El cuscús es declarado patrimonio inmaterial por la UNESCO

Reunido bajo videoconferencia, el Comité del Patrimonio de la Unesco, bajo la presidencia de Jamaica, aprobó este ingrediente tan tradicional de la cultura árabe.

Los conocimientos, prácticas y tradiciones vinculadas a la preparación y el consumo del cuscús han sido declarados patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco, una solicitud presentada conjuntamente por Marruecos, Argelia, Túnez y Mauritania. Por primera vez, estos países vecinos, pero no menos rivales, han unidos sus fuerzas.

Los representantes de estos cuatro países no escondieron su alegría y orgullo en el anuncio de esta decisión. “El espíritu del cuscús es la expresión de la vida en sociedad”, se poetiza en el documento presentado… que no ofrece receta.

El origen del cuscús es incierto. Aunque se piensa que su origen es muy antiguo, algunos documentos árabes hacen referencia a que la primera vez que se realizó esta elaboración fue durante el siglo XIX, bajo el término kuskusi.

Como cereal que es, es rico en hidratos de carbono y también tiene un contenido moderado de proteínas (aproximadamente un 12% de su peso). Su contenido en grasas es nimio (un 1%) y mayormente poliinsaturadas, es decir, de las buenas.

La receta del cuscús se divide por muchos tipos de países y todos guardan su receta en secreto. Como todos los platos de la cultura popular, hay mil variedades. Pero, en la mayoría, suelen incluir sémola de trigo duro, cebada o maíz, hortalizas, carne o pescado y una cantidad variable de caldo según la receta.

Se suele usar como acompañamiento para reemplazar al arroz o a las patatas, y normalmente, se suele consumir los viernes, día santo del rezo en las mezquitas en la religión musulmana. Además, no falta en ningún tipo de celebración, se come para celebrar bodas, nacimientos o incluso, funerales. Sin duda, es un punto de unión entre familias y la propia comunidad árabe.

Cuando se come cuscús, hay ciertas reglas no escritas que manda la buena educación, esa que se hereda dentro de las casas: la sémola se sirve desbordando un plato grande y conjunto, sin dejar ningún hueco para no dar impresión de mezquindad; cada comensal comerá la parte que tiene delante, sin poder “invadir” otras zonas, debiendo quedar siempre algún resto dentro de la fuente.

Nació en un lugar concreto y se ha vuelto un manjar universal. Un plato conocido, apreciado y ahora, por fin, reconocido. Es más, ese mismo día también fueron reconocidos en su lista de la UNESCO: el arte de la relojería francosuiza, la comida callejera de Singapur, el baile argentino del chamamé y la apicultura en Polonia, entre otros.

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