¿Y si nos pillan los niños?

¿Cómo podemos actuar para que ni a ellos ni a nosotros nos suponga un trauma? Dos expertos nos aconsejan.

¿Cómo podemos actuar para que ni a ellos ni a nosotros nos suponga un trauma? Dos expertos nos aconsejan.

 

Ante todo, calma, dice la sexóloga Sara Rivero. Si vuestro hijo o hija se presenta de golpe -como una aparición- en vuestro cuarto y os pilla con las ‘sábanas revueltas’... Mostraos tranquilos, sin sobresaltos, nerviosismo o enfado, ya que ellos no entienden las conductas y pueden asustarse y entender, equivocadamente, que ocurre algo malo. Para ellos resulta una escena extraña, y suelen sentirse desorientados: pueden interpretar los gemidos como una exclamación de dolor y las posturas como algo que hace daño; por eso, es importante no alarmarse y actuar con normalidad.

 

A la mañana siguiente, o tan pronto como sea posible, explicadles que lo que presenciaron se debe a que os queréis y que estabais disfrutando. Recordad: importa lo que se dice y cómo se dice. Por eso, desdramatizad, relajaos y transmitidlo con naturalidad, sin sentiros culpables: únicamente necesitan saber que todo va bien.

 

A algunas parejas, tras el impacto, les resulta difícil retomar el acto sexual por la preocupación o vergüenza de lo que supondrá para los niños. Sin embargo, sabed que su tranquilidad depende de vuestras palabras y actuaciones posteriores. Si conseguís sentiros tranquilos, no tendréis problemas para retomar la relación sin pensar en nada más. ¡Es el momento de sentir!

Por su parte, el sexólogo José Bustamante opina que lo primero es que no tenían que haberos pillado: "¿Recuerdas aquello de “es mejor prevenir que curar”? Pues justo, desde que tienen su propia habitación, tenemos que enseñarles la importancia del respeto al espacio ajeno: la casa está llena de lugares para la familia, pero vuestra habitación debe convertirse en el templo sagrado que no puede ser profanado por nadie. Sin más. A muchas personas no les gusta poner un pestillo; sin embargo, no hay nada de malo en tener la tranquilidad de que nadie os va a pillar en un momento de intimidad, sexual o no sexual (porque, ojo, no sólo de pasión vive una pareja).

 

Pero, bueno, si ya es tarde y el pequeño Indiana Jones se ha colado en vuestro dormitorio, la idea principal, como apunta Sara, es no dramatizar: el sexo es algo natural y, aunque íntimo, no podemos transmitir a nuestros hijos o hijas la idea de que estamos haciendo algo malo o vergonzante. Una vez pasado el susto inicial, lo sensato es explicarles lo que han visto, poniendo el acento en lo que ‘no ha pasado’, ya que muchas veces los pequeños interpretan el acto sexual como una pelea entre los padres e incluso creen que se hacen daño. Una vez resuelta la situación, y sin haber caído en la tentación de echaros la culpa mutuamente, aprovechad para hablarles del valor de la intimidad: enseñadles a respetar el espacio del otro y a hacer valer el suyo. Y recordad: no hay mal que por bien no venga...

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