Nutrición

16 abrefáciles y envoltorios que no siempre se abren fácilmente

Los abrefáciles llegaron a nuestra vida, como su nombre indica, para ponérnoslo más fácil y lo cierto es que en la mayoría de los casos, los envoltorios y envases han ganado mucho y gracias a ellos son más prácticos.

Es el caso, por ejemplo, de los cartones de leche y de zumo. Cuando pasaron del abrefácil marcado con una línea de puntos que había que cortar con tijeras (o con las manos en el caso de los más habilidosos) a los tapones, un nuevo mundo se abrió frente a nosotros. Después, comenzamos a librar la batalla contra los molestos "salpicones" que se producen al echar el líquido en el vaso y que, con mucho tino, los fabricantes de algunas marcas han tenido el detalle de indicarnos, al lado del tapón, la forma correcta de volcar el envase para que eso no suceda.

Sin embargo, aunque la idea y la intención que hay detrás de cada uno de esos abrefáciles es buena, eso no lo dudamos, lo cierto es que no todos son tan eficaces como prometen o, al menos, como su nombre hace esperar. El que más y el que menos se ha desesperado alguna vez al tirar de la anilla de una lata de conservas y quedarse con ella en la mano o al intentar abrir un quesito con las tiras rojas que están ahí para facilitarnos la vida, pero el resultado no ha sido el deseado…

Si tenemos en cuenta que un abrefácil es, por definición, un sistema creado para abrir envoltorios y envases con menor dificultad y sin necesidad de tener que recurrir a otro objeto, como por ejemplo, las tijeras o el cuchillo, se entiende que nos frustre acabar utilizándolos igualmente aunque el producto tenga abrefácil.

A continuación, vamos a hablar, siempre desde el humor, de algunos abrefáciles que, a pesar de ser muy útiles, alguna vez nos han jugado una mala pasada. ¡Seguro que con más de una de estas situaciones te sientes identificada!