 de la mañana y suena el despertador. Marta no puede levantarse de la cama, la rigidez matutina no la deja moverse. Por fin, una media hora más tarde, consigue poner los pies en el suelo. Tarda unos minutos en abrir el grifo y regular la temperatura del agua antes de ducharse y pide ayuda a Blanca, su hija mayor de 7 años, para que prepare el desayuno de su otra hija pequeña, Lucía, de 4 años. Se viste con dificultad, tiene que pedir ayuda a su marido para que le abroche el sujetador y solo logra subirse la cremallera después de un par de intentos. Por fin, sobre las 9, consigue salir de casa para ir a trabajar, pero su rigidez articular la acompañará el resto del día. 

Esta rutina diaria es la que tiene que padecer cualquier paciente con artritis reumatoide, una enfermedad que afecta a cinco de cada mil personas en España (sobre todo a mujeres) y que aumenta cada año con 20.000 nuevos casos.

 

 

¿Qué es?

La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad autoinmune caracterizada principalmente por la inflamación crónica de las articulaciones, que provoca progresivamente distintos grados de deformidad en ellas y limitaciones en la vida diaria.

“Esta patología puede causar daños en cartílagos, huesos, tendones y ligamentos de las articulaciones”, explica Rosario García de Vicuña, jefa de reumatología del Hospital La Princesa de Madrid.

La pérdida de movilidad articular en manos, pies, muñecas, hombros, codos, caderas y rodillas son sus síntomas más comunes.

¿Por qué se produce?

Son varios los factores que afectan al desarrollo de la enfermedad. Existe una predisposición genética, no de un solo gen, sino de múltiples, muchos de los cuales aún se desconocen. Por otro lado, los antecedentes familiares constituyen un elemento de riesgo a tener en cuenta (si alguno de nuestros padres o hermanos padecen una artritis reumatoide, nuestro riesgo de sufrirla pasa del 0,5 % de la población general al 4 %).

El tabaquismo y el estrés también influyen en el desarrollo de la enfermedad. Además, se ha demostrado que la artritis reumatoide es más frecuente en personas obesas, mientras que una dieta rica en pescado azul contribuye a disminuir la intensidad de la inflamación articular.

Detectarla a tiempo

Diagnosticar la artritis reumatoide en un estadio precoz es fundamental para que no vaya a más y nuestras articulaciones se vean dañadas lo menos posible. Diversos estudios señalan que diagnosticar y tratar la AR en los tres primeros meses de desarrollo favorecerá la remisión de la patología.

Es muy importante que acudas a la consulta cuanto antes si sufres dolor, rigidez, hinchazón y/o pérdida de la movilidad durante bastante tiempo en cualquier articulación del cuerpo (dedos de la mano o del pie, codo, hombro, cadera, esternón o incluso cervicales).

En muchas ocasiones, los pacientes con artritis reumatoide señalan que cuando presentaron los primeros síntomas creían que se trataba de un problema concreto (como el codo de tenista), pero cuando el dolor articular se prolonga en el tiempo o incluso cambia la zona articular de tu cuerpo en donde lo sufres, debes cuestionarte si estás padeciendo los síntomas de esta enfermedad y visitar a tu médico.

Diagnosticar a tiempo la AR repercute de manera directa en la calidad de vida del paciente y en mantener su independencia y autonomía durante más tiempo a lo largo de su vida.

Embarazo

Las mujeres deben planificarlo y coordinarlo con su reumatólogo antes de intentarlo, ya que algunos de los fármacos que se administran pueden tener efectos secundarios para el embrión. No obstante, el 50 % de las mujeres mejoran espontáneamente de la enfermedad durante el embarazo (aunque se les haya retirado la medicación).

Tratamiento

Actualmente no existe cura, todos los medicamentos que se administran son para frenar la progresión de la enfermedad y ayudar a remitir el dolor. 

Hay cuatro grandes grupos de fármacos útiles: los antiinflamatorios no esteroides, los glucocorticoides, los antirreumáticos sintéticos convencionales y los biológicos. En la mayoría de los casos, los pacientes comienzan tomando medicamentos de los dos primeros grupos conjuntamente con un antirreumático convencional. Si el paciente no responde, pasa al cuarto grupo terapéutico.

Aunque estos fármacos reducen la rigidez y el dolor, no frenan la destrucción de las articulaciones.

Pronóstico

En los últimos 15 años se han producido avances notables en el diagnóstico y tratamiento de la artritis reumatoide, lo que ha permitido cambiar el pronóstico de la enfermedad. Aunque es cierto que solo uno de cada cuatro pacientes con AR tiene una respuesta completa de remisión, este porcentaje señala que el objetivo terapéutico es posible. Algunas personas pueden incluso mantener una calidad de vida aceptable a pesar de no lograr la remisión, porque su enfermedad presenta una baja actividad.

El objetivo que se busca con los medicamentos es aliviar el dolor y la inflamación, prevenir más daños articulares y restaurar las alteraciones funcionales que la enfermedad produjo. Actualmente existen nuevas líneas de investigación de fármacos dirigidas a estos fines.

Macarena

Macarena Orte

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