Nutrición

Mindful eating: 12 razones para comer despacio

Comer con conciencia

El mundo actual es acelerado. Resulta raro que estemos haciendo una sola tarea y eso nos impide no solo atender mejor a lo que tenemos entre manos, sino disfrutarlo.

Como ayuda para enfrentarnos a este escenario de un modo más satisfactorio está el mindfulness. Suena a técnica de meditación y a veces se vale de ella, pero se trata de una capacidad que nos permite ser conscientes del momento presente, de lo que sucede dentro de nosotros mismos y en nuestro entorno, aceptándolo tal y como es.

Hay estrategias para aplicar el mindfulness en nuestro día a día. Una de ellas es "tener una actitud de principiante ante la vida, en vez de hacer las cosas de modo mecánico", explica Susana Cerrato, consultora en mindfulness. Imagina que estás en el coche. De modo automático pisas el embrague, el acelerador, cambias las marchas y llegas a tu casa de forma inconsciente, sin haber reparado en cómo lo has hecho. "Cuando estás aprendiendo a conducir, eres consciente de cómo y cuándo pisas ese mismo embrague. Se trata de recuperar esa atención de principiante, evitando automatismos y poniendo atención en ese momento", apunta. Con esto se consigue ser más responsable de tu vida. "Ya no estás en que las cosas te suceden sino que tú eres responsable de lo que te está sucediendo. Y como eres consciente, empiezas a dirigir tu vida", añade Cerrato.

El mindfulness puede llevarse a momentos tan cotidianos como la hora de comer. El experto Carles Ruiz Feltrer propone en su manual Mindfulness práctico que intentemos realizar al menos una comida al día con conciencia plena: comer en silencio, sin conversación, para poder centrarte en la textura y el sabor de los alimentos, disfrutando lapresencia de quienes te acompañan. Respira antes de sentarte, tomando conciencia del momento. Repara en el escenario, en la mesa y elementos que están contigo. Date cuenta de los olores, de cómo recibe la boca el alimento, cómo masticas cada porción, su temperatura y textura. Tómate tu tiempo, bocado a bocado; apoya los cubiertos cada cierto tiempo y haz pausas. Si es posible, no te levantes nada más terminar.