Tristeza. La ‘psico-droga’ más potente

En un mundo en el que estamos sobre estimulados de felicidad 2.0, la tristeza sigue siendo una emoción in crescendo que además genera dependencia.

Cada vez que buceamos en las redes sociales, una práctica cada vez más presente en nuestro día a día, encontramos una sobre estimulación de 'lo feliz'. Dejando aparte el momento denuncia, que también está muy instaurado, la felicidad es la sensación que más nos gusta compartir con nuestros seguidores, sea o no real.

Con este sustrato emocional en las redes sociales y según los especialistas, sensaciones como la frustración crecen de manera exponencial, al no conseguir esa felicidad aparente que todos viven y que, en ocasiones nosotros mostramos de manera engañosa.

Es entonces cuando la tristeza llega como un tsunami como un sentimiento casi necesario. No solo por culpa de las redes sociales y esta felicidad impuesta. Una ruptura, una pérdida de un ser querido, problemas económicos… cualquier hecho puede ser el punto de inflexión para que aparezca un sentimiento que los expertos aseguran, engancha.

La tristeza es una emoción llamada adaptativa. Es necesaria para que nuestro organismo se adapte a una situación negativa en nuestra vida. Sin embargo, cuando deja de cumplir su función y continúa instaurada en nuestra psique, ahí empieza el problema. Pero, ¿por qué no se marcha la tristeza tras cumplir su función? Cuando este sentimiento se une a otros síntomas como la  falta del sueño y el apetito o sensaciones como la  apatía, tenemos un problema. Comenzamos a tener una percepción de nosotros mismos en la que reina la infravaloración. La tristeza ya es nuestra compañera de viaje reforzando nuestro complicado estado y lo peor de todo, en ese punto, empezamos a depender de ella.

¿Cuál es la solución? Más importante que conocer la solución es ponerla en práctica.  Reforzar la  autoestima es el primer paso para decir adiós a una tristeza crónica que puede quedarse para bloquear nuestra vida. Es importante, tras localizar el problema, pedir ayuda a un especialista que nos ayude a volver a reconfigurar nuestra mente en una posición más realista sobre nosotros mismos. Ayudarnos con amigos que nos estimulen, hacer cosas que nos ilusionen, reforzar la higiene persona y la de nuestro entorno son los primeros pasos para combatir una desidia que sirve de velo para darnos cuenta de la realidad.

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