Viagra Femenina. ¿Es Efectiva?

Costará unos 15 € y estará en las farmacias a finales de 2015. La viagra femenina o 'rosa' se anuncia como la fórmula mágica capaz de aumentar nuestro deseo y, según dicen, su único efecto secundario es que quita las ganas de comer. Pero ¿de verdad será así?
Aún falta tiempo, pero el cronómetro ha empezado a contar.  Y es que se espera que la pastilla capaz de aumentar la libido femenina esté en las farmacias de la UE a finales de 2015, con lo que los laboratorios han iniciado la carrera para conseguir su patente. La empresa británica Orlibid, asesorada por los creadores de Viagra, parece ser la más aventajada: iniciará este año los ensayos necesarios en mujeres para obtener los permisos de comercialización de ORL 101, el nombre que daría a la ‘viagra’ femenina. De este modo, se anticiparía en casi un año a su competidor más cercano, las píldoras Lybrido, desarrolladas por el doctor holandés Adriaan Tuiten, testadas ya con éxito en 420 mujeres estadounidenses casadas y ‘aburridas de su vida sexual’, pero que, como muy pronto, podrían dispensarse en 2016.
Pues bien, más allá de todo esto: ¿puede una pastillita, por muy ‘milagrosa’ que sea, devolvernos el deseo? ¿Para qué mujeres resultará útil? Y, por último, ¿por qué perdemos ‘las ganas’?
¿LA LIBIDO POR LOS SUELOS?
¿Qué origina la falta de deseo en la mujer? Aparte de las experiencias personales, sobre todo una sexualidad centrada en el coito y no en los afectos, en el placer de todo el cuerpo, indican los expertos. El ritmo de vida actual tiene mucha culpa de que nuestro deseo, “ese estado psicológico y emocional que se manifiesta a nivel fisiológico”, como lo describe Dolores Salinas, sexóloga y profesora de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, no ande precisamente por las nubes. Según esta misma experta, la libido se traduciría en un ánimo positivo, abierto, hacia el juego sexual, las ganas de compartir intimidad y de abandonarse al placer, algo que es muy difícl de mantener cuando vivimos en una vorágine de obligaciones y prisas. “La causa más común en nuestra sociedad es el estrés. Nuestro mundo genera cansancio todo el tiempo y eso no ayuda en nada a tener deseo”, agrega la psicóloga Mireia Darder, de Barcelona. Pero la cuestión no queda aquí.
Porque la pasión es bastante compleja; influyen en ella muchos factores: desde los propiamente físicos (edad, estrés, salud...), hasta los más psicológicos o emocionales (valores, experiencias, traumas). “Por eso, lo primero es descartar una causa orgánica que lo inhiba o disminuya: medicamentos (anticonceptivos hormonales, antihipertensivos, antidepresivos) o incluso la menopausia”, explica la sexóloga Carmen Raya, de Granada.
PROGRAMADAS PARA NO DESEAR
Y lo segundo, intentar comprendernos a nosotras mismas. Porque la herencia cultural y la educación recibida nos siguen pesando bastante. “En el rol que la sociedad patriarcal da a la mujer se espera de ella que no muestre o tenga deseo. Aún hoy, la expresión explícita del deseo de una mujer es algo que no está bien visto. Muchas mujeres no se plantean el sexo como algo gozoso, lúdico, regenerador, sino como una rutina o un deber”, apunta la psicóloga catalana.
Un 20 % de las mujeres de menos de 45 años y un 40 % de las mayores de esta edad están diagnosticadas en nuestro país con el Síndrome del deseo sexual inhibido (DSI). Hasta ahora, los fármacos pensados para contrarrestarlo no han resultado efectivos.
Se nos ha dicho que el deseo es exclusivamente una ‘cosa de hombres’, que ‘son ellos los que tienen ganas’, con lo que no sólo se encasilla muy pobremente la sexualidad masculina, sino que, indirectamente, a nosostras se nos ‘programa’ para pasar por alto nuestro propio deseo, para no darle muchas veces el valor que tiene. Y entonces, lógicamente, insuflarle vida se complica. Y ahí, como no podría ser de otra manera, interviene la propia salud de nuestra relación afectiva, nuestra forma de vivirla y de entenderla.
PROBLEMAS DE PAREJA
“En el 90 % de los casos, la falta de deseo  sexual en la mujer se debe a un déficit en las relaciones de pareja, a una discrepancia en el modo de entender las relaciones sexuales”, describe Salinas. Algo en lo que coincide Carmen Raya: “La mayoría de las mujeres con las que trabajo se quejan de problemas de pareja, de que la relación es anodina y ha perdido el estímulo de antes. A veces encuentro que se usa el sexo como castigo y recompensa”. Se trata de relaciones en las que el coito o alcanzar el orgasmo mediante la penetración es la única forma en la que se concibe la sexualidad, como apunta Darder.
Entonces, ante este panorama tan complejo del deseo femenino, ¿de verdad resulta efectiva la ‘viagra rosa’? “El cuerpo es muy sabio. Si no se dan las circunstancias adecuadas para el placer y el disfrute, no se activan los mecanismos de respuesta sexual”, dice Salinas. Así, si tenemos la gripe, si nos duele la cabeza..., se inhibe de forma automática, no es algo voluntario. Nuestro cerebro está procesando constantemente cómo nos sentimos y, en función de las circunstancias, envía o no una señal de activación del deseo. Si no es el momento, ‘se lo dice’, y éste deja de aparecer. “Una píldora que provoque un estado artificial de activación sexual no logra mejorar ni cambiar las circunstancias que concurren, por lo que su efecto será negativo a medio y largo plazo”, agrega la sexóloga y socióloga.
CÓMO ACTÚA LA 'VIAGRA ROSA'
A nivel químico, en el deseo tanto masculino como femenino influyen dos sustancias: la hormona testosterona y la serotonina (un neurotransmisor que regula, entre otras cosas, el apetito y el ánimo).
Lybrido son dos píldoras (Lybrido y Lybridos) recubiertas de testosterona, una con sidefanil (el ‘ingrediente estrella’ de la Viagra, que aumenta el flujo sanguíneo en los genitales y potencia el efecto de la testosterona sobre el deseo) y otra con buspirona (aumenta la dopamina, otro neurotransmisor relacionado con el placer, y vinculado a la serotonina); ORL 101, por su parte, se centra en la melatonina, la sustancia que nos ayuda a dormir, capaz -según Orlibid- de subir la libido durante dos horas y cuyo efecto secundario más importante sería que reduce el apetito de alimentos (vamos, el Santo Grial).
¿PASIÓN DE DISEÑO?
Esa es la cuestión de fondo: ¿en qué medida tener que acudir a una pastilla no programa también nuestro deseo? Es decir, ¿la tomaremos para ‘cumplir’ con nuestra pareja y lo que la sociedad considera un ‘deseo normal’? Tal vez debamos resolver antes esta cuestión: ¿se puede ‘medir’ el deseo? ¿Decir qué es normal y qué no? “Esa estadística no existe. Cada persona evoluciona a lo largo de su vida de forma diferente; pasamos por etapas de más ganas y por otras de menos. Podemos hablar de un deseo sexual sano y equilibrado cuando se ajusta a las circunstancias de la persona, produce placer y es respetuoso con los demás”, explica Salinas. Es decir, se trata más de ti y de tu libertad que de un ‘milagro rosa’.
LAS EXPERTAS OPINAN
-Mireia Darder. "¿Una obligación más?".
Doctora en Psicología del Institut Gestalt de Barcelona.
“Si usamos la pastilla por considerar que tendríamos que sentir deseo porque es lo normal, podríamos caer en otra obligación: la de ser como deberíamos ser, en lugar de plantearnos cómo somos y si lo que hacemos está en concordancia con nosotras. En cierta medida, está relacionado con lo que ocurre en la sociedad actual: el hecho de que intentamos cumplir con todas las obligaciones, “porque podemos”, con lo que el estrés se ha convertido en una de las causas más frecuentes de enfermedad. Sin embargo, en aquellos casos en los que la pastilla pueda servir para que las mujeres abran una puerta al goce y al disfrute, ¡bienvenida sea!”.
-Te recomendamo su libro Nacidas para el placer. Escrito para ayudarnos a mejorar nuestra satisfacción con la sexualidad, este libro recoge toda la investigación y experiencia de Mireia Darder al respecto. (Ed. RIG. 11,40 €.)
-Carmen Raya. “Normal no hay nada”.
Sexóloga y psicóloga, de Granada, experta en Medicina China (carmenraya.com).
“¿Qué frecuencia se considera normal en el sexo? Cada mujer tendrá que examinar la suya y ver qué interfiere; a lo largo de la vida hay épocas en que apetece más y otras en que menos. Muchas veces no estoy de acuerdo con los diagnósticos de ‘trastorno del deseo sexual’, porque lo que con gran frecuencia encuentro en consulta es que en esa falta de apetito sexual intervienen factores emocionales o malos aprendizajes, y en el momento en que estos se resuelven el cuerpo se equilibra químicamente y se recupera el deseo. Por eso, sólo recomendaría la pastilla a las mujeres que sufran alguna alteración química importante cuyo origen no sea psicosomático, y en las que el resto de las alternativas naturales no dé resultado”.
Por: Carmen Sabalete.

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