Tiroides, Hormonas sin Control.

El auténtico 'director de orquesta del cuerpo' es el tiroides, una glándula endocrina, oculta en el cuello, que tiene forma de mariposa, mide pocos centímetros y pesa unos 20 gramos. Pero ¿cual es su misión? Nada más ¡y nada menos! que regular el metabolismo y determinar la velocidad de funcionamiento del organismo.
Tienes insomnio a menudo y te sientes demasiado cansada para tu ritmo de vida? ¿Engordas o adelgazas sin causa aparente? Puede que tu tiroides no funcione bien (por exceso o por defecto) y esté alterando tu organismo, algo que afecta en mayor medida a las mujeres. De hecho, los trastornos tiroideos afectan 10 veces más a las mujeres que a los hombres, porque la mayoría se deben a enfermedades autoinmunes, más prevalentes en ellas.
El tiroides es una glándula endocrina, que se encuentra en el cuello y fabrica unas hormonas –la más conocida es la tiroxina– que regulan el metabolismo y actúan sobre el estado de alerta físico y mental. Si la glándula no funciona correctamente, puede originar dos tipos de trastorno: el hipertiroidismo (produce demasiada tiroxina) y el hipotiroidismo (cuando no segrega la cantidad de hormona necesaria). Esta última es la alteración más frecuente; se estima afecta a unos 700.000 españoles, aunque según el profesor Manel Puig Domingo, vicepresidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), “no hay estudios fiables que recojan la verdadera dimensión de este problema. Pensamos que muchas personas hipotiroideas no saben que lo son, pues la enfermedad permanece mucho tiempo latente, sin apenas dar la cara”.
Señales de alerta:
HIPOTIROIDISMO. En el caso del hipotiroidismo, la glándula no falla de un día para otro, sino que la fabricación de tiroxina se va reduciendo de forma lenta y paulatina, y los síntomas, al principio, pueden ser imperceptibles. “En los primeros estadios son difusos y poco específicos –corrobora el doctor Lluís Vila Ballester, coordinador en la SEEN del Grupo de Trabajo de Trastornos por Deficiencia de Yodo–. Cansancio, frío, uñas quebradizas, aumento de peso, caída del cabello... Todo esto es común a muchas patologías, por lo que es habitual que el diagnóstico se retrase”. No obstante, cada vez es más frecuente que, ante estas señales de alerta, los médicos soliciten pruebas específicas de la función tiroidea.
HIPERTIROIDISMO. En cuanto al hipertiroidismo, es mucho menos frecuente y sus síntomas, al ser más llamativos, permiten que se identifique el problema más precozmente: palpitaciones, taquicardias, insomnio, aumento de la sudoración, pequeño temblor, fatiga muscular, pérdida de peso, molestias oculares... A menudo, esta patología va unida a un incremento de la glándula –lo que se conoce como bocio–, y puede ir también acompañada de nódulos. Tiratropina por las nubes.
Para diagnosticarlo:
"Tanto el hipo como el hipertiroidismo hay que realizar una prueba bioquímica (un análisis de sangre que cualquier médico de familia puede solicitar) para determinar los valores de la hormona tiratropina (TSH). Cuanto peor esté funcionando el tiroides, más alta estará la TSH”, explica el doctor Vila.
En casi todos los casos de hipotiroidismo esta prueba será suficiente para tener un diagnóstico; no obstante, también se puede solicitar un control de anticuerpos para determinar si se trata de una enfermedad autoinmune o 'Tiroiditis de Hashimoto'.
A partir de ahí, el tratamiento es muy sencillo: como el problema es la falta de tiroxina, bastará con proporcionársela.
Cómo se administra la tiroxina.
Mediante una pastilla que el paciente tomará a diario. En el hipertiroidismo el asunto puede ser algo más complejo. También se mide la TSH, pero es necesario determinar cuál es la causa de que el tiroides esté trabajando en exceso. “Primero se realiza una palpación para valorar el tamaño de la glándula y si hay nódulos –señala el doctor Puig–. Asimismo, a fin de descartar la existencia de nódulos que no hayamos tocado con los dedos, se recurre a pruebas de imagen: ecografía y gammagrafía. Ésta nos dirá si se trata de un nódulo solitario o son varios los que están trabajando más que el resto de la glándula”.
Afinar en el diagnóstico es básico para elegir el mejor tratamiento. “Cuando no existen nódulos y, además, hay anticuerpos positivos, se usan fármacos que bloqueen el exceso de producción de la hormona. Al cabo de un año o año y medio, retiramos la medicación para ver qué pasa, pues en un 60% de los casos la enfermedad acaba remitiendo; si esto no sucede, nos plantearíamos tratar con yodo radioactivo o cirugía”, añade el experto. Estas dos opciones se emplean cuando el paciente tiene nódulos; pero si se sospecha que son malignos, puntualiza el doctor Vila, “la cirugía es obligada”.
Las embarazadas necesitan más yodo.
Si piensas quedarte embarazada, conviene que te hagas un análisis de la función tiroidea. ¿Por qué? En el primer trimestre de gestación el feto no puede fabricar tiroxina y, para lograr una maduración cerebral y ósea óptima, depende de la que la madre le proporciona a través de la placenta, por lo que es importante asegurarse de que tu tiroides funciona correctamente. Además, señala el dr. Puig, hay que “tomar bastante yodo durante el embarazo, ya que aumentan las necesidades de este mineral”.

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