Revista Mía

¿Debemos lavar los huevos?

Cuando hablamos de huevos a veces pensamos automáticamente en salmonela, sobre todo si están muy sucios. En ese caso es habitual que nos empeñemos en lavarlos a conciencia, pero ¿debemos lavarlos o es mejor no hacerlo? ¿Qué podemos hacer si están muy sucios? En este artículo lo explicamos.

Los huevos se encuentran entre los alimentos que más consumimos. No es de extrañar porque aportan buenos nutrientes, son asequibles económicamente y muy versátiles en la cocina: podemos cocinarlos de mil formas diferentes y emplearlos como ingrediente en un montón de recetas. Lo que resulta un poco chocante es que, a pesar de ser un alimento tan cotidiano, todavía nos surgen muchas dudas a la hora de manipularlo. Una de ellas tiene que ver con la limpieza: ¿qué debemos hacer con los huevos en este sentido? ¿Debemos lavarlos?

Algunas cosas básicas sobre los huevos

Foto: Istock

Debemos lavar los huevosFoto: Istock

Como ya sabemos, el huevo está formado por una cáscara que protege el interior, donde se encuentran la clara y la yema. Apenas puede verse a simple vista, pero esa cáscara está llena de pequeños poros, que permiten el intercambio de gases entre el interior y el exterior. A través de ellos salen dióxido de carbono y vapor de agua, y entra oxígeno.
El problema es que también pueden entrar microorganismos, como bacterias capaces de estropear el alimento o enfermarnos. En estos casos normalmente pensamos en la salmonela, que es una de las más frecuentes, pero también puede haber otras, como Campylobacter. Afortunadamente, la cáscara está recubierta por una membrana, llamada mucina, que sirve de protección y evita la entrada de esos microorganismos. Es difícil verla, pero podemos darnos cuenta de que está ahí si comparamos un huevo cocido con otro crudo: en este último la superficie es más brillante y pegajosa debido precisamente a esa membrana.
Cuando las gallinas ponen huevos, estos salen a través de la cloaca, que es una cavidad situada en la parte final del tracto digestivo, por la que también salen las heces. Eso significa que la superficie de los huevos puede estar contaminada con bacterias como las que acabamos de comentar, que se encuentran habitualmente en el tracto digestivo o en las heces.
Quizá ya no pensamos en eso cuando compramos huevos, porque suelen estar limpios, al menos aparentemente. Esto no es porque las empresas productoras los laven, sino porque se retiran del alcance de la gallina inmediatamente después de la puesta. Así se evita que las heces y otros restos de suciedad caigan sobre ellos. Aún así, puede haber bacterias sobre la superficie de la cáscara, así que es importante no lavar los huevos porque al hacerlo podemos dañar la membrana que los recubre y favorecer la entrada de esos microorganismos.
En las gallinas “de casa” no se suelen recoger los huevos inmediatamente después de la puesta, así que suelen estar mucho más sucios que los comerciales (restos de heces, paja, tierra, etc). Por eso son los que preocupan especialmente y los que mucha gente lava antes de meterlos en el frigorífico. Sin embargo, esto tampoco se debe hacer. Y mucho menos si se emplean sustancias como vinagre, detergente, jabón o lejía, que pueden dañar el huevo o suponer un riesgo para la salud.
Si los huevos están sucios, lo ideal es retirar la suciedad con un papel de cocina desechable. Y si aún así quedan restos de suciedad, podemos lavarlos cuidadosamente con agua para retirar la más grosera, pero esto último solo debemos hacerlo justo antes de cocinarlos. Es decir, en ningún caso debemos lavar los huevos para almacenarlos después.
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Lavar los huevosFoto: Istock

Los huevos se conservan mejor y durante más tiempo si los almacenamos en el frigorífico. Lo ideal es meterlos en una huevera cerrada para evitar que esa suciedad pueda contaminar otros alimentos. Además, esta debería ser de un material que podamos lavar, porque es conveniente hacerlo de vez en cuando.
También es recomendable colocar la huevera sobre las bandejas de la nevera, en lugar de dejarla en la puerta, porque si hacemos esto último, los huevos pueden sufrir cambios bruscos de temperatura que favorecen la condensación de agua sobre la superficie y el desarrollo de microorganismos.
Por último, es importante mantener en todo momento las medidas de higiene (por ejemplo, utilizar utensilios limpios), cocinar los huevos adecuadamente (se recomienda no dejarlos crudos ni poco hechos) y si nos sobra algo, conservarlo en el frigorífico cuanto antes (en caso de dejar el huevo crudo o poco hecho, debería consumirse inmediatamente).
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