Cómo almacenar la fruta para disfrutarla en su punto óptimo

Con la fruta son todo ventajas: es saludable, asequible, fácil de comer… y, por si fuera poco, está muy rica. Pero no siempre conseguimos disfrutarla en su mejor momento. Para lograr que esté en su punto óptimo de maduración conviene tener en cuenta algunas cuestiones importantes a la hora de almacenarla en nuestra cocina.

Se suele decir que la fruta ya no sabe a nada, pero en realidad no es cierto. Cada vez hay más variedades en el mercado y la mayoría se desarrollan priorizando precisamente características como el sabor. Pensemos por ejemplo en las manzanas. Hace unos años lo común era encontrar en las tiendas apenas dos o tres variedades, como golden, reineta o granny smith, pero hoy en día hay muchas más, con un amplio abanico de sabores y aromas diferentes.

Uno de los problemas que a veces encontramos y que explica en parte que algunas frutas “no nos sepan a nada”, es que no las comemos en su punto óptimo de maduración. Aunque a veces también nos ocurre lo contrario: la fruta está tan madura que se nos estropea en casa antes de poder comerla, como ocurre a menudo con plátanos, chirimoyas, fresas, etc. Una de las claves para evitarlo es mantener una adecuada conservación y para ello conviene conocer un par de detalles.

No todas las frutas maduran igual

Cómo almacenar la fruta para disfrutarla en su punto óptimo
Foto: Istock

Si compramos unas uvas que no estén lo suficientemente maduras, poco podremos hacer, porque no madurarán más por mucho que hagamos. Esto mismo ocurre también con otras, como naranjas, cerezas, limones, etc. Este tipo de frutas se llaman no climatéricas porque su maduración no continúa después de haber sido separadas de la planta. Por eso en estos casos es fundamental afinar bien los sentidos a la hora de hacer la compra, para poder elegir las piezas en su momento óptimo de maduración. No será difícil porque antes de ser recolectadas, los agricultores realizan análisis para conocer su estado (es algo que se puede saber por ejemplo analizando la cantidad de azúcares que contienen, ya que esta aumenta con la maduración).

Sin embargo, hay muchas otras frutas que sí continúan madurando después de la recolección, como plátanos, peras, manzanas, kiwis, melocotones, higos… Por eso se llaman frutas climatéricas. En este caso los productores normalmente recolectan la fruta cuando alcanza su desarrollo (lo que se conoce como madurez fisiológica), pero ese estado no coincide con el punto óptimo para el consumo (lo que se llama madurez comercial), que, en circunstancias normales, se alcanza unos días más tarde. Así, durante ese tiempo se puede transportar desde el lugar en el que se produce hasta el lugar de venta sin que se deteriore por el camino, aunque haya cientos de kilómetros entre un punto y otro. Es más, ese periodo de tiempo comprendido entre la madurez fisiológica y la madurez comercial se puede controlar, según el modo en que almacenemos la fruta, de manera que podemos extenderlo o acortarlo según nuestras necesidades.

Controlando la maduración de las frutas

En la industria se puede controlar la maduración de las frutas climatéricas en cámaras de maduración, donde se controlan condiciones como la temperatura, la humedad relativa, la concentración de dióxido de carbono y la cantidad de etileno. Este último es fundamental. Quizá nos suene extraño porque el nombre no resulta familiar, pero se trata simplemente de un gas, que actúa como hormona vegetal y que es producido por la propia fruta durante la maduración.

En casa lo tenemos un poco más complicado para controlar las condiciones de conservación, pero también podemos hacerlo en cierto modo.

Consejos para almacenar la fruta correctamente
Foto: Istock

Por ejemplo, si hemos comprado peras y están demasiado maduras podemos almacenarlas en el frigorífico para que la baja temperatura ralentice el proceso de maduración y el posterior deterioro. Y si lo que ha ocurrido es lo contrario, es decir, si hemos comprado peras demasiado inmaduras, podemos acelerar su maduración almacenándolas a temperatura ambiente junto con frutas que produzcan mucho etileno, como plátanos o manzanas.

Y si las cubrimos con papel (por ejemplo, envolviéndolas con papel de periódico o metiéndolas en una bolsa de papel tipo kraft), lo conseguiremos aún más rápidamente porque este retiene parte de ese etileno a la vez que permite la transpiración de las frutas (hacerlo con plástico no es buena idea porque impedimos la transpiración y la fruta se estropea).

Frutas tropicales

Por último, si se trata de frutas tropicales, como mango, piña, aguacate, etc., debemos evitar conservarlas en el frigorífico porque las bajas temperaturas pueden causarles daños. Esto solo es recomendable en caso de que las frutas estén muy maduras, para ralentizar el proceso de deterioro.

Miguel Ángel Lurueña

Miguel Ángel Lurueña

Soy Doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos e Ingeniero Técnico Agrícola (Esp. Industrias Agrarias y Alimentarias) y me dedico a la divulgación científica en materia de alimentos desde hace más de 10 años. Soy autor de la web Gominolas de petróleo y del libro ‘Que no te líen con la comida’ (Ed. Destino, 2021). Colaboro habitualmente con diferentes medios de comunicación, como El País, Radio Nacional de España, Maldita.es o Consumer e imparto formación en diferentes organismos (p.ej. Universidad de Oviedo). Antes de todo eso, trabajé en la Universidad de Salamanca como profesor, donde realicé diferentes proyectos de investigación que me permitieron publicar varios artículos en revistas científicas. Después trabajé como autor de materiales docentes para diferentes organismos (p.ej. Ministerio de Educación) y como consultor independiente para industrias alimentarias.

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