¿Triste o Deprimida?

La Navidad es la época del año en que más nos deprimimos, así lo afirma Erik Nelson, psiquiatra de la Universidad de Cincinnati (EE UU) y experto en trastornos del estado de ánimo. Influye el que sea el momento del año en el que los días son más cortos y en el que vuelven los recuerdos dolorosos relacionados con la pérdida de seres queridos o de una infancia no demasiado feliz. Dormir más de la cuenta, cambios en el apetito y el peso, dificultad para concentrarse y pérdida de interés en actividades que antes resultaban divertidas son algunos de los síntomas propios de este malestar. Por eso, pasar más tiempo al aire libre y hacer ejercicio físico puede ayudar a aliviarlo.

Pero lo importante es aprender a reconocer la diferencia entre la depresión o un simple estado de tristeza o melancolía. A menudo se confunden, cuando se trata de dos manifestaciones del ánimo diferentes, que pueden superarse... o comprometer seriamente la salud.

TRISTEZA
Cuándo. La tristeza es una emoción. Según Antonio Cano Vindel, doctor en Psicología y catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, “una emoción es una reacción típica que se produce ante una determinada situación. Una reacción de miedo, ante un peligro; o de tristeza, ante una pérdida importante para nosotros”.
A quién afecta. La reacción de tristeza es universal, se puede identificar en el rostro de cualquier ser humano cuando ha sufrido una pérdida. “Se supone que tiende a provocar empatía en otras personas de nuestro grupo social, lo que favorece el apoyo de los demás”, indica Cano.
Síntomas y tratamiento. Por lo general, produce alta activación fisiológica en nuestro cuerpo, pero la conducta suele ser hipoactiva. Se experimenta con pensamientos negativos, tendencia a la culpa, falta de ánimo. Esta reacción va perdiendo intensidad a medida que nos alejamos de la pérdida. Existen tratamientos psicológicos eficaces. Consisten en dar información y enseñar habilidades para manejarse mejor a nivel cognitivo (reducir los pensamientos negativos) y conductual (mejores habilidades sociales). Según el doctor Javier Lavilla, de la Clínica Universidad de Navarra, si la tristeza es desproporcionada puede requerir tratamiento farmacológico, pero entonces se ha podido atravesar ya el límite que marca la existencia de una depresión.

DEPRESIÓN
Cuándo. Se puede hablar de depresión si la intensidad y duración de los sentimientos de tristeza son tan acentuadas que se hacen incomprensibles y parecen irracionales y desproporcionadas en relación a las circunstancias. La tristeza puede no ser la manifestación más obvia, sino que empiezan a surgir otros síntomas psicológicos y físicos.
A quién afecta. Las personas con baja autoestima, las pesimistas y las que no soportan las situaciones de estrés suelen ser más propensas. La ansiedad crónica, el perfeccionismo extremo o la sensibilidad al rechazo pueden acabar en depresión. Además, puede haber una predisposición genética o producirse por una alteración química en la que están implicados neurotrans- misores como la serotonina.
Síntomas y tratamiento. Irritabilidad, falta de ilusión, apatía, estrés, apetito voraz o desgana absoluta, insomnio o ganas de dormir más de lo habitual, disminución de la capacidad para pensar, incapacidad para decidir... Estos síntomas deben manifestarse durante más de dos semanas y prolongarse en el tiempo. Cuando el estado anímico de la persona le impide desempeñar las actividades básicas del día a día, es necesario el tratamiento con un especialista. “Cuanto más se tarde en tratarlo, peor pronóstico tiene y existe mayor riesgo de que se pueda cronificar”, explica Miquel Roca, psiquiatra del Hospital Juan March, de Palma de Mallorca.

SE PUEDEN PREVENIR
“Estos trastornos se dan más en la mujer con baja autoestima y pocas relaciones sociales, sin trabajo, con carácter obsesivo-rumiativo y tendencia a la victimización, al aislamiento, a la tristeza, con bajo apoyo social, por lo que se debe intentar prevenir tratando de corregir en la medida de lo posible algunos aspectos de este perfil; por ejemplo, mejorar la autoestima, comunicarse con los demás, hacer deporte...”, alerta Cano Vindel.

Técnicas que te pueden ayudar:
Existen algunas técnicas, como el Mindfulness o práctica de la autoconciencia, que ayudan a “aceptar los aspectos emocionales, a vivirlos sin evitarlos ni intentar controlarlos y a considerarlos como parte de la vida”, indica Javier García Campayo, psiquiatra del Hospital Miguel Servet, de Zaragoza.

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