Revista Mía
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Cómo hacer harina de garbanzos fácilmente en casa

La harina de garbanzos se puede convertir en un excelente sustituto de la harina de trigo, especialmente cuando somos alérgicos e intolerantes al gluten. Y aunque podemos encontrarla fácilmente en supermercados, en esta ocasión te explicamos cómo puedes hacerla en casa.

Aunque es cierto que existen muchas alternativas a la harina de trigo, que podemos encontrar fácilmente en cualquier supermercado o herbolario, en ocasiones es normal que nos surjan dudas o que, simplemente, no sepamos qué opción podría ser la mejor, o la más adecuada.
No obstante, la harina de garbanzos se convierte en una de esas deliciosas opciones, debido sobre todo a su enorme versatilidad en la cocina, de manera que podemos usarla para la elaboración de recetas dulces o saladas.
Por ejemplo, cuando le añadimos agua, se convierte en una pasta con una consistencia realmente cremosa, dando como resultado texturas muy interesantes y parecidas al huevo. Por este motivo suele ser una opción útil en recetas veganas, cuando se necesita sustituir el huevo y, en la receta, precisamos conseguir una consistencia similar. Además, cuando está cocido, tiene un poder aglutinante bastante elevado.
En caso de que sea la primera vez que lo usamos en la cocina, es bastante probable que creamos que tiene un sabor muy fuerte, o que su textura es, en realidad, diferente a la harina de trigo común. Aunque es cierto que no es lo mismo que la harina de trigo, la realidad es que las diferencias son mínimas.
Además, se convierte en una opción tremendamente interesante cuando somos intolerantes o alérgicos al gluten. De forma que, si estamos buscando opciones “sin gluten”, o incluso una forma de sustituir el huevo en recetas veganas o vegetarianas, la harina de garbanzo es una buena alternativa.
Aún cuando, a día de hoy, es relativamente fácil de encontrar en las tiendas, en esta ocasión vamos a aprender a hacer nuestra propia harina de garbanzo. ¿Te animas?

Algunos consejos útiles antes de comenzar

La importancia de tomarse un descanso
Por definición, un procesador de alimentos, licuadora o batidora tienden a mezclar a una velocidad relativamente muy elevada, lo que puede acabar calentando los alimentos si el aparato se demora demasiado durante el proceso.
Independientemente de la calidad de nuestra harina, es fundamental hacer una pausa con la finalidad de enfriarla. De esta manera, conseguiremos evitar que se apelmace, y que nuestra receta se estropee aún sin haber empezado.
Mezclar en cantidades pequeñas
A la hora de obtener un resultado realmente fino, y no atascar el procesador de alimentos, o la batidora, podemos mezclar sin llevar el vaso por completo, en varios lotes en función de la cantidad.
En el caso de los garbanzos, por ejemplo, en ocasiones es preciso tamizar la primera vez, y volverla a procesar con la finalidad de obtener un polvo lo más fino posible.

Receta de harina de garbanzo

Foto: Istock

Receta de harina de garbanzoFoto: Istock

Ingredientes:
  • 1 kg de garbanzos secos (crudos)
Además, también necesitaremos un procesador de alimentos, un colador y un recipiente que podamos cerrar herméticamente (para conservar adecuadamente la harina una vez la hayamos elaborado).
Elaboración:
En primer lugar, debemos colocar los garbanzos secos en el procesador de alimentos. Es conveniente, como te hemos comentado anteriormente, hacerlo lentamente para no sobrecargar la procesadora.
Dado que los garbanzos secos son duros, debes saber que tardarás al menos 5 minutos en convertirlos en harina, lo que dependerá de la potencia de la máquina que estés usándolo. Por este motivo, recuerda que es esencial hacer pequeños descansos para evitar que los garbanzos se calienten, y la harina final se termine apelmazando.
Puedes continuar procesando los garbanzos hasta obtener una textura realmente fina, o hacer un primer procesado, colar el contenido con la ayuda de un colador, y volverlo a procesar nuevamente.
En cualquier caso, sí es conveniente que, al final de todo, con la ayuda de un colador nos aseguremos de que la harina tiene la textura deseada, esté fina y, por tanto, lista para usar.
Si es así, finalmente procedemos a verterla en el interior de un recipiente que podamos cerrar herméticamente (lo que garantizará al máximo una mejor conservación), y lo almacenamos en la despensa hasta su uso posterior.
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