Revista Mía

Cinco consejos para utilizar bien el frigorífico

Desde hace ya muchas décadas, el frigorífico es un electrodoméstico imprescindible en cualquier casa. Pero a pesar de su popularidad, no siempre tenemos claro cómo debemos usarlo para aprovechar su potencial y evitar que los alimentos se estropeen o se contaminen. Lo contamos en este artículo.

Alimentos en el frigorífico

Los alimentos pueden deteriorarse por muchas causas, pero uno de los factores que más influye en ese proceso es la temperatura. Si almacenamos los alimentos perecederos a temperatura ambiente, especialmente si hace calor, lo que ocurre es que se aceleran las reacciones químicas de deterioro (por ejemplo, una fruta cortada se oxida más rápidamente) y lo que es aún más importante, los microorganismos se desarrollan con mayor facilidad. Entre ellos se encuentran por ejemplo las bacterias alterantes, que estropean los alimentos, produciendo malos olores, mal aspecto, malos sabores, etc. y también las bacterias patógenas, que son capaces de enfermarnos (por ejemplo, Salmonella o Escherichia coli).
Utilizar adecuadamente el frigorífico es fundamental para conservar bien los alimentos.

Utilizar adecuadamente el frigorífico es fundamental para conservar bien los alimentos.Istock

Por eso, una de las estrategias más sencillas para alargar la vida útil de los alimentos perecederos, consiste en mantenerlos a bajas temperaturas. Y por eso el frigorífico es tan importante. Quizá ni siquiera reparamos en ello, porque es tan habitual en nuestras vidas que ya no nos paramos a pensar en las grandes ventajas que supone su uso: nos permite organizarnos mejor y ahorrar tiempo (por ejemplo, no tenemos que ir necesariamente todos los días a comprar), nos ayuda a reducir el desperdicio alimentario, contribuye a reducir la incidencia de enfermedades de transmisión alimentaria, etc.
A pesar de ser un electrodoméstico tan cotidiano, a veces no lo usamos de la forma más recomendable o eficiente, así que conviene tener en cuenta algunas cuestiones básicas para sacarle todo el rendimiento y, sobre todo, para que un mal uso no ponga en riesgo nuestra salud o afecte negativamente a nuestro bolsillo.

Comprobar la temperatura

Todos los frigoríficos tienen un regulador de temperatura, pero normalmente no lo utilizamos, o lo usamos “a ojímetro”, que no es lo más recomendable. Por ejemplo, muchas personas suben la temperatura en invierno, porque consideran que los alimentos o el agua están demasiado fríos.
En realidad, la temperatura del frigorífico debería ser la misma durante todo el año y mantenerse entre 0ºC y 4ºC, que es el rango en el que se ralentiza el desarrollo de bacterias. Algunos frigoríficos muestran la temperatura para que podamos verla, pero todavía hay muchos que no lo hacen, así que conviene revisarla, para lo cual podemos poner un termómetro en el interior.

No llenarlo demasiado

Para que los alimentos se enfríen rápidamente y mantengan esa temperatura sin problema, lo ideal es que no estén pegados unos a otros, sino que estén separados para que pueda circular el aire frío entre ellos. Eso significa que no debemos llenar demasiado el frigorífico. Además, conviene revisar la temperatura porque en caso de estar muy cargado, quizá sea necesario mover el regulador para conseguir que no se superen los 4ºC que acabamos de mencionar.
Alimentos y frigorífico

Mantener una temperatura adecuada del frigorífico es imprescindible.Istock

No introducir alimentos calientes

Ya sabemos que mantener los alimentos perecederos a temperatura ambiente es un riesgo. Así que a veces tratamos de introducirlos en el frigorífico a toda costa, incluso aunque acabemos de cocinarlos y aún estén calientes. Pero esto es un error porque de este modo hacemos que aumente mucho la temperatura del frigorífico y eso favorece el deterioro de los alimentos que hay dentro. Así pues, lo recomendable es esperar a que esos alimentos que acabamos de cocinar se enfríen un poco. Para tener una referencia, podemos considerar que, si cuando tocamos el recipiente no quema al tacto, ya podemos meterlo en el frigorífico. Es decir, puede estar ligeramente templado, pero no caliente.

Utilizar envases herméticos

Uno de los riesgos que existen cuando almacenamos los alimentos en el interior del frigorífico es que se produzcan contaminaciones cruzadas. Por ejemplo, si metemos carne cruda, que no está suficientemente protegida, puede gotear y acabar contaminando otros alimentos (por ejemplo, una lechuga o unas sobras de paella que estén en la balda inferior). Para evitarlo, es recomendable utilizar envases herméticos que aíslen los alimentos entre sí. En cada uno de ellos podemos introducir los alimentos más sensibles de producir contaminaciones o de sufrirlas, como carne cruda, sobras de platos ya cocinados, fruta cortada, etc. Y de paso, también es recomendable escribir en ellos la fecha para tener en cuenta su vida útil (por lo general, para los platos cocinados es de tres días).

Mantener el orden

Precisamente para tratar de evitar esas contaminaciones cruzadas, también conviene ordenar bien todos los alimentos que almacenamos en el frigorífico, poniendo, por ejemplo, los alimentos crudos (carne, pescado, etc) en la misma balda, siempre en recipientes herméticos y, a poder ser, en estantes inferiores, para evitar que los posibles goteos contaminen el resto de los alimentos. También debemos tener en cuenta las características concretas de cada frigorífico, porque en muchos de ellos hay unas zonas más frías que otras.
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