¿Tienes Bruxismo

Alrededor del 70 % de los españoles sufre bruxismo, es decir, aprietan o hacer rechinar los dientes por nervios o tensión. Es un problema que se ha agravado con la crisis económica (concretamente, ha subido un 30 % desde su inicio), según un estudio de este mismo año de la Clínica Curull, de Tarragona. Por eso, te decimos qué es y cómo prevenirlo y tratarlo.

¿DE QUÉ SE TRATA Y QUÉ CLASES HAY?
“El bruxismo es el hábito involuntario de apretar o hacer rechinar los dientes sin que se tenga algo que masticar en la boca”, explica la doctora Mónica Vicario, de la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración (SEPA). Y es que, a menudo, la persona no sabe que rechina o aprieta los dientes. Se trata, pues, de un reflejo inconsciente que provoca la contracción de los músculos faciales y “que acaba causando diferentes daños: desgaste dental, aumento de la sensibilidad al frío o al calor, fisuras en el esmalte o molestias en la articulación cada vez que abrimos o cerramos la boca”, dice la misma experta. Y, en función de la hora del día en que ocurre, puede hablarse de bruxismo diurno (apretar los dientes) o nocturno (hacerlos rechinar), que son las dos clases de bruxismo más comunes.

EL ESTRÉS, UN FACTOR DESENCADENANTE
“El origen más habitual del bruxismo es emocional (estrés, ansiedad), pero también incide la mala posición de los dientes (no encajan bien y provocan la contracción involuntaria de la musculatura facial)”, dice la doctora Vicario. Así, reflejo del estrés y la tensión nerviosa en los dientes y en la boca, “la presión que realizan los dientes puede alcanzar los 150 kg en algunos casos, un nivel muy superior al ejercido al masticar, que se sitúa entre los 10 y los 40 kg”, explican en la Clínica Curull. Por eso, cuando al diagnosticarlo se detecta un problema de estrés o ansiedad, “además del tratamiento dental en sí se deben indicar las técnicas de relajación más adecuadas para cada paciente”, detalla la doctora Vicario.

MÁS COMÚN EN ADULTOS Y EN LAS MUJERES
Según la doctora, no hay evidencia científica respecto a si es más frecuente a una edad temprana (infancia y adolescencia) que en la adulta, aunque “se ve más en personas adultas, que suelen acumular más tensiones que los niños”. Y respecto al género en el que es más común, precisa: “Parece que las mujeres tienen una especial sensibilidad emotiva que podría reflejarse en una mayor incidencia de esta patología”.

HÁBITOS QUE LO PREVIENEN
La Clínica Curull da estos consejos: relajar los músculos faciales cuando nos demos cuenta de que los tensamos (abrir la boca); evitar mordernos las uñas o los labios; no masticar chicle (sobrecarga la articulación temporomandibular); no sujetar el teléfono con el mentón, ya que la articulación sufre con esta postura; dormir boca arriba o de lado, nunca boca abajo, y utilizar una almohada que soporte bien el cuello; evitar consumir bebidas excitantes; vigilar la postura (la espalda siempre pegada al respaldo de la silla, evitar las posiciones avanzadas de la cabeza, caminar erguidos...); hacer deporte 4 veces a la semana (evita el estrés).

LA FÉRULA DE DESCARGA ES LA OPCIÓN MÁS COMÚN
Según la Dra. Mónica Vicario, "la férula de descarga es el tratamiento más utilizado. Consiste en un protector bucal hecho a medida por el dentista, que coloca la mandíbula en una posición más relajada para evitar que los dientes friccionen entre sí y se desgasten y para proteger la articulación. Se hace con silicona dura transparente y se puede usar durante un tiempo, o bien en las épocas en las que reaparezca el problema, pero tal vez haya que cambiar la férula: los dientes dejan de encajar en ella si pasa tiempo”.

¿Cómo se limpia la férula? Hay que ser meticulosa con su limpieza diaria, ya que es el único modo
de evitar que se convierta en un foco de infecciones y adquiera mal olor y sabor. Siempre, después de usarla, hay que dejarla sumergida en agua (no es necesaria más de media hora) con una pastilla efervescente limpiadora de prótesis dentales. En su defecto, puede limpiarse con agua y jabón, mejor
que con pasta dental. Si queda algún residuo, elíminalo con el cepillo de dientes, agua y jabón. Aclárala con bastante agua siempre.

Por: Carmen Sabalete.

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