Revista Mía

Consejos para mejorar la conservación de alimentos

Alarga la vida útil de tus alimentos, clasificando y ahorrando espacio en tu nevera y congelador.

Nos encontramos ante una situación inusual que ha cambiado por completo nuestro estilo de vida. Además de haber extremado nuestras medidas higiénicas y limitado en la mayor medida de lo posible el contacto con otras personas, nuestros hábitos de consumo también se han visto modificados a raíz de la crisis del coronavirus. En el plano gastronómico, no solo hemos tenido que renunciar a nuestras salidas gourmet. Ahora cocinamos más, pero también compramos menos, al menos en lo que al número de salidas al mercado se refiere. O deberíamos. Por eso, es importante tener en cuenta la vida útil de los productos que adquirimos y tratar de alargarla lo máximo posible. No solo para aprovechar al máximo estos alimentos y no desperdiciar comida, sino también para intentar salir de casa el menor número de veces posible.
El frigorífico y el congelador pueden convertirse en un potente aliado a la hora de conservar alimentos. No obstante, no todos necesitan frío y no todos lo requieren de forma inmediata. Una realidad que te permitirá ahorrar mucho espacio teniéndolos fuera de la nevera durante algunos días y utilizar ese hueco para otros productos.

Nevera, ¿sí o no?

El mejor ejemplo de esto es la fruta. Muchas piezas, como las manzanas, aguacates o plátanos continúan su proceso de maduración una vez recogidas del árbol. Para su mejor conservación, lo mejor es dejarlas fuera de la nevera y, en todo caso, únicamente introducirlas cuando estén en su punto, para alargar así su vida útil durante un par de días más. Por el contrario, las fresas, arándanos y bayas en general, son frutos muy delicados que no aguantan bien el calor. Estas sí deberemos introducirlas en el frigorífico, en un recipiente seco y cerrado para una mejor conservación y sin lavar, ya que el agua acaba estropeándolas.
En lo que respecta al resto de frutas y verduras, por lo general, ocurre lo mismo. Solo tenemos que imaginar en cómo están distribuidas en las fruterías y verdulerías, donde los productos no suelen estar colocados en refrigeradores. Además, en muchos casos, como el del tomate, el frío acaba modificando el proceso de maduración y alterando su textura, por lo que se recomienda mantenerlos aislados, preferiblemente en un recipiente, y protegidos del sol y cualquier fuente de calor. En cuanto a tubérculos, como patatas y cebollas, estas deberán permanecer en un lugar fresco y seco, alejados de cualquier fuente de calor y en semisombra.
Intenta que cada alimento se encuentre lo más aislado posible. Almacenar la comida en tarros de cristal, tipo tuppers, es lo mejor que podemos hacer, aunque esto no siempre es posible. No obstante, debemos separar bien cada producto y no dejar que se mezclen entre ellos ya que los procesos de descomposición de cada uno, así como las diferentes sustancias que liberan, pueden contaminar el resto. Por ejemplo, las manzanas y los plátanos liberan gas etileno, la patata, solanina, y no deben entrar en contacto con otros productos.
La carne y el pescado sí necesitan frío. Para una mejor conservación deberemos introducirlos en recipientes herméticos que los aíslen del frío. Eso sí, deberemos consumirlos siempre en un plazo muy corto de tiempo, de un par de días, ya que el producto enseguida empezará a perder propiedades. Para evitar esto tenemos varias opciones. Elaborar algún preparado y aprovechar esos ingredientes para cocinarlos y extender su vida útil un par de días más en la nevera. Congelarlos directamente o cocinarlos y congelarlos. En cualquier caso, también deberán estar en recipientes adecuados y cerrados para evitar quemaduras por congelación.
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