¿Usas bien los fármacos?

A veces, no nos hacen efecto porque los aplicamos de forma incorrecta. Te damos las claves para tomarlos bien.

A veces, no nos hacen efecto porque los aplicamos de forma incorrecta.

 

Si te han prescrito un nuevo tratamiento y no tienes muy claro cómo seguirlo, pregunta en la farmacia, no te cortes. Mientras tanto, aquí tienes unas pautas sobre los más comunes:

 

- Inhaladores y aerosoles: en los que llevan una cámara de plástico, o una mascarilla para que el medicamento entre en los pulmones, es importante hacer coincidir la presión en el envase con la inspiración y, sobre todo, no retirar la mascarilla en ningún momento hasta no haber terminado la aplicación.

 

- Fármacos sublinguales: no se mastican ni se tragan. Se colocan debajo de la lengua hasta que se deshacen. "No hay que beber agua mientras se están administrando", dice Montserrat Boada, del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona. Tampoco se puede fumar, beber café o utilizar dentífricos con menta media hora antes de la administración, ya que cierran los capilares.

 

- Parches: se colocan sobre la piel que se ha limpiado previamente con alcohol y dentro de la zona de influencia del órgano a tratar. Si a mitad de tratamiento se te cae el parche y queda inutilizado, nunca te pongas otro sin consultarlo. "Y no te los pongas en el mismo lugar para que no te produzcan alergias o irritaciones", añade la experta.

- Gotas para los oídos: "Hay que tumbarse de lado o inclinar la cabeza par que entren bien y quedarse cinco minutos en reposo antes de tratar el otro oído. Y si notas hipersensibilidad al empezar el tratamiento, díselo al médico".

 

- Lágrimas artificiales y colirios: separa el párpado inferior y pon la gota dentro (da igual que caiga en el lagrimal, en la parte contraria o en medio). Después, cierra los ojos durante un minuto.

 

- Supositorio: si se expulsa pronto, antes de que llegue al intestino delgado, hay que ponerse otro.

 

Y no olvides que, entre los errores más frecuentes, están no seguir el horario en la toma de medicamentos, olvidarnos de ellos cuando nos vamos de vacaciones, suspender el tratamiento porque ya nos encontramos mejor, saltarse una dosis porque se nos olvidó en su momento, mezclar antibióticos con leche y no respetar la cadena de frío de los medicamentos que así lo necesiten.

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