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¿Tomarse un año sabático en el matrimonio?

Tomarse un ‘año sabático’ en el matrimonio es una nueva tendencia: vidas aparte con la premisa de volver a estar juntos pasado un tiempo.

'Marriage sabbatical'

Un tiempo cada uno por su lado, para explorar cómo es la vida sin el otro, sin que eso suponga un divorcio. La pareja sabe que esa separación tiene una duración concreta y que, al término, volverá a la relación.

Diciéndolo de otro modo, un “cese temporal de la convivencia” porque no están bien juntos pero no quieren ponerle punto final. Es una nueva tendencia, nacida en Estados Unidos. La periodista Cheryl Jarvis escribió un libro sobre su propia experiencia, "The Marriage Sabbatical: The Journey that brings you home". Cuando tenía 51 años se separó de su marido durante tres meses. Hizo cursos, viajó, se centró en sí misma... y luego regresó, y asegura que su matrimonio se revitalizó.

No está planteado como un ‘ensayo’ del divorcio (y es decisión personal o pactada si se tienen otras relaciones en ese tiempo). En definitiva, es una alternativa para parejas en crisis, que tiene sus detractores y sus defensores.

“Me parece que es una opción muy buena cuando los dos miembros así lo acuerdan”, opina Salomé Gonzalo, coach experta en gestión emocional y relaciones (enesenciacoach.com). “Siempre digo que una relación de pareja necesita dosis de atención y dosis de espacio, porque puede morirse de asfixia y de aburrimiento. Echar de menos al otro es buenísimo para poder valorar y agradecer su presencia en nuestra vida. He sido testigo de parejas que, al darse espacio, se ilusionan de nuevo, revitalizan su relación y disfrutan muchísimo más juntos; sienten verdadero agradecimiento de que el otro haya decidido continuar en su vida para seguir compartiéndola”, añade la experta.

¿Divorcio a la vista?

Sin embargo, esta separación (de un año, de tres meses o del tiempo que se pacte) entraña sus riesgos. ¿Y si al término uno de los dos no quiere volver? “No concibo esta pausa marital si no es como el preámbulo de un divorcio que parece inminente -apunta Ana Villarrubia, psicóloga y autora de Borrón y cuenta nueva (Temas de Hoy)-.

El divorcio es una decisión tan drástica como difícil de tomar, y por ello ese paso previo puede ser una vía más sencilla para explorar la vida por separado, sin la presión y los conflictos de la convivencia que, llegados a ese punto, es obvio que se ha deteriorado ya hasta el límite”.

Lo cierto es que, por regla general, los conflictos no se arreglan solos. Si la pareja tenía problemas y se da espacio en lugar de afrontarlos, es posible que no aparezcan soluciones. “Lo que es más probable que ocurra es que todas las conductas y actitudes que antes necesitaban de un ajuste para el otro ahora se hayan radicalizado.

Es decir, que ambos se reencuentren desde trincheras aún más alejadas y sin ver la necesidad de tener que hacer ningún tipo de cambio”, dice Villarrubia.

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