Nutrición

13 consejos para controlar los ataques de hambre

Circuito de recompensa

Como explica la experta en Mindful Eating, Susana Valdevira (de Bienestar Consciente), necesitamos comer para vivir y parar ello, a lo largo de la evolución, hemos desarrollado un sofisticado y eficaz sistema. Comer está premiado porque asegura nuestra continuidad como especie. Acumular energía constituía una ventaja adaptativa, y la grasa, una garantía de superviviencia. Es decir, nuestro cuerpo necesita comida para subsistir y cada vez que se la damos nos premia haciéndonos sentir mejor psicológicamente. Este sistema está ubicado en nuestro cerebro y se llama circuito de recompensa.

Cuando un nutriente estimula este circuito, el cerebro nos premia con dopamina, el neurotransmisor del placer. La dopamina regula el sistema de recompensa, lo que nos lleva no solo a realizar conductas que nos hacen sentir muy bien, sino también a repetirlas y reforzarlas. El problema es que muchas veces para sentirnos bien ponemos en marcha este circuito: comemos sin hambre real y en exceso.

Comemos porque queremos evitar sentimientos negativos, porque queremos llenar un vacío, porque comer nos consuela. El chocolate, los bollos o las patatas fritas sobreestimulan el circuito de recompensa, aumentando la secreción de dopamina y produciendo un cierto alivio emocional, sea o no saludable para nuestro cuerpo. De ahí, que sean los alimentos que más nos apetecen cuando nos sentimos mal.

¿Qué es el hambre emocional?

El hambre emocional o hambre de corazón es una de las predominantes en Occidente, y puede condicionar nuestras elecciones independientemente de nuestra voluntad. No debemos sentirnos culpables, ni evitar la emoción, sino darle espacio y gestionarla. Nutrir la emoción y no el cuerpo nos ayudará a comer de forma consciente y libre. La meditación juega un papel muy importante. Tendremos que aprender de qué tenemos hambre.

Los ataques de hambre pueden aparecer a cualquier hora. Una forma de controlarlos es darle al organismo los nutrientes que realmente necesita en cada momento, llevando un estilo de vida activo y una dieta sana y equilibrada. Debemos respetar un ritmo de comidas y seguir un patrón regular de horarios, pues no hacerlo favorece la obesidad y el riesgo cardiovascular.

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